MILES DE NIÑAS MALVIVEN EN MARRUECOS EN ESTADO DE ESCLAVITUD

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Un estudio oficial revela que miles de niñas de muy corta edad trabajan como empleadas domésticas en Marruecos en condiciones de esclavitud: cumplen jornadas de 12 a 16 horas diarias, sin días de descanso ni vacaciones, con salarios que oscilan entre los 10 y los 50 euros mensuales y sin acceso a la educación.
Aunque la edad media de estas chicas es de alrededor de los 10 años, se calcula que el 8 por ciento de las menores empleadas en labores domésticas comienza a trabajar entre los 5 y los 7 años. El 82,2 por ciento de estas niñas son analfabetas y a menudo están expuestas a humillaciones y abusos sexuales.

La encuesta, realizada en colaboración con Unicef y el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (FNUAP), se centra en el municipio de Casablanca, el más poblado del país, pero sus resultados pueden extrapolarse a las principales ciudades marroquíes, donde sigue siendo habitual emplear a menores para el servicio doméstico.

La encuesta revela que sólo en Casablanca trabajan cerca de 23.000 niñas como empleadas de hogar y que el 59,2 por ciento de ellas tienen menos de 15 años.

El 8 por ciento de estas niñas empiezan a trabajar entre los 5 y los 7 años de edad, aunque la media en la ciudad de Casablanca se sitúa alrededor de los 10 años.

El 86,8 por ciento de las llamadas «petites bonnes» (pequeñas mucamas) proceden de zonas rurales y de familias muy numerosas, de ocho miembros por término medio.

En la inmensa mayoría de los casos (94,4 por ciento), estas niñas se han visto obligadas a trabajar en el servicio doméstico por los escasos recursos económicos de sus padres.

Normalmente son los padres, familiares o parientes de las niñas los que deciden ponerlas a trabajar como empleadas de hogar y los que negocian las condiciones con las familias interesadas, aunque en el 2,5 por ciento de los casos son agencias intermediarias las que realizan la operación.

El 82,2 por ciento de las menores de edad que trabajan al servicio de familias más o menos acomodadas de Casablanca son analfabetas.

Salvo en raras excepciones, las que eufemísticamente se podrían llamar «familia de acogida», no se preocuparán lo más mínimo de la educación de las niñas, por lo que éstas seguirán sin saber leer ni escribir cuando alcancen la mayoría de edad.

En Marruecos, un país con 28 millones de habitantes, más del 40 por ciento de la población es analfabeta y este porcentaje se duplica entre las mujeres del mundo rural.

Las condiciones laborales de las niñas empleadas de hogar son de semiesclavitud: de 12 a 16 horas de trabajo diarias sin días libres, ni fines de semana, ni vacaciones anuales.

El 79 por ciento de las niñas del servicio doméstico se levanta entre las seis y las ocho de la mañana y el 80 por ciento se acuesta pasadas las diez de la noche.

Todo ello por un salario mensual que oscila entre 10 y 22 euros para las niñas de 7 a 10 años de edad, y de hasta 50 euros al mes para las de 15 a 17 años.

El 65 por ciento de las «petites bonnes» afirma recibir la visita de sus familiares en el hogar en el que trabaja, aunque en el 70 por ciento de los casos el objetivo de la misma es cobrar el salario de las niñas y sólo en el 30 por ciento para interesarse por su salud.

Según la encuesta, sólo 2 de cada 10 niñas empleadas de hogar reciben directamente su salario, mientras que en los demás casos son los familiares los que lo cobran en su lugar.

La integración en la familia que las emplea tampoco es muy alta, ya que sólo el 57 por ciento de estas niñas trabajadoras afirma poder comer o cenar con los miembros de la misma.

Además, el 81 por ciento de las personas que emplean a estas jóvenes sirvientas reconoce ignorar por completo las preocupaciones de las niñas.

El 77,1 por ciento de las familias que emplean a niñas menores de edad para realizar las labores constan de tres a seis miembros.

La encuesta revela también que la falta de afecto y de momentos de ocio ocasiona problemas de insomnio al 8,2 por ciento de las niñas y que el 10,6 por ciento presentan síntomas de haberse encerrado en sí mismas.
Las «pequeñas mucamas» suelen permanecer en el mismo hogar ocho meses por término medio y las principales causas de esta movilidad son los malos tratos y el exceso de trabajo.

El 55 por ciento de estas niñas sufren sanciones y castigos y el 4,2 por ciento afirma haber sido objeto de abusos sexuales por parte de alguno de los miembros de la familia para la que trabaja, aunque es poco frecuente que se atrevan a denunciarlo.