Los inmigrantes no huyen, son obligados a abandonar su tierra

1054

Mientras el mar de Alborán, el estrecho de Gibraltar, las vallas de Ceuta y Melilla no ocupen en la conciencia de los españoles el mismo espacio que el Madrid Arena o la curva de Angrois, nadie pondrá remedio a esta tragedia humanitaria

«Pongan ustedes minas antipersona, y tanques…» El arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, responde con dureza y sarcasmo al endurecimiento de la política migratoria en nuestro país, que se refleja en la instalación de cuchillas «que siempre sirvieron para afeitar» en la valla de Melilla.

Visiblemente indignado, Agrelo también denuncia situaciones como la que llevó a una patera a viajar a la deriva, con 53 personas, que finalmente fueron rescatadas en las costas almerienses. «Me pregunto: ¿Y si no los hubiesen encontrado? Ni siquiera estaríamos hablando de 53 muertos, pues probablemente no valdrían para nosotros el tiempo de una preocupación», explica.

«Mientras el mar de Alborán, el estrecho de Gibraltar, las vallas de Ceuta y Melilla no ocupen en la conciencia de los españoles el mismo espacio que el Madrid Arena o la curva de Angrois, nadie pondrá remedio a esta tragedia humanitaria», añade.

No es la primera vez que monseñor Santiago Agrelo, muy activo en las redes sociales, muestra el drama de los inmigrantes. Ante otra noticia parecida sobre las cuchillas en la valla de Melilla, escribía lo siguiente: «No, la valla con esas músicas -concertinas-, las cuchillas -que siempre sirvieron para afeitar-, no bastan para disuadir a estos enemigos de nuestro bienestar; por favor, pongan ustedes minas antipersona, y tanques…», y finaliza con indignación e ironía: «Mañana todos seremos más felices, si estos enemigos dejan la carne colgada en nuestras músicas».

Esta es la definición que monseñor Agrelo ofrece sobre concertina. Dice: para el diccionario, «especie de acordeón de forma hexagonal»; para la política, «eufemismo musical que encubre un «acordeón de cuchillas para destrozar el cuerpo de los que, sin papeles y con hambre, intentan cruzar la frontera de Melilla».