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La congelación de óvulos protege la productividad y sacrifica a la madre

Un interesante artículo de Emilio García-Sánchez en la Tercera de ABC analiza el fenómeno del social freezing (la congelación de óvulos financiada por empresas para posponer la maternidad), señalando sus graves implicaciones médicas, éticas y sociales.

Nota: El social freezing (congelación social o electiva de óvulos) es la conservación preventiva de los gametos femeninos sin una necesidad médica previa, con el objetivo de mantener la calidad de los óvulos de una edad temprana y usarlos en un tratamiento de fecundación in vitro (FIV) o ICSI en el futuro.

Desde octubre de 2014, empresas como Facebook, Google y Apple comenzaron a financiar la congelación de óvulos de sus empleadas para favorecer su desarrollo profesional. Consideraban que de este modo el factor biológico que condiciona la fertilidad podía quedar temporalmente neutralizado mediante el retraso de la maternidad. Su objetivo era atraer, promocionar y retener el talento femenino dentro de sus organizaciones. En España, la Real Federación Española de Fútbol ha ofrecido a las jugadoras de la selección financiar la conservación de sus óvulos. La medida ha generado una avalancha de críticas desde distintos ámbitos. Tras la noticia, la medallista olímpica Ana Peleteiro insistía en que la pregunta no debería ser cómo conseguir que una deportista retrase su maternidad, sino cómo conseguir que ser madre no penalice la carrera de una deportista. ¿Qué impactos se producen y qué consecuencias tiene?

Una civilización que protege la productividad sacrificando el ser madre acaba descubriendo demasiado tarde que también ha sacrificado su futuro

Se produce un impacto en la salud y contraprogramación biológica: El proceso implica someter a mujeres sanas y fértiles a tratamientos de hiperestimulación ovárica y fecundación in vitro, expuestas a riesgos y efectos secundarios no terapéuticos. Además, aunque se detenga el reloj biológico de los óvulos, el cuerpo de la mujer sigue envejeciendo, lo que incrementa las complicaciones obstétricas y reduce las probabilidades de un embarazo exitoso frente a la concepción natural en la juventud.

Bajo la apariencia de «empoderamiento», se transfiere a los empleadores el control sobre la temporalidad vital de la mujer, promoviendo una «ilusión reproductiva» que convierte la fertilidad en un objeto de gestión técnica y agrava el invierno demográfico.

Control laboral e ilusión reproductiva: Esta práctica responde a los intereses económicos de las empresas para no interrumpir la productividad de sus empleadas. Bajo la apariencia de «empoderamiento», se transfiere a los empleadores el control sobre la temporalidad vital de la mujer, promoviendo una «ilusión reproductiva» que convierte la fertilidad en un objeto de gestión técnica y agrava el invierno demográfico.

Injusticia social y servidumbre: Señala que el entorno laboral penaliza la maternidad temprana, presionando a muchas mujeres a postergarla o renunciar a ella por rentabilidad corporativa.

Propuesta de solución (baby-friendly): El autor aboga por sustituir esta medida por políticas reales de conciliación y corresponsabilidad (horarios flexibles, teletrabajo y evaluación por objetivos). Propone reconocer la maternidad como una etapa natural del desarrollo profesional y un pilar fundamental para el futuro de la sociedad.

San Juan XXIII «La luz brilla sobre nosotros, que está en nuestros corazones y en nuestras conciencias»

Hoy es San Juan XXIII, Papa. Esta fecha (11 de octubre) coincide con la apertura del Concilio Vaticano II. Hacemos memoria de esta intervención espontánea del Papa, que se ha llamado «Discurso de la luna».

El jueves 11 de Octubre de 1962, al anochecer, más de cien mil personas se reunieron en la plaza de San Pedro del Vaticano. Los gritos de la gente llegaron hasta la habitación del Papa, Juan XXIII, que impresionado se acercó a la ventana y vio una multitud de personas con antorchas bajo la luz de la luna llena, el pontífice se asomó de manera espontánea para dirigir unas palabras llenas de ternura.

«Queridos hijitos, queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero. Aquí, de hecho, está representado todo el mundo. Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche, observadla en lo alto, para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz: “Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad” (cf. Lc 2,14).

Es necesario repetir con frecuencia este deseo. Sobre todo cuando podemos notar que verdaderamente el rayo y la dulzura del Señor nos unen y nos toman, decimos: “He aquí un saboreo previo de lo que debiera ser la vida de siempre, la de todos los siglos, y la vida que nos espera para la eternidad”.

Si preguntase, si pudiera pedir ahora a cada uno: “¿De dónde venís vosotros?”, los hijos de Roma, que están aquí especialmente representados, responderían: “¡Ah! Nosotros somos vuestros hijos más cercanos; vos sois nuestro obispo, el obispo de Roma”.

Y bien, hijos míos de Roma, vosotros sabéis que representáis verdaderamente la Roma caput mundi, así como está llamada a ser por designio de la Providencia: para la difusión de la verdad y de la paz cristiana.

En estas palabras está la respuesta a vuestro homenaje. Mi persona no cuenta nada; es un hermano que os habla, un hermano que se ha convertido en padre por voluntad de nuestro Señor. Pero todo junto, paternidad y fraternidad, es gracia de Dios. ¡Todo, todo!

Continuemos, por tanto, queriéndonos bien, queriéndonos bien así: y, en el encuentro, prosigamos tomando aquello que nos une, dejando aparte, si lo hay, lo que pudiera ponernos en dificultad.

Fratres sumus. La luz brilla sobre nosotros, que está en nuestros corazones y en nuestras conciencias, es luz de Cristo, que quiere dominar verdaderamente con su gracia todas las almas.

Esta mañana hemos gozado de una visión que ni siquiera la Basílica de San Pedro, en sus cuatro siglos de historia, había contemplado nunca.

Pertenecemos, pues, a una época en la que somos sensibles a las voces de lo alto y, por tanto, deseamos ser fieles y permanecer en la dirección que Cristo bendito nos ha dejado.

Ahora os doy la bendición. Junto a mí deseo invitar a la Virgen santa, Inmaculada, de la que celebramos hoy la excelsa prerrogativa.

He escuchado que alguno de vosotros ha recordado Éfeso y las antorchas encendidas alrededor de la basílica de aquella ciudad, con ocasión del tercer Concilio ecuménico, en el 431. Yo he visto, hace algunos años, con mis ojos, las memorias de aquella ciudad, que recuerdan la proclamación del dogma de la divina maternidad de María.»

Esta es una oración que Juan XXIII solía recitar durante la misa:
Padre celestial,
Padre de la misericordia,
acepta la oración de tu siervo:
1) en satisfacción y remisión de todos mis pecados;
2) para la salud y la fuerza de mi alma y de mi casa
y de aquellos a los que estoy unido por los lazos de mi servicio;
3) en satisfacción y remisión de los pecados de los gobernantes,
de los prelados, las almas consagradas y de todos,
para que te dignes conceder la gracia del Espíritu Santo a todos;
4) por todos los pecadores del mundo,
para que se conviertan y Él y los reconduzca al camino de la salvación;
5) para consolar a los atribulados,
para que les des sostén y verdadera paciencia;
6) para aliviar y liberar las almas del purgatorio,
principalmente aquellas que tienen derecho a mis oraciones;
y finalmente, para que todas las personas que no han recibido la luz del Evangelio reciban la iluminación de la fe
y por nuestros hermanos separados,
para que todos te conozcan y te amen a ti,
Padre Todopoderoso, que con el Hijo y el Espíritu Santo
eres bendecido por los siglos de los siglos.
Así sea.

Madrid: ForoJGDC.Reconquistar el tiempo al capital

Foro Julián Gómez del Castillo. Reconquistar el tiempo al capital por Pablo Sanz Bayón

Miércoles 21 de octubre a las 19h en la librería DERSA, Movimiento Cultural Cristiano, Avenida Monforte de Lemos 162.

Enlace al Foro Julián Gómez del Castillo 

La Iglesia en el corazón del mundo: una clave teológica para la Doctrina Social de la Iglesia

Las divergencias actuales en la interpretación de la Doctrina Social de la Iglesia —a menudo polarizadas entre «progresistas» y «neoconservadoras»— no proceden únicamente de diferencias políticas o económicas. En buena medida nacen de distintas respuestas a una cuestión más profunda: qué es la Iglesia y cómo participa en la misión redentora de Cristo. David L. Schindler, director de la edición inglesa de Communio, revista fundada por Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac y Joseph Ratzinger, propone, inspirándose en el Concilio Vaticano II, una comprensión de la Iglesia como comunión que ofrece una vía superadora de esa polarización.

Por Miguel Ángel Ruiz. Publicado en la revista Id y Evangelizad 150

I. La alianza trono-altar

David L. Schindler, teólogo laico norteamericano, desarrolló su pensamiento en el entorno de Communio: International Catholic Review, de la que fue director entre 1982 y 2022. En su libro El corazón del mundo, el centro de la Iglesia: eclesiología de comunión, liberalismo y liberación (1996), del que proceden todas las citas de este artículo, sostiene que dentro de la Iglesia católica conviven diversas formas, a menudo contradictorias, de entender la relación Iglesia-mundo, es decir, el papel de la Iglesia en la transformación de la vida social, política, económica y cultural, cuestión decisiva para interpretar la DSI. De ahí que los desacuerdos contemporáneos sobre la interpretación de la Doctrina Social de la Iglesia nazcan menos de distintas opciones políticas que de distintas concepciones acerca de qué es la Iglesia.

Schindler considera que las visiones en competencia tienen su raíz en distintas comprensiones de la Iglesia —diferentes eclesiologías— que, a su vez, proceden de diversas formas de entender el acontecimiento cristiano: Cristo, su encarnación y su misión redentora.

Desde una perspectiva histórica, Schindler sostiene que durante muchos siglos dominó en la Iglesia una comprensión dualista de la relación Iglesia-mundo, según la cual ambos debían estar separados. Era la antigua «mentalidad de fortaleza», que levantaba sus murallas frente a un mundo considerado hostil. Se interpretaba así el mandato evangélico de «entrar en el mundo sin ser del mundo» (cf. Jn 17, 13-19).

Pero esta vía «dualista» condujo a otra por la cual la Iglesia «se aventuraría en el mundo para organizarlo […] por medios coercitivos si fuera necesario». Esta segunda corriente respaldó la alianza trono-altar: una forma de presencia eclesial que recurrió al poder coercitivo del Estado para configurar el mundo según un ideal cristiano y desembocó en la absorción del mundo en la Iglesia.

Un ejemplo histórico de esta lógica fueron determinadas formas de la cristiandad occidental, donde la estrecha colaboración entre Iglesia y Estado llevó a identificar la unidad de la fe con la unidad política, recurriendo al poder civil para proteger o imponer la ortodoxia (delitos de herejía y apostasía, por ejemplo). Pero el problema de esta propuesta no fue únicamente la coerción o la violencia, sino la pretensión de instaurar un orden cristiano en el mundo «desde fuera», desde el Estado, en lugar de hacerlo a través de la conversión y la comunión sacramental, es decir, a través del amor.

La comprensión que subyace a esta relación Iglesia-mundo es la de una Iglesia como institución jurídica jerárquica. La consecuencia es inevitable: «Si la Iglesia, aunque sea inconscientemente, se concibe como una institución jurídica y, por tanto, como algo parecido a un poder político, cualquier influencia que quiera tener en el mundo tenderá a ser coercitiva».

Renunciar a esta tendencia coercitiva y mecanicista parecía requerir, en principio, distanciar a la Iglesia de su participación en el mundo —de la vida política, económica, cultural y social—, en otras palabras, volver al dualismo, algo que se materializó una vez rota la alianza trono-altar con la Ilustración y las revoluciones liberales.

Así, en buena parte de Occidente durante los siglos XIX y XX, la misión de la Iglesia tendió a concentrarse en el culto, la predicación y la administración de los sacramentos, mientras que la organización de la vida política, económica y cultural pasó a considerarse un ámbito prácticamente autónomo, ajeno a la propia realidad de la Iglesia. Esa lógica sigue presente cuando se afirma que «la Iglesia tiene por fin la salvación de las almas» para justificar su alejamiento de la política.

En el Concilio Vaticano II, los padres conciliares quisieron revertir la situación alejándose tanto de esa alianza como del dualismo Iglesia-mundo. Tras el Concilio, la teología de la liberación y el neoconservadurismo católico ofrecieron dos formas de abrir la Iglesia al mundo.

II. La teología de la liberación

Según el liberacionista, «el propósito de la Iglesia en el mundo es, ante todo, eliminar la injusticia social, especialmente mediante la transformación de las instituciones opresivas o “estructuras de pecado”». Pero —y aquí está el problema— encuentra en el propio mundo los recursos necesarios y suficientes para esa liberación: los mecanismos de análisis, las motivaciones y las fuerzas transformadoras.

Así, la absorción del mundo en la Iglesia que el Concilio quería evitar termina convirtiéndose en una absorción de la Iglesia en el mundo. Es decir, «la Iglesia entra en el mundo solo para descubrir que su realidad como Iglesia ya está implícita en lo mejor de lo que el mundo es por sí mismo. La Iglesia no es más que la implicación más plena —sacramental— del mundo».

Esta conclusión se apoya en que el mundo ha sido creado por Dios y, por tanto, está ya penetrado por la gracia. Es el error que De Lubac denominó la «naturalización de lo sobrenatural». La Iglesia y la novedad cristiana resultan entonces redundantes, pues ya estarían implícitas en nuestra naturaleza.

El problema no consiste solo en que la acción política desplace la vida sacramental o convierta a la Iglesia en un agente sociopolítico más.

El problema no consiste solo en que la acción política desplace la vida sacramental o convierta a la Iglesia en un agente sociopolítico más. Para Schindler, el propio proyecto de transformación histórica queda finalmente comprometido. Al buscar en el mundo las fuerzas suficientes para su liberación, termina aceptando las mismas lógicas —de poder, de conflicto o de eficacia— que pretende superar.

La justicia social pierde entonces su raíz en la comunión trinitaria y en la redención de Cristo, convirtiéndose en una tarea puramente intramundana. Paradójicamente, al prescindir de aquello que constituye la verdadera novedad cristiana, la transformación del mundo acaba siendo menos profunda, pues puede modificar estructuras, pero difícilmente regenerar el corazón humano del que brotan esas mismas estructuras.

Además, al descubrir en el mundo «lo mejor que el mundo es en sí mismo», el liberacionismo termina importando a la Iglesia las estructuras mundanas que considera valiosas. Si antes del Concilio la Iglesia se identificaba reductivamente con su estructura jerárquica —la eclesiología «jurídica» o «institucional»—, ahora se identifica con una democracia —la eclesiología «democrática» o «sociológica»—, esto es, el liberacionista desea «democratizar» no solo las estructuras seculares sino también las eclesiásticas y este es el sentido que otorga al concepto de Iglesia como «Pueblo de Dios».

III. La teología neoconservadora

El neoconservador católico evita, acertadamente, la absorción de la Iglesia por el mundo, defendiendo la identidad propia de su misión celestial o salvífica, que «no es de este mundo». Además, a diferencia del dualismo, considera que «la Iglesia conserva una misión “terrenal”, una responsabilidad para con el bien común de la sociedad». Sin embargo, pretende cumplir esa responsabilidad «mediante el desarrollo de una moral pública que ayude a la sociedad a ordenar sus instituciones y estructuras hacia los fines más elevados de su naturaleza intrínsecamente “secular” o “natural”».

De este modo, «lo que de la Iglesia entra en el mundo es algo distinto de la realidad propia de la Iglesia como Iglesia»; es decir, la Iglesia no aporta al mundo su propia esencia, sino la moral que deriva de ella. La moral actúa como un correctivo, pero no como un principio configurador. Así, deja prácticamente intacta la ontología del orden liberal-capitalista al que se dirige.

El mercado capitalista y la democracia liberal poseen una racionalidad propia, expresada en la «mano invisible», el contrato social, la productividad derivada de la acumulación de capital o la creatividad estimulada por la competencia; y una antropología propia, representada por el homo oeconomicus y por una concepción primordialmente individualista de la libertad.

El pensamiento neoconservador considera válida esa racionalidad y esa antropología —la «autonomía de lo temporal»— y entiende que sustituirlas conduciría al autoritarismo político o a la ineficiencia económica, generando un mal mayor del que pretendía evitar.

La misión de la Iglesia consistiría, entonces, en recordar ciertos principios morales —la dignidad de la persona, la solidaridad, el destino universal de los bienes o la defensa de la vida— que permiten corregir los excesos del sistema, pero sin alterar sus categorías fundamentales. La Iglesia renuncia así a inspirar una comprensión distinta de la persona, la libertad, el trabajo, la economía y, en definitiva, la vida social.

En el fondo de esta visión, subyace una cierta desesperanza respecto de la capacidad de la gracia en la historia.

En el fondo de esta visión, subyace una cierta desesperanza respecto de la capacidad de la gracia en la historia. El mundo está herido por el pecado y, por ello, resulta ilusorio esperar que las estructuras sociales puedan configurarse ya en la historia según la lógica de la comunión. Lo razonable es, por tanto, organizar la convivencia mediante instituciones liberales a las que la Iglesia aporta una inspiración moral para que funcionen mejor.

Schindler, por el contrario, sostiene que esta postura infravalora la fuerza transformadora de la gracia y de la comunión eclesial, capaces de informar desde dentro las realidades temporales sin suprimir su legítima autonomía. La Iglesia no aporta al mundo solo una moral, aporta una comunión capaz de transformarlo desde dentro.

Para esta eclesiología, «la realidad de la Iglesia, que va más allá de su estructura jurídica-institucional —la Iglesia como comunión trinitaria, como cuerpo de Cristo, como sacramento—, permanece ajena al mundo y solo resulta relevante en su propio orden privado o realidad interna».

IV. Eclesiología de comunión

Nuestro autor entiende que la presencia eclesial en el mundo debe ser «algo más profundo que la moralidad o incluso que la justicia social, aunque las incluya». Ese «algo más profundo» es la comunión, pues «la comunión, que es intrínseca a Dios como Trinidad, está destinada, por gracia, a ser el camino de todas las criaturas».

La respuesta de Schindler es una «eclesiología de comunión». Integra los conceptos esenciales de las eclesiologías antes mencionadas —el principio institucional y jerárquico y el concepto de Pueblo de Dios—, pero reinterpretados a la luz de la comunión.

La Iglesia no es, ante todo, una institución jurídica ni una democracia religiosa, sino una comunidad de comunión que participa de la vida trinitaria: «Cristo no puede ser separado de la Trinidad, y lo que pasa de él a la Iglesia, en lo más profundo de su intimidad, es toda la vida trinitaria». Schindler insiste en que la comunión no elimina el principio jerárquico: la institución sigue siendo necesaria, pero recibe su verdadero significado de la primacía del amor.

Schindler identifica esta eclesiología con la enseñanza del Concilio Vaticano II, desarrollada por san Juan Pablo II y por Von Balthasar. Aunque formalmente aceptada por las distintas corrientes eclesiales, «con frecuencia se ha restringido indebidamente a la vida interna de la Iglesia», siendo que, bien entendida, «permite dar un nuevo sentido a la relación de la Iglesia con el mundo y, por tanto, al mundo mismo».

Esta comprensión presenta a la Iglesia como «sacramento, o sea, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen Gentium, 1). Desde esta perspectiva, la Iglesia no es únicamente la anunciadora de una doctrina o de unos principios morales, sino el lugar donde comienza sacramentalmente la renovación de la humanidad (Lumen Gentium, n. 1 y n. 48).

Esta comprensión encuentra eco en el magisterio cuando propone la amistad social y la fraternidad universal no como un mero ideal ético, sino como una forma de convivencia abierta a la acción transformadora de la gracia (Fratelli Tutti, especialmente nn. 94-100 y 180-197).

El fundamento último de esta eclesiología y de la consiguiente participación de la Iglesia en el mundo está en los acontecimientos históricos de la encarnación y la redención: «en la revelación del misterio del Padre y su amor, Cristo revela al hombre el significado del hombre mismo. […] La Iglesia es el cuerpo de Cristo. La Iglesia, en Cristo, es el sacramento de la comunión con Dios y de la unidad de todos los hombres».

La Eucaristía expresa de modo eminente esta unión entre Cristo y la Iglesia.

Así pues, «la Iglesia, en Jesucristo, está intrínsecamente dirigida hacia el mundo», porque «en la medida en que prolonga la misión encarnacional de Cristo, participa del acto redentor de Cristo, orientado a atraer a todo el mundo a la comunión que comparte con su Padre en el Espíritu (Jn. 17:18–23)».

La redención resulta necesaria porque «las criaturas, aunque creadas a imagen de Dios, tienen todavía que realizar dicha imagen a través de su redención».

El papel propio de la Iglesia en el mundo «consiste en ofrecerle algo esencialmente “sobrenatural”: una Iglesia concebida como communio sanctorum, el sacramento de la comunión trinitaria revelado en Jesucristo. Y —aquí está el punto clave— la Iglesia, precisamente en su comunión “sobrenatural”, posee una dinámica intrínseca capaz de transformar el mundo […] la clave de una eclesiología de comunión es que la Iglesia solo puede ser ella misma impregnando el mundo —y, por tanto, sus órdenes socioeconómico y cultural— siendo “ella misma”. Pero esto, a su vez, también implica que la plenitud del mundo solo puede realizarse dejándose impregnar por la Iglesia».

Por eso la Iglesia no es una realidad redundante. Cuanto más interdependiente se vuelve el mundo, más necesaria resulta su misión de conducir toda realidad hacia la comunión en Cristo (cf. Lumen Gentium, 9), «para sanar el mundo, para liberar cualquier realidad humana o no humana o cualquier aspecto de ella para que sea lo que realmente es, debemos mirar a la Iglesia».

La transformación del mundo exige también la participación del cristiano en el misterio pascual, fuente última de toda esperanza: «el cristiano estará ciertamente obligado, tanto por la necesidad como por el deber, a luchar contra el mal en medio de muchas aflicciones y a sufrir la muerte; pero, como quien ha sido asociado al misterio pascual y preparado para la muerte de Cristo, avanzará, fortalecido por la esperanza, hacia la resurrección».

V. Capitalismo, comunismo y verdadera liberación

Lo expuesto permite clarificar la relación de la Iglesia con los sistemas jurídico-políticos y económicos dominantes: el capitalismo y el comunismo. Schindler interpreta Centesimus Annus en un sentido preciso: la Iglesia no propone una «tercera vía» como sistema económico o político, sino como eclesiología.

Precisamente siendo Iglesia —comunión— está llamada a transformar tanto el capitalismo como el socialismo desde dentro, respetando la legítima autonomía de las realidades temporales («iusta autonomia»: Gaudium et Spes, n. 36).

Desde esta perspectiva, el liberacionismo termina justificando el socialismo y el neoconservadurismo legitimando moralmente el capitalismo.

Desde esta perspectiva, el liberacionismo termina justificando el socialismo y el neoconservadurismo legitimando moralmente el capitalismo. La eclesiología de comunión, por el contrario, busca transformar ambos desde los recursos propios de la Iglesia: la comunión, el respeto a la libertad y la paciencia histórica propia de la esperanza cristiana.

De este modo «en contraste con la “vieja” teología de la liberación, que pretende identificar liberación con humanización y humanización con desarrollo, una eclesiología de comunión afirma inequívocamente que la liberación es, fundamentalmente, una cuestión de redención, que solo se puede alcanzar en Cristo a través de María-Iglesia. Es una liberación salvífica, pues es una liberación del pecado y, en su naturaleza salvífica, es integral, pues comprende todos los aspectos del ser humano, incluidas todas las formas de justicia terrenal.»

En contraste con la teología neoconservadora, una eclesiología de comunión insiste en que la salvación es intrínsecamente social y encarnacional: «incluye la totalidad de la persona en su ser físico y en sus actividades en el mundo y está llamada a comenzar ya en esta vida».

VI. La Iglesia en el corazón del mundo

Los católicos, por tanto, harían bien en construir realidades temporales —sociales, políticas, económicas y culturales— que sean acordes a su verdadero ser como miembros de una Iglesia, cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios, llamada a ser presencia del amor trinitario en el mundo.

No se trata de construir instituciones confesionales, sino realidades comunionales, en cuanto aspiran a hacer real el amor divino sin acomodarse a «los caminos del mundo».

Lejos de ser una propuesta exclusiva para los católicos, esta propuesta posee vocación universal: vale también para todos los hombres de buena voluntad, «en cuyos corazones actúa invisiblemente la gracia», pues, «ya que Cristo murió por todos y todos los hombres están llamados a un mismo destino, que es divino, debemos sostener que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de asociarse, de un modo conocido por Dios, al misterio pascual» (Gaudium et Spes, n. 22).

La cuestión decisiva no es si la Iglesia debe estar presente en el mundo, sino qué Iglesia se hace presente en él. Según Schindler, solo una Iglesia que vive realmente como comunión puede ofrecer al mundo una transformación que no sea ni imposición ni adaptación, sino participación en la vida nueva inaugurada por Cristo.

Solo siendo plenamente Iglesia puede renovar verdaderamente el mundo.●

Pedro Sánchez: Populismo contra el pueblo 5.0

Cuando el populismo se ejerce desde el poder es dóblemente peligroso.

por Luis Antúnez

Quisiera partir de un texto editorial de la revista solidaria Autogestión nº 162 respecto a la democracia.

«La palabra democracia es una de las palabras más manipulables y manipuladas de la historia. Sin embargo, su definición clásica sigue siendo una referencia: «Poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». Según esta definición, la democracia estaría por estrenar. Actualmente vivimos una etapa histórica en la que la democracia, denominada liberal, está en crisis y nuevas formas autocráticas y totalitarias de naturaleza tecnológica y corporativa se están imponiendo.

Este es el marco, no lo olvidemos, te invito a leer completo el editorial en este enlace.

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POPULISMO CONTRA EL PUEBLO

El populismo realizado desde la oposición es muy perjudicial, pero el que se realiza desde el poder, devaluando las instituciones y retorciendo los procesos, suele abocarse hacia la toma del poder arrasando la separación de poderes y la posibilidad de tener un Pueblo promocionado y políticamente activo.

Si seguimos la lógica repetida por Pedro Sánchez, en su forma de hacer política, podemos observar estas características populistas, que se van a agudizar seguro en la presente campaña electoral.

¿Cuáles son estas lógicas?
1. La lógica de equivalencias y la frontera antagónica
  • Usar temas como la vivienda o cadenas de equivalencia: Se trata de utilizar diversos reclamos sociales (la mayoría justos) sin tocar el problema global y de raíz (por ejemplo, falta de agua, vivienda digna o empleo). Se unen aquellos que reclaman las situaciones de injusticia al percibir que comparten un enemigo común.

En este caso Pedro Sánchez lo hace desde el poder, no desde la oposición y después de 8 años de gobierno. Esto da más mérito al flautista de hamelín 5.0 que intenta llevarse con su «musica» el voto de los jóvenes que viven una auténtico drama social y económico, y de los cuales no se ha preocupado ni este gobierno ni los anteriores.

  • Establecer un muro o frontera antagónica: Se divide el espacio político en dos campos opuestos: «el pueblo» (los de abajo, los excluidos) frente al «poder» o «la élite» (los de arriba, los responsables de la privación).

Pedro Sánchez ha usado el lema las élites o yo en muchas ocasiones, una de ellas en las famosas primarias de las urnas… El presidente del gobierno ha respetado 8 años el marco que han impuesto esas élites en el mercado de la vivienda.

 

2. El significante vacío o un símbolo y la construcción del «pueblo»

  • Inexistencia previa del pueblo que construye: Para Laclau (teórico del populismo), el pueblo así entendido, no es una entidad sociológica real que ya existe de antemano, sino que se constituye discursivamente. Se construye.

En este caso incluso, este constructo de pueblo, se sitúa por encima del parlamento y sus decisiones. El mismo Pedro Sánchez ha puesto en marcha un gobierno a base de reales decretos durante estos años, e incluso, está usando la Diputación Permanente del Congreso para aprobar lo que el parlamento le negó. Se usan incluso grupos con capacidad de hacer «ruido» con gran apoyo de la artillería mediática… Y se orquestan ataques de falsa bandera para que este pueblo así construido, perciba la amenaza de «los otros».

  • Significante, símbolo: Una demanda particular o un símbolo (que puede ser el nombre del líder, una consigna o una bandera) pasa a representar la totalidad de las aspiraciones populares insatisfechas. Al no tener un contenido fijo, logra unificar a sectores sociales muy heterogéneos.

En este caso, el de la vivienda, ha proyectado la imagen de Mari Carmen, una anciana de 87 años de edad que desgraciadamente ha fallecido, con la imagen del deshaucio de su vivienda como imagen para las retinas de los televidentes.

Pedro Sánchez prometió al inicio de su mandato que no habría más desahucios. Son 265.000 los deshaucios realizados desde que gobierna. Sin nombrar la incógnita de las 184.000 viviendas que prometió Sánchez. ¿Dónde están? El ministerio de vivienda, según un exministro del PSOE, parece el ministerio de Harry Potter, donde con la varita mágica aparecen y desaparecen viviendas.

 

3. El rol central del líder y la dimensión afectiva

  • Encarnación de la unidad: Como la cadena de demandas es diversa y abstracta, necesita cristalizarse en una figura concreta. El líder actúa como el nexo que coagula e identifica al conjunto heterogéneo del pueblo. 

  • Anclaje afectivo. En tiempos de emotivismo la figura del dolor de las víctimas… para encauzar mis intereses políticos sin solucionar nada de fondo. Una vez más se impone la verdad instrumental sobre las políticas de alta carga política en aras del bien común.

4. Dimensión ontológica de la política

El populismo es para esta corriente populista, sinónimo de política.

Se trata de una política que implica romper el orden institucional existente (lógica diferencial) mediante la confrontación (lógica equivalencial). Por lo tanto, el populismo es un mecanismo inherente a la democracia liberal para canalizar el conflicto y dar (teóricamente) voz a los sectores postergados. 

¿Hay antídoto?

Necesitamos un antídoto para el populismo y esta forma de hacer política.

No se puede mantener viva una democracia si no se camina hacia adelante, hacia el Bien Común. Hoy la democracia en el mundo está en retroceso, y no se «mantiene» por la teórica garantía de la separación de poderes (Montesquieu). Condición necesaria pero no suficiente.

Como diría un viejo militante cristiano: lo que no camina hacia adelante, seguro que está yendo hacia atrás. Y esto sucede en las democracias actuales.

Hemos de abogar por construir una verdadera comunidad política basada en la dignidad sagrada del ser humano. Es decir, una comunidad que promueva el desarrollo integral y colectivo de cada persona desde la concepción hasta la muerte natural. La razón de ello solo puede ser el Bien Común. La construcción de esta comunidad no se puede hacer desde el relativismo moral sino desde una concepción fuerte de la verdad sobre el bien humano. Si esto no es así, el poder por el poder prevalecerá arrasando todo lo que se encuentre por el camino.

Como decía Gandhi, la ley de la mayoría (impuesta por las minorías poderosas) no tiene nada que decir cuando le toca hablar a la conciencia. La verdadera democracia no puede ser un mero procedimiento, sino que debe basarse en una concepción antropológica adecuada. Solo una vinculación fuerte, no relativista, entre moral y política puede ser el fundamento de un régimen político legítimo.

En este ánimo de formar y forjar una Comunidad, no de romperla y polarizarla, es desde donde se pueden cristalizar los grandes acuerdos de los partidos políticos que apunten hacia el bien común a medio y largo plazo.

 

 

Integración sin «PROMOCIÓN INTEGRAL» es asistencialismo

En esta reflexión queremos contar con una persona inmigrante que ha vivido de cerca la situación de migrar y le sigue afectando. Por eso está comprometido desde una realidad asociada, en el Movimiento Cultural Cristiano (MCC), queriendo dar respuesta. Lleva viviendo en España casi 25 años. Al poco de llegar conoció al MCC y desde ahí no ha parado de comprometerse por la promoción integral de la persona y la denuncia de las causas que injustamente se comenten en el mundo. 

Por Jorge Simbaña. Carpintero de aluminio. Inmigrante ecuatoriano.

PUBLICADO EN LA REVISTA SOLIDARIA AUTOGESTIÓN

Una mirada a la realidad de lo que padecen las personas migrantes y los pueblos.

La persona inmigrante antes de llegar a un país enriquecido ya viene con una mochila llena de dificultades, de sufrimiento, necesidades reales que no pueden alcanzar.

Huyen de las desigualdades y la violencia que está poniendo  en peligro su vida  y la de sus seres queridos. Están indefensos, en un estado de abandono existencial muy grande. Muchos pueblos sufren cada día un expolio indiscriminado que les empobrece y mata. Padecen la miseria y una humillación permanente y, si algo queda para ellos, son las migajas del banquete que han devorado los ricos de generación en generación.

Los pobres en sus propias tierras no son dueños de nada porque se han apropiado otros de lo suyo. No es extraño que tengan que salir de sus tierras en busca de un porvenir mejor, porque lo han perdido todo. La decisión de salir, no obstante, se toma después de muchos años de luchar por una vida más digna y no alcanzarla.

A esto hay que sumar las guerras que se están provocando y tiene que padecer. Guerras que se fabrican de forma salvaje para beneficio de la industria armamentística, los intereses geopolíticos y económicos, o el robo de los recursos. Guerras que están provocando los poderosos y que no quieren los pueblos que son los que están perdiendo, teniendo que huir a otro lugar seguro.

Además, los que están provocando las injusticias en el mundo, son los mismos que están controlando las fronteras,  construyendo los muros que dividen y matan.

Siguen arriesgando sus vidas a pesar de los muros y fronteras

Ningún destino es seguro para el inmigrante al que se le ha negado todo.

Cuando, en su indefensión frente a los que tienen el poder de decisión, les cierran las puertas poniendoles trabas burocráticas y legales, se les obliga a coger las rutas más peligrosas que les está llevando a la muerte y la desesperación.  

Los inmigrantes  arriesgan sus vidas en el desierto, por el mar, en zonas muy peligrosas por la violencia y el control. En todas ellas sufren  abusos, padecen hambre, mueren por el cansancio y la sed, sufren maltratos, asesinatos, encarcelamientos, humillaciones, o caen víctimas de redes criminales. 

Es una vergüenza cómo se está tratando al inmigrante forzoso haciéndolo verdugo o criminal, cuando realmente es víctima.  No podemos olvidar que detrás de cada vida de un inmigrante, está una familia, todo un pueblo, toda la humanidad.

Se sigue promoviendo el descarte.

El que consigue llegar a un país de Europa, tiene que pasar otras barreras o muros 8 visibles. Por ejemplo, la ley de extranjería. Hay personas viviendo entre nosotros en situación “regulares o irregulares” y cuando interesa se abren  las fronteras o se regularizan. Ha sucedido en esta última normativa de regularización. Si no se ha hecho antes es porque realmente no hay voluntad política para hacerlo. Pura hipocresía disfrazada de voluntarismo. Solo tenías que ver las inmensas colas que se produjeron en las oficinas de extranjería para entender los muros y las fronteras que se han creado contra los pobres.

Se ha puesto de manifiesto que tenemos entre nosotros a personas inmigrantes son descartadas, que llevan años sin poder salir de esta situación. Son invisibles, están en la sombra, sobreviviendo en la lucha por la existencia. Es necesario conocerlo, darle voz.

Los migrantes generan riqueza a pesar de que no se valore su aportación.

Los inmigrantes son una pieza fundamental en la economía. Lo sabe todo el mundo. La gran mayoría de ellos trabajan en la economía informal y siguen siendo el sector más golpeado por las desigualdades, la precariedad y el abuso de poder. 

La falta de un techo también es propia de los inmigrantes. El problema del alquiler a precios abusivos les empobrece. Por eso hay inmigrantes que viven en condiciones de calle, duermen en los bancos de nuestra ciudad, en los puentes, en naves abandonadas, edificios derruidos. Hay familias enteras viviendo en habitaciones o en locales que no tienen ventilación. 

Buena parte de los inmigrantes son trabajadores pobres que se entregan completamente a su sitio de trabajo con gran esfuerzo y sacrificio, realizando los trabajos duros (en la construcción, en el campo, en el asfalto de nuestras carreteras, en la limpieza, en la hostelería…) con plena disponibilidad, incluso dejando de atender a los suyos para atender a otros. Los veo desgastar sus vidas por conseguir un espacio en este mundo opulento, pero cada día ven que su meta es inalcanzable.

Gran parte de estas empresas dónde trabajan los inmigrantes son contratadas por la administración, que parece desconocer la realidad de sobreexplotación, haciendo jornadas de mañana, tarde y noche. Ello lleva aparejados multitud de problemas de salud (dolores musculares, infecciones, accidentes laborales…). Sufren incluso agresiones de los usuarios.  

Se está fomentando la división utilizando a los migrantes como arma para enfrentar a la sociedad.

Se está utilizando de forma salvaje la mentira para enfrentar a la sociedad contra los inmigrantes. Es otra forma de discriminación hacia los más débiles. Cuando son tratados sólo como carne de explotación y no se hace nada por su promoción e integración, se les acaba enfrentando e instrumentalizando. Se usa a la comunidad inmigrante por puro interés partidista. Una sociedad dividida oculta a los responsables que fomentan la mentira y siguen con sus estrategias de dominio y un trato injusto contra los pobres. 

Una integración sin combatir las causas de la injusticia es puro asistencialismo

En este marco de guerra del fuerte contra débil, cualquier iniciativa de integración, si se niega a denunciar y combatir  las causas de la injusticia de raíz es puro asistencialismo cómplice. No se integra dando las migajas de lo que se  ha robado. Primero, hay que dejar de robar para que los pueblos se desarrollen con sus riquezas y sean los protagonistas de gestionar su futuro. Cualquier ayuda que se plantea sin querer cambiar las injusticias es puro paternalismo: la lacra más refinada de la propia injusticia. La inmigración es consecuencia de estas injusticias que no se quieren cambiar. Para el colmo de los males la oferta que se les presenta es la de la cultura de la evasión, del consumismo salvaje, del embrutecimiento, del sin sentido. Sin promoción, sólo tienen delante un campo de juego y unas reglas: el hipercapitalismo individualista.

Una auténtica integración se hará si hay promoción integra

Estamos viendo que hay un control tremendo sobre la inmigración que no permite que en ellos despierte un deseo profundo de ser protagonistas de sus vidas y del futuro de una humanidad nueva.

Una verdadera integración de promoción integral, pasa por ser todos responsables de todos, pasa por defender la vida, la dignidad de la persona, del inmigrante, de los descartados, de los más débiles de nuestro mundo. Una integración de promoción integral empieza cuando reina la Justicia, la paz, el bien común, la fraternidad y con el tiempo se convierte en una forma de ser y de vivir en la que todos estamos llamados a ser responsables.

Migrantes y refugiados, avanzadilla de los pueblos hacia la fraternidad universal

Con motivo de la celebración de la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el Movimiento Cultural Cristiano, en colaboración con las Delegaciones diocesanas de Migraciones y Movilidad Humana y de Apostolado Seglar, organizó el pasado 25 de septiembre, en la sala Manuel Sánchez Monge de Santander, la conferencia-coloquio Migrantes y refugiados, avanzadilla de los pueblos hacia la fraternidad universal, expresión de san Juan Pablo II para referirse a la realidad de las migraciones como una llamada a la fraternidad entre los pueblos.

El encuentro contó con la participación del sacerdote jesuita José Luis González Miranda, misionero, teólogo y médico, que durante más de treinta y cinco años ha acompañado a comunidades indígenas, refugiados y migrantes en Centroamérica.

Bajo el subtítulo Testimonio de un sacerdote en la frontera, González Miranda acercó a los asistentes a la realidad de las migraciones desde los rostros y las historias concretas de las personas, más allá de las cifras. A partir de su experiencia, mostró tanto las situaciones de sufrimiento, violencia y vulnerabilidad que viven muchos migrantes como las numerosas experiencias de solidaridad, acogida y fraternidad que también surgen en el camino.

La exposición se articuló en torno a varios ejes. En primer lugar, José Luis González Miranda destacó a los pobres, y especialmente a migrantes, refugiados, sus familias y quienes les acompañan, como verdaderos maestros de fraternidad. Posteriormente abordó la presencia constante de la migración en la Biblia, recordando cómo la historia del pueblo de Israel, el éxodo, el exilio o las diásporas forman parte esencial de la Historia de la Salvación. A la luz del Evangelio, subrayó las palabras de san Pablo: “Cristo derribó con su sangre los muros que separan a los pueblos… Ya no sois extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y familia de Dios” (Ef 2, 14.19).

La conferencia también se detuvo en los desafíos actuales, invitando a comprender las causas profundas que obligan a millones de personas a abandonar sus hogares. En este contexto, el ponente señaló diversas tareas para la comunidad cristiana: luchar contra dichas causas -caridad política- que provocan las migraciones, defendiendo el derecho a emigrar y a no emigrar, apoyar las experiencias de hospitalidad y fraternidad que ya existen en la sociedad, promover respuestas asociadas tanto de las propias personas migrantes como de quienes las acogen y compartir la fe desde la cercanía y el encuentro.

Vuelve la guerra civil a Etiopía, con riesgo de hacerse regional

  • El surgimiento de una alianza armada que conecta conflictos en varias regiones.

  • Ataques renovados que ponen en riesgo más víctimas civiles y desplazamientos masivos.

  • Las crecientes tensiones con Eritrea podrían llevar los conflictos de Etiopía a una confrontación regional más amplia. Etiopía desea una salida al mar Rojo.

  • Para evitar una guerra a mayor escala en Etiopía se requiere más que un simple retorno al acuerdo de Pretoria. El país necesita una solución política integral. Esta debe negociarse entre el liderazgo de Abiy y las fuerzas antigubernamentales, y no simplemente otro acuerdo bilateral con Tigray.

La guerra ha vuelto a estallar en Etiopía. Cuatro años después del acuerdo de Pretoria –con el que se cesaban las hostilidades entre el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) y el gobierno etíope– los combates vuelven a sucederse en el norte del país, concretamente en las regiones de Tigray, Afar y Amhara.

El anuncio de la creación de la Alianza de Fuerzas Populares de Etiopía para la Supervivencia le añade más complejidad y alcance territorial al conflicto, lo que agrava el riesgo de convertirse en una guerra todavía más devastadora que la que, entre 2020 y 2022, acabó con la vida de centenares de miles de personas.

La nueva alianza reúne a organizaciones que hasta hace pocos años combatían en bandos enfrentados y que ahora comparten el mismo objetivo de acabar con el gobierno de Abiy Ahmed.

Su aparición vuelve a poner sobre la mesa las profundas fracturas territoriales y políticas que atraviesan Etiopía y plantea la cuestión de hasta qué punto se encuentra el país ante una crisis de su propio modelo de Estado e incluso de si lo que está en riesgo es su propia desintegración.

El (no) acuerdo de Pretoria

Para entender por qué Etiopía vuelve a encontrarse en una situación de guerra es necesario regresar al acuerdo de Pretoria. El pacto, firmado en noviembre de 2022, puso fin a dos años de enfrentamientos entre las fuerzas federales y el TPLF y permitió detener una de las contiendas más destructivas de la historia reciente de África. Las estimaciones sobre las víctimas varían, pero la Unión Africana ha situado en torno a 600.000 las muertes provocadas por el conflicto.

El acuerdo establecía el cese permanente de las hostilidades y contemplaba el desarme, desmovilización y reintegración de los combatientes del TPLF, la recuperación de la administración civil y el acceso de la ayuda humanitaria, e intentaba fijar las condiciones para resolver políticamente las cuestiones pendientes. De este modo, el acuerdo consiguió reducir drásticamente la violencia, pero dejó abiertos varios de los conflictos que habían alimentado la contienda.

Uno de los principales fue el del estatus de Tigray Occidental. Durante el conflicto, fuerzas amhara y eritreas ocuparon este territorio, siendo acusadas de genocidio contra la población tigriña. Esta zona quedó enclavada dentro de Tigray tras la reorganización territorial después de la caída de la junta militar del Derg a principios de los noventa, pero desde Amhara lo reclaman como propio.

Desde el TPLF exigen la salida de las fuerzas externas y el retorno de los desplazados, y acusan al gobierno central de haber aplazado indefinidamente la resolución de esta problemática.

Por otro lado, aunque Eritrea y las milicias amhara Fano tuvieron un papel decisivo durante la guerra con su apoyo al gobierno etíope, quedaron luego totalmente relegadas de las negociaciones de paz. Esta exclusión dejó fuera del acuerdo a dos actores que seguían teniendo una importante capacidad militar y cuyos intereses tampoco habían desaparecido con el final de las hostilidades.

En el caso de Eritrea, las relaciones con Adís Abeba se deterioraron progresivamente en los años posteriores, especialmente a raíz de las aspiraciones etíopes de obtener acceso al mar Rojo. Fano, por su parte, pasó de combatir junto al gobierno federal contra el TPLF a enfrentarse a él en 2023, después de que Abiy Ahmed anunciara la disolución de las fuerzas especiales regionales.

Sudán

El conflicto también podría entrelazarse con la guerra de Sudán. Según un informe de Reuters , Etiopía alberga un campamento utilizado para entrenar a combatientes paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán. Etiopía ha negado su participación y acusa a las fuerzas armadas sudanesas de apoyar al Frente de Liberación Popular de Tigray. Sudán lo niega .

Si estas alianzas se consolidan, los conflictos entre Etiopía y Sudán podrían proporcionarse mutuamente rutas de suministro de armas. También podrían suministrarse reclutas, bases de retaguardia y apoyo externo. Esto aumenta el riesgo de que el conflicto se extienda desde Sudán, a través del norte de Etiopía, hacia Eritrea y el Mar Rojo.

Fuentes:

nuevarevolucion.es

Descifrando la guerra

 

Día del Migrante y Refugiado: Actos y concentraciones en España y Perú

El pasado 27 de septiembre, con motivo de la 112ª Jornada Mundial por el Inmigrante y Refugiado, se realizaron una serie de actos en la calle, celebraciones religiosas y de difusión de cultura solidaria para visibilizar la situación de las personas migrantes y refugiadas.

MADRID

En Madrid se ha realizado una concentración solidaria con la lectura de comunicado: “Por el derecho a no tener que emigrar”. Donde se hizo hincapié en las causas de las migraciones, el robo del Norte al Sur, y el uso, absolutamente despreciable, de los empobrecidos como arma geopolítica entre las naciones.

Miembros del Movimiento Cultural Cristiano asistieron posteriormente a una Eucaristía organizada por la Comunidad de Sant´Egidio donde se hizo memoria de los inmigrantes empobrecidos fallecidos en los mares y océanos, en los desiertos, al pie de los muros y fronteras…

ÚBEDA

Úbeda

Se estuvo en la calle con la revista solidaria Autogestión “Defendemos el DERECHO A NO TENER QUE EMIGRAR”, con pancartas y la difusión del comunicado. Ha sido un momento de llevar a las calles las causas de tanta miseria e injusticia.

SANTANDER

Con motivo de la celebración de la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el Movimiento Cultural Cristiano, en colaboración con las Delegaciones diocesanas de Migraciones y Movilidad Humana y de Apostolado Seglar, organizó el pasado 25 de septiembre, en la sala Manuel Sánchez Monge de Santander, la conferencia-coloquio Migrantes y refugiados, avanzadilla de los pueblos hacia la fraternidad universal, expresión de san Juan Pablo II para referirse a la realidad de las migraciones como una llamada a la fraternidad entre los pueblos.

El encuentro contó con la participación del sacerdote jesuita José Luis González Miranda, misionero, teólogo y médico, que durante más de treinta y cinco años ha acompañado a comunidades indígenas, refugiados y migrantes en Guatemala, Nicaragua y México.

Santander

Bajo el subtítulo Testimonio de un sacerdote en la frontera, González Miranda acercó a los asistentes a la realidad de las migraciones desde los rostros y las historias concretas de las personas, más allá de las cifras. A partir de su experiencia, mostró tanto las situaciones de sufrimiento, violencia y vulnerabilidad que viven muchos migrantes como las numerosas experiencias de solidaridad, acogida y fraternidad que también surgen en el camino.

CATALUÑA

El Movimiento Cultural Cristiano en colaboración con las delegaciones diocesanas de Migraciones, Misiones y Pastoral Penitenciaria han sumado esfuerzos para crear conciencia sobre la situación de las personas migrantes y para presentar sus necesidades al Señor.

Este año, se ha puesto especial énfasis en los niños y adolescentes migrantes con el lema «Incluso uno solo de estos pequeños» (cf. Mt 18,10).

Los actos en torno a esta jornada empezaron el sábado 26 de septiembre por la mañana. El Movimiento Cultural Cristiano salió a las calles para hacer difusión de cultura solidaria dentro de la Campaña por la Justicia Norte-Sur que tiene lugar durante todo el año; y que este año se concentró en la plaza del Ángel.

Allí, se leyeron testimonios de migrantes, así como las enseñanzas del Papa León XIV sobre la migración, que nos exhortan a respetar la vida y a caminar fraternalmente. Asimismo, se hizo lectura del Comunicado “Por el derecho a emigrar y no emigrar”. 

La acogida fue muy buena, así como los diálogos con migrantes que se acercaban al puesto para hablar de su experiencia como migrantes y se interesaban por los testimonios.

«En este acto se hizo visible a la Iglesia en salida, como nos alentaba el Papa Francisco».

Por la tarde, en la parroquia de la Virgen de los Dolores se celebró la Eucaristía, presidida por Mn. Milton Gómez . Acto seguido, tuvo lugar una vigilia  de adoración al Santísimo, durante la cual también se dieron a conocer testimonios de migrantes y misioneros.

Los actos organizados por la Jornada del Migrante y del Refugiado culminaron al día siguiente con la Misa celebrada por Mn. Pascual Centelles en la parroquia de Sant Jaume de Remolins.

En Perú

Perú

Acto con motivo de la jornada mundial del migrante y el refugiado se estuvo en las calles y parroquias de Villa el Salvador-Perú. Unidos en la lucha y en la oración combativa.

Revista Autogestión «Defendemos EL DERECHO A NO TENER QUE EMIGRAR…»

El pasado mes de junio asistimos a dos hechos con una enorme trascendencia: la visita del Papa León XIV a España con un mensaje claro respecto a la migración desde un planteamiento universal y, el mismo día de su marcha de España el 12 de junio, la entrada en vigor con aplicación obligatoria del Pacto Europeo sobre Migración y Asilo. También, en ese mismo mes de junio, terminaba el proceso de regularización extraordinaria donde han presentado su solicitud de residencia alrededor de 1.200.000 inmigrantes.
Siempre hemos afirmado el «derecho a emigrar» como un deber moral de restitución en acogida de los países enriquecidos hacia los habitantes de los países empobrecidos que son expulsados de sus países por el hambre, la miseria, las guerras o la violencia, las persecuciones políticas o religiosas, los desastres naturales o la esquilmación y el saqueo de sus tierras… pero, antes incluso que el derecho a emigrar hay que afirmar el derecho a NO emigrar, es decir, a tener las condiciones para permanecer en la propia tierra, vivir en su patria y desarrollar libremente su proyecto de vida en ella. La migración por necesidad es una migración forzada y, por tanto, atenta contra la libertad de la persona.
Para profundizar en este «derecho a no emigrar» debemos plantearnos las causas del fenómeno de la migración forzada, las causas de las condiciones de vida insoportables para millones de personas que, violado este derecho a no emigrar, se han visto obligadas a abandonar su casa, su pueblo y su país dejando atrás seres queridos, historias y vínculos. En muchas ocasiones, todo esto agravado porque las redes de trata, de prostitución, de trabajo agrícola esclavo y de traficantes mafiosos que hacen negocio con la necesidad de migrar, causan las peores desgracias imaginables. La mayoría de las veces, quienes trafican con drogas y con armas, también trafican con seres humanos. La expulsión de personas de sus tierras se ha convertido en un verdadero tráfico de personas.
Entre estas causas de la migración forzada no podemos olvidar que un gran porcentaje de la riqueza que hay en Europa y también en España, proviene institucionalmente del expolio a los pueblos empobrecidos de la Tierra. La estructura económica capitalista actual, tanto nacional como transnacional, está vinculada directamente con el sistema colonial y neocolonial de los últimos tres siglos. Este modelo ha empobrecido históricamente —y sigue empobreciendo— a numerosos pueblos de África, Asia, Centro y Suramérica, mediante la explotación de sus recursos y poblaciones en beneficio de los países enriquecidos. En la Campaña por la Justicia que llevamos a cabo desde hace 40 años la hemos descrito y definido como el ROBO NORTE-SUR. El estado de bienestar europeo y, por tanto, el español, no hubiera sido posible sin esta estructura y dinamismo colonial imperialista subyacente y deliberadamente ocultado ante la opinión pública. Las zonas del mundo que durante décadas han contribuido al bienestar económico del Norte son hoy las que más población expulsan hacia ese mismo Norte.
Somos muy conscientes además, por los vínculos de lucha y comunión que nos unen a estos pueblos, que la migración forzada tiene como consecuencia un debilitamiento de las naciones de origen, habitualmente ricas en recursos materiales y demografía, volviéndose extremadamente vulnerables. En algunas de ellas se ha cronificado un régimen de violencia, guerras, autocracias y corrupción estatal que sigue siendo el caldo de cultivo de multitud de negocios que continúan esquilmando a los sectores más débiles de sus sociedades. Es por ello que no podemos dejar de reivindicar el derecho de las personas a mantener su dignidad no siendo expulsadas de sus países y, por tanto, su derecho a no emigrar.
Queremos hacer nuestra la llamada a la acción de León XIV en su visita a España, en el Puerto de Arguineguín (Gran Canaria):
«La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra».
«Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños».
Y para que sea posible que toda persona pueda vivir con dignidad con su familia en su propia tierra, con su propio pueblo y en su propia patria, sin ser expulsada de ella —para evitar los éxodos forzados provocados por la pobreza, por la violencia y por la persecución—, es necesario un marco jurídico y moral internacional que impida y penalice el expolio al Sur global. Entre tanto, el deber de justicia exige restitución y solidaridad. Europa y España tenemos ese deber de justicia y de restitución.

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