MEDIOCRIDAD y MEDIOS

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La expansión global de las economías neoliberales, los avances tecnológicos y el surgimiento de acuerdos globales y regionales sobre comercio multilateral han llevado a la concentración de la propiedad de los medios de comunicación a lo largo del mundo. El sistema global en el que 225 de las personas más ricas tienen una riqueza combinada que es más o menos igual al ingreso anual de los 2.500 millones de personas más pobres del mundo, se refleja en los patrones de propiedad de los medios de comunicación. Un puñado de corporaciones de medios de comunicación internacional y regional como AOL-Time Warner, News Corporation, General Electric, Sony, Vivendi, Viacom, Televisa, Globo y Clarín controlan grandes secciones del mercado de medios de comunicación. Cerca del 35% de los periódicos que circulan en el Reino Unido pertenecen a News Corporation de Rupert Murdoch. Silvio Berlusconi controla tres de las cuatro estaciones privadas de radiodifusión de Italia y, recientemente, ha designado a un amigo suyo como jefe de la estación de radiodifusión pública, RAI.


Informe: Instituto del Tercer Mundo.

Actualmente la prensa estadounidense, que durante varios años gozó de buena reputación a nivel internacional, debido a la gran amplitud de criterios -libertad, independencia y objetividad-, sufre hoy una marcada crisis de credibilidad, según un estudio realizado por el Proyecto para la Excelencia en Periodismo a cargo de un centro de investigación asociado a la Universidad de Columbia. Según el estudio, la industria del periodismo en Estados Unidos está perdiendo cada vez más seguidores. En la actualidad emplea a menos profesionales y expertos de la comunicación, y muestra una marcada pérdida en la calidad de la información que brinda.

De esta forma, los investigadores presentan un inquietante panorama para la prensa y periodismo estadounidense en el joven Siglo XXI, excepto para aquellos medios alternativos que, generalmente, operan en internet o que apuntan a pequeñas comunidades de inmigrantes como la de hispanoparlantes. Las causa de la poca credibilidad en los grandes medios se encuentra en su mala calidad informativa y sus frecuentes falacias, según muestra el estudio.

Los medios masivos de prensa -televisión y diarios- son los que se encuentran en peor situación. La circulación de periódicos cayó 11% desde 1990 hasta hoy, mientras que el raiting de los informativos de la TV abierta descendió 34% en el mismo período. Por otro lado, pese a que desde 2001 se han sucedido un sinnúmero de noticias destacadas, las corporaciones (canales pagos-tv por cable) que se dedican a la información -Fox News, CNN, MSNBC- no vieron incrementado su listado de abonados, sino que, en el mejor de los casos, mantuvieron su clientela.

Más allá de la «fuga de audiencia», los periodistas estadounidenses se enfrentan a una crisis creciente de pérdida de credibilidad pública. Según datos publicados por el Centro de Investigación Pew, el número de ciudadanos estadounidenses que califican positivamente el profesionalismo de los medios de comunicación, pasó de 72% en 1985 a 49% en 2002. En el mismo periodo, la percepción, por parte del público, de que los periodistas hacen todo lo que este a su alcance por ocultar sus errores pasó de 13 a 67%.

A su vez, en la medida en que baja la audiencia, bajan las pautas publicitarias, los ingresos de los medios y, esto deriva en reducción de personal en las redacciones de los mismos, lo que a su vez desgasta la confianza del público. En este sentido, comparando los datos de 1990 con los actuales, los periódicos estadounidenses han prescindido de 2.200 profesionales de la información. De la misma forma, los servicios de prensa de las grandes cadenas televisivas cuentan con un tercio menos de personal que en 1985 y, la mayor reducción de staff periodístico se da en las radios, las mismas han prescindido de 44% de sus empleados entre 1994 y 2001.

Los contenidos de la prensa actual apuestan, por sobre todo, a la frivolidad y a la superficialidad; con una oferta desmedida de valores opuestos a la ética periodística, llegándose incluso a fabricar noticias que nunca existieron. Fenómeno que también se puede ver últimamente en la prensa latinoamericana. En muchos países de América Latina, la profesión de periodista está perdiendo a pasos agigantados el prestigio del que gozó durante décadas.

A raíz de los recortes de personal profesional de las plantillas de los medios, los controles de calidad interno han ido desapareciendo paulatinamente. Según el informe, ya no existe interés en contrastar las distintas versiones sobre un mismo tema, ni en contextualizar las noticias, quizás porque los periodistas que se encuentran trabajando tienen que cubrir cada vez más frentes informativos.

Durante los últimos años se ha producido una explosión de contenidos triviales y subjetivos, con una inclinación hacia el mundo de la farándula y la cobertura de los hechos policiales. Pero, en cambio, cuando se ha debido mostrar imágenes de soldados estadounidenses asesinados en Irak, la prensa oculta las mismas bajo la excusa de no herir susceptibilidades. De igual manera, se aplica la misma receta que a las víctimas civiles, mujeres y niños de los bombardeos indiscriminados y periodistas asesinados por soldados estadounidenses, imágenes que no fueron, ni son, exhibidas por las grandes cadenas debido a «inconvenientes» nunca especificados.

El informe muestra que en este clima de mediocridad, las nuevas inversiones en medios de comunicación en Estados Unidos se concentran más en la distribución y presentación de noticias que en la búsqueda de información, en privilegiar los salarios de los presentadores y «hombres ancla» que en mejorar los ingresos de los trabajadores de la información, bajo el imperio del nuevo concepto de que son «las caras las que venden noticias», en detrimento de la calidad del trabajo profesional de los periodistas.

Según el análisis de los contenidos investigados para el estudio, el 68% de las historias repetidas hasta el cansancio por los canales informativos de cable carecen de datos originales y presentan un evidente énfasis en la velocidad en perjuicio de la exactitud, característica que también reproducen las versiones on line de estos mismos medios. Los autores del análisis insistieron en que el buen periodismo hoy es más necesario, y a la vez más difícil, que nunca.

La información como negocio Roberto Savio, Director fundador de IPS, explica que los primeros medios de prensa estaban destinados a las elites nacionales, con valores muy distintos de los actuales. Pone como ejemplo al Times de mediados de siglo XIX, en el apogeo del imperio británico, era mucho más literario que el de hoy, y también más descubridor del mundo, aunque con un enfoque basado firmemente en Londres. El vocabulario que empleaba en aquel entonces incluía unas 17 mil palabras, sin embargo, se calcula que el de hoy en día no usa más de 5 mil.

A la vez que los medios de información se transforman en empresas comerciales importantes, y su público, en un comienzo de elite, se amplía y se vuelve masivo, cambian en forma radical su función y sus características. Este fenómeno se produjo principalmente en Estados Unidos, donde inmigraciones masivas y heterogéneas imponen un crisol de culturas, y forjan una identidad común basada en la retórica y el idealismo de una nueva nación, dice Savio.

Es en Estados Unidos donde se realizan gran parte de la deontología y los criterios profesionales del periodismo actual, orientados al éxito en el mercado. No se busca el mejor producto posible, sino la mejor venta posible. El noruego Johan Galtung realizó una escala de valores de la información exitosa, con un claro valor comercial. Pasa, o lo que es lo mismo, se vende con mayor facilidad una información impactante, excepcional, extraordinaria, que una sobre cosas habituales. Las personas conocidas son más importantes que las desconocidas. Lo cercano al público tiene más lectores que lo lejano. Todo lo que es fácil se lee más y mejor que lo que es difícil. Estos son algunos de los «principios», inculcados por Galtung a sus estudiantes, para hacer que una noticia sea exitosa.

Según Savio, esta enumeración de «principios» muestra por qué George W. Bush es un sujeto informativo más importante que cualquier jefe de Estado del Sur en desarrollo, excepto los que se transforman en sujetos excepcionales porque el mundo industrializado los ve como individuos de singular peligrosidad, por ejemplo Saddam Hussein.

También, que los países lejanos de los grandes centros de poder sólo sean noticia debido a hechos excepcionales, como catástrofes naturales, guerras o casos extraordinarios de corrupción, manifiesta Savio. A su vez, significa que la información privilegie los acontecimientos y no los procesos, pese a que el destaque de acontecimientos aislados no permite entender fenómenos globales como los relacionados con el ambiente, los derechos humanos como base de las relaciones internacionales, el papel de la mujer en la sociedad o la homogenización de la cultura, enfatiza el mismo.

No hay diversidad en los medios.

Tres sectores tienen interés en el negocio de los medios de comunicación: el gobierno, el sector privado y la sociedad civil. A pesar de que cada uno de los sectores tiene intereses diferentes, siempre existe una superposición, especialmente entre los intereses de los medios gubernamentales y del sector privado.

La propiedad de los medios de comunicación ha experimentado un vuelco radical durante la última década. La expansión global de las economías neoliberales, los avances tecnológicos y el surgimiento de acuerdos globales y regionales sobre comercio multilateral han llevado a la concentración de la propiedad de los medios de comunicación a lo largo del mundo.

El sistema global en el que 225 de las personas más ricas tienen una riqueza combinada que es más o menos igual al ingreso anual de los 2.500 millones de personas más pobres del mundo, se refleja en los patrones de propiedad de los medios de comunicación. Un puñado de corporaciones de medios de comunicación internacional y regional como AOL-Time Warner, News Corporation, General Electric, Sony, Vivendi, Viacom, Televisa, Globo y Clarín controlan grandes secciones del mercado de medios de comunicación.

Cerca del 35% de los periódicos que circulan en el Reino Unido pertenecen a News Corporation de Rupert Murdoch. Silvio Berlusconi controla tres de las cuatro estaciones privadas de radiodifusión de Italia y, recientemente, ha designado a un amigo suyo como jefe de la estación de radiodifusión pública, RAI.

Esta reducción de la propiedad de los medios de comunicación y el énfasis en el contenido orientado hacia el lucro ha llevado a la disminución de opiniones, puntos de vista y espacios para un debate informado. El contenido de los medios de comunicación y los sistemas de distribución están en manos de unas pocas corporaciones. Como resultado se le niega acceso a gente común y corriente a los canales de los medios independientes y a visiones alternativas de lo económico, político y social.

En eventos de relevancia mundial en los que la batalla por el apoyo de la opinión pública es vital, como fue el caso de la última guerra en Irak, los medios masivos de comunicación juegan un rol fundamental. La propiedad de estos medios y su relacionamiento con las estructuras del poder político cobran, por lo tanto, una gran importancia. En la guerra en Irak los principales medios masivos de los Estados Unidos (con alcance global) se convirtieron en los principales portavoces de las administraciones de Bush y Blair, sin cuestionar en ningún momento las intenciones y justificaciones del gobierno.