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Guillermo Rovirosa y la reivindicación de una lectura correcta de la D.S.I.

P. Carlos Ruiz

En este artículo, el autor, sacerdote y teólogo, expone la reivindicación de una correcta interpretación de la Doctrina Social de la Iglesia por parte de Guillermo Rovirosa, siguiendo las principales etapas de su vida de converso. Rovirosa reconoce en los principios fundamentales de la DSI el eco del propio Evangelio y de las aspiraciones de las víctimas de la injusticia, pero también se da cuenta de lo fácil que es manipular esos principios si no se encarnan en propuestas protagonizadas por los propios pobres, al servicio de la liberación integral de sus hermanos.

La conversión de Rovirosa y su encarnación en el mundo obrero

El día de Navidad de 1933, a las 6 de la mañana, Rovirosa hizo su «verdadera Primera Comunión», según sus palabras. Era el culmen de una turbulenta lucha interior de meses, en la que venció la Gracia, que se sirvió del amor y la oración de su esposa Caterina, de los diálogos con el P. Fariña, agustino y futuro mártir, y de las Confesiones de S. Agustín. Ese 25 de diciembre de 1933, Rovirosa y su esposa deciden consagrarse a Dios para servirle en los más pobres; ahora solo tenían que descubrir el lugar exacto para esa entrega.

Buscando respuestas, en el otoño de 1934 Rovirosa ingresa en Madrid en el Instituto Social Obrero de D. Ángel Herrera Oria, por entonces seglar y director del influyente periódico El Debate. La versión que de la Doctrina Social daban aquellos «católicos sociales» era reaccionaria, lo cual le llevó a decir: «Acepto gustosamente ser mártir de Jesucristo, pero no tengo ninguna intención de ser mártir de eso que se llama Doctrina Social de la Iglesia». La explicación de la DSI que escuchó en el ISO y en los propagandistas (la ACNDP) estaba al servicio de los privilegiados: asistencialismo, dirigentismo sobre los pobres, reformismo… Rovirosa apenas aguantó tres meses. No quiso saber más de «aquello», que le pareció no solamente «sin garra» para el mundo obrero, sino incluso más coherente con una ética natural burguesa que con los principios del Evangelio.

Apenas año y medio después de ese primer desencuentro con la Doctrina Social de la Iglesia, estalla la Guerra Civil Española. Como la vivienda en la que habitaban él y Caterina se hallaba cerca del frente de Madrid, tuvieron que trasladarse al centro de la ciudad y se instalaron en los sótanos de la institución Cultura y Acción, continuadora del prestigioso Fomento Social de los jesuitas, que seguía disponiendo de una importantísima biblioteca especializada en cuestiones sociales. De este modo insólito, Rovirosa pudo disponer de varios centenares de volúmenes de los que se sirvió como valioso elemento de estudio e investigación para saber cuál era la auténtica naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia. Durante dos años, casi todas las tardes y numerosas noches las consagraba a la lectura y reflexión de aquellos libros: «Fue mi segunda conversión, y representaba con la primera un conjunto armonioso. La primera me hizo encontrarme a mí mismo en Cristo; la segunda, me hizo sumergirme en el Cuerpo Místico», escribió.

A pesar de que los libros de Fomento Social presentaban una versión mucho más respetuosa de la DSI, Rovirosa seguía lamentándose de que desconocían al hombre obrero, sus reales necesidades y sus capacidades. Abundaban en soluciones teóricas, científicamente elaboradas, en las que los trabajadores no tenían asignado papel alguno; se pretendía «darles generosamente la salida a su estado de alienación, pero no se contaba con que ellos pudiesen ser los protagonistas de la liberación». Tampoco este era el camino para encarnar la moral social católica.

Rovirosa, por tanto, rechaza el llamado catolicismo social, representado principalmente por las ramas obreristas de los jesuitas (y de otras importantes órdenes religiosas) y por los propagandistas del P. Ayala y del futuro cardenal Herrera Oria, así como por los sindicatos católicos que existían en su época. Considera, en primer lugar, que son fórmulas fracasadas históricamente entre la clase obrera: por «amarillistas», además de paternalistas, y porque carecían de mentalidad y cultura genuinamente obreras. Rovirosa decía que «espíritus egoístas y utilitarios acostumbrados a vivir «gratis» y sin esfuerzo, tal vez se imaginaban que, ofreciendo objetos y enseñanza gratis a los obreros, caeremos en sus redes como moscas».

En segundo lugar, Rovirosa considera que el «catolicismo social» hacía una interpretación interesada y minimalista de la Doctrina Social de la Iglesia, quitándole todo atractivo para el pobre; por eso, nuestro autor pensaba que en España todavía no se había hecho ninguna adaptación o concreción positiva de la misma.

Por último, rechazaba su dirigentismo: los pobres (en aquel momento, los obreros) no contaban como sujetos de su promoción, sino como objetos de la caridad de los burgueses, tal y como denuncia el papa León XIV [nota de la revista: León XIII / León XIV según edición] en la exhortación apostólica Dilexi te.

A todas estas, cuando la empresa en la que trabajaba fue socializada por la II República española, Rovirosa es elegido por unanimidad presidente del Comité Obrero, cargo que desempeñó hasta el fin de la contienda y que demuestra el afecto del que gozaba entre todo el personal, a pesar de que él no negó nunca su fervor católico.

La HOAC y la DSI

En 1946, por deseo del papa Pío XII, la jerarquía católica pone en marcha la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), que es encomendada muy pronto a Guillermo Rovirosa, el cual le imprime su mística entusiasmante y su sólido planteamiento apostólico. Su objetivo fundamental era promover militantes cristianos pobres en equipos basados en el Mandamiento Nuevo, para lo cual insiste en la necesidad de un plan de formación sistemático y encarnado en la mentalidad de los obreros, que los capacitase para enfrentar los retos apostólicos de su propia clase social sin paternalismos. A esto se opuso con fuerza el sector de «mentalidad social» que existía dentro de la HOAC, es decir, aquellos que pensaban que los obreros estaban incapacitados para ser responsables de su propia organización. En palabras del sacerdote D. Tomás Malagón: «algunos querían algo más social al estilo de Herrera Oria», es decir, querían dirigirlos.

Tras muchos tira y afloja, en la VII Semana Nacional de la HOAC (1952), se aprueba el Plan Cíclico, basado en el método de encuesta, que es una mejora sustancial que Rovirosa hizo a la revisión de vida de la JOC. Eran treinta y seis temas basados en una interpretación de la realidad desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, leídos con mentalidad de promoción (frente a la asistencialista o social), es decir, con los ojos de los pobres en los que se encarnó el propio Dios. Este plan se debía realizar en tres años con un objetivo doble: desarrollar la persona de Encuesta y promover el espíritu de equipo apostólico; esto es, cultivar una cosmovisión y una fraternidad que sirviese al protagonismo de los pobres en su liberación integral y comunitaria.

El tercer año estaba pensado para que los equipos militantes se decidiesen por una especialización en uno de estos cuatro grandes sectores: apostólico, político, sindical o económico; en adelante se llamarán simplemente «los Sectores», que trataban de ser la encarnación de la Doctrina Social de la Iglesia al servicio de la promoción integral y colectiva de los pobres, protagonizada por ellos mismos. Vinculados a ellos estaban los Grupos Obreros de Estudios Sociales (GOES), que debían aportar toda la ilustración conceptual y técnica necesaria para que los militantes acertasen en su apostolado sectorial.

Este proyecto apostólico se enmarca dentro del espíritu comunitarista, que Rovirosa ya plantea en 1949, a los tres años del nacimiento de la HOAC. Ese año, redacta el Manifiesto Comunitarista. Cree llegado el momento de pronunciarse, desde el punto de vista cristiano, en contra de los adversarios de los trabajadores: el capitalismo y el marxismo. Sin aceptar, por ello, una «vía intermedia o un corporativismo de cualquier especie». El padre Azpiazu, máximo representante, por entonces, de la Doctrina Social de la Iglesia, mostró al punto su disconformidad con las ideas del Manifiesto; lo demás vino por añadidura. La censura eclesiástica del Manifiesto se le encomienda al Consiliario del Consejo Superior de Hombres de Acción Católica (Enrique Valcarce, posteriormente nombrado consiliario nacional de la HOAC) el cual pone el grito en el cielo. Sin pérdida de tiempo, eleva su informe a la superior instancia del cardenal Pla y Deniel, quien llama a capítulo a Rovirosa. El cardenal, sin abrir diálogo alguno, le da a conocer su decisión: «Esas tesis no entran en el marco de la Doctrina Social católica». Y zanja el asunto con esta sentencia salomónica: «El autor puede enviar el folleto «como cosa personal» a los suscriptores del Boletín de la HOAC». Rovirosa calla y obedece: de hecho, esta obra no será publicada hasta después de su muerte. Rovirosa se lamentará en una carta a su amigo Ricart de los estrechos márgenes que dejaba la Acción Católica para la libertad propia del laico en los temas temporales: «El pollo queda ahogado en el huevo», sentencia. Como vemos, Rovirosa, desde los primeros años de la HOAC, intenta una propuesta económica nueva, que sea alternativa al capitalismo y que —sobre todo— responda a un planteamiento apostólico acorde con la adultez laical y los nuevos tiempos.

Rovirosa denuncia la lectura interesada de la DSI que se escuda en el respeto de la jerarquía por los distintos sistemas políticos, económicos y sociales (siempre y cuando respeten el derecho natural, como se suele apostillar) para justificar la opresión de los pobres. El católico, dice Rovirosa, no puede limitarse a aplaudir a los que mandan (digan lo que digan) y a dejarlos hacer (hagan lo que hagan); el católico está obligado por la caridad social, que le conmina a todo lo contrario, «y aquí, seguramente, se encuentran los más graves pecados de omisión de esta generación», afirma.

El proyecto de los Sectores de Rovirosa nunca llegó a realizarse en la HOAC, fundamentalmente porque tanto los que querían una HOAC sumisa al Régimen, como los que propugnaban la democracia-cristiana o la social-democracia, entendieron que esto favorecía la independencia política de los militantes, impidiendo su utilización partidista. Los Sectores significaban una acción protagonizada por militantes, con un planteamiento claramente apostólico y sin concesiones al poder. Esta es la verdadera razón de la marginación que sufrió Rovirosa en la obra que él mismo fundó y, posteriormente, de su expulsión de la HOAC y del ostracismo que sufrió.

Calumniado, expulsado de la asociación apostólica que él mismo creó, enfermo y con media pierna amputada después de un accidente, Rovirosa no ceja en plantear la encarnación de la DSI al servicio de los último

El camino para encarnar la DSI: el Copin

Calumniado, expulsado de la asociación apostólica que él mismo creó, enfermo y con media pierna amputada después de un accidente, Rovirosa no ceja en plantear la encarnación de la DSI al servicio de los últimos. Así, en su último periodo de vida, nace una de sus aportaciones más significativas: el proyecto Copin (Cooperatismo o Cooperación Integral), basado en la plena responsabilidad de los seglares, conscientes de la vocación bautismal. Esta iniciativa se puede considerar como una de las primeras semillas que se siembran en España de lo que luego la Iglesia sancionará como «asociaciones privadas de fieles», más allá de lo que suponía el apostolado público de la Acción Católica. Dicha semilla germinará en la Editorial ZYX, presentada por sus fundadores, entre los que se encuentra Guillermo Rovirosa —primer presidente de la misma—, como «apostolado privado seglar».

El proyecto ‘Copin’ también es un plan sistemático presentado en sus mejores obras: Cooperatismo Integral (I y II); Dimas, Judas, Fenerismo, La virtud de escuchar y El compromiso temporal. Además, también planteó una serie de Cursillos para iniciar en el «espíritu Copin», siguiendo la metodología utilizada en la HOAC.

En esta etapa, Rovirosa considera que los principios básicos que deben guiar a los que se decidiesen a encarnar la DSI más allá de las ambigüedades burguesas son los mismos que en la etapa anterior, pero con los subrayados siguientes, que nacen de su propia experiencia y reflexión:

  • 1°. Antes de hacer obras, lo más importante es tener espíritu cooperatista, que debe informar todos los aspectos de la vida personal y comunitaria.

  • 2°. Es necesario que todos los que emprendan este camino tengan una cosmovisión y una espiritualidad comunes, basadas en la visión de fe.

  • 3°. Para transformar la sociedad lo más importante no es el cambio legislativo ni el uso de la fuerza, sino el Amor trinitario encarnado en ambientes con más vitalidad que los que se quieren cambiar, para lo cual es necesario que los militantes hagan prender «una idea fecunda en un medio capaz de asimilarla», como el germen de moho cuando cae sobre una res abierta en canal. Precisamente la situación actual de la humanidad es un signo de esperanza, que está reclamando un nuevo tipo de espiritualidad cristiana centrada en el testimonio comunitario y ambiental:

    «Los «focos» de cristianismo individual no han dejado nunca de existir desde hace veinte siglos y ahí están los santos como prueba evidente; pero la sociedad no estaba en las condiciones requeridas de humedad y temperatura (valga el símil) para que pudieran desarrollarse los gérmenes (que están en la Iglesia, como depositaria del Nuevo Testamento) de un cristianismo social. Hoy la aridez y la sequedad todavía perviven, como hecho, porque no se encuentra otra cosa, pero existe un descontento difuso que hace a la sociedad «apta» para que puedan darse soluciones de tipo comunitario cristiano en las que hace pocos años no podía todavía ni pensarse».

  • 4°. La mayor parte de los militantes del Cooperatismo Integral saldrá de la muchedumbre de los vencidos, para los cuales los ideales de justicia y de libertad se ajustan a su necesidad de poder realizarse como hombres en los planos material, cultural y sobrenatural; sin embargo, Rovirosa no descarta que también formen parte de él aquellos que ya han podido realizar adecuadamente objetivos, los cuales se moverán más por impulsos generosos de lograr para los demás (que para ellos son Cristo necesitado) la libertad de los hijos de Dios y la justicia de su Reino: «No hay duda de que estos últimos, aun siendo pocos en número, han de desempeñar un gran papel, ya que llevan por delante el propio sacrificio, y esto es fundamental en la Obra de Dios».

Después de este breve recorrido por la obra y vida de Rovirosa, no nos queda duda de que su aportación para la comprensión y aplicación de la DSI es indispensable para nuestro tiempo.

Construyamos «la hermosa mañana de la Paz»

El Curso Norte-Sur del Aula Malagón-Rovirosa 2026, ha denunciado el negocio de la guerra con los más de 60 conflictos armados que transforman el sufrimiento en beneficios económicos. Mientras empresas como Lockheed Martin o Indra se lucran con la muerte, y la inteligencia artificial abarata el asesinato con drones de apenas 500€, la respuesta debe ser un «NO» rotundo a un sistema que nos encadena a la deuda de la industria armamentística y alimenta el posterior negocio de la reconstrucción.

Frente a esa lógica de destrucción, el curso nos trasladó a las periferias de nuestras ciudades, donde la verdadera salvación no viene del dinero, sino de la alegría del servicio. Parroquias de barrios marginales que se convierten en lugares de acogida. Allí descubrimos que no somos nosotros quienes «vamos» a los pobres, sino que son ellos quienes nos rescatan de nuestras cadenas. Esta invitación a una vida más sencilla y comprometida nos permite desenmascarar también el negocio de la salud. Una industria farmacéutica que especula con medicamentos muchas veces financiados con fondos públicos, así como organismos como la OMS, cuya independencia se ve comprometida por la financiación privada que la sostiene. Ante esta realidad, nuestra respuesta debe ser la defensa de la verdad.

Ese compromiso con la verdad se vuelve especialmente urgente al mirar lo que esconden las clínicas de fecundación. Bajo una fachada de progreso, se oculta un mercado que explota a mujeres vulnerables y destruye a sus hijos, convirtiendo el milagro de la vida en un producto de consumo. Frente a la visión del hijo como un «derecho», es necesario proponer la belleza del hijo como un don, un don que protege el vínculo sagrado entre madre e hijo.

Esta apuesta por la dignidad nos lleva a los cuidados paliativos, la respuesta humana y solidaria frente a esta cultura de muerte y de una vida en soledad. que afecta al 20% de nuestra sociedad. Cuidar no es solo tratar una enfermedad, es sobre todo abrazar a la persona entera en su debilidad, devolviendo el sentido al sufrimiento y rechazando la eutanasia como una salida falsa que ignora el grito de auxilio del que se siente solo.

Finalmente, el curso nos llama a la acción política «desde abajo», inspirándonos en la mística y las experiencias de las antiguas misiones, donde indígenas y sacerdotes compartían la producción, el trabajo y la vida diaria. También hemos dialogado de la extrema violencia, como los que enfrentan los jóvenes en Venezuela, se nos desafía a romper el círculo del odio mediante una educación y un compromiso que huya del aburguesamiento para consagrar la vida a la justicia y el bien común de manera asociada.

Llegamos así al horizonte de una paz desarmada y desarmante. Una paz desarmada porque exige desmantelar no solo los arsenales, sino también transformar este sistema económico y financiero que se alimenta de las guerras, la expoliación de la Tierra y de los empobrecidos. Pero, sobre todo, una paz desarmante que desde la confianza en Dios y en la vida solidaria, sea capaz de vencer a la violencia. Es la esperanza de una nueva red de «temerosos de Dios» que, sintiéndose familia de familias, trabajemos incansablemente para que la vida sea sagrada desde la concepción hasta la muerte natural. Es el mismo grito que hemos llevado a las calles de Pamplona con la megafonía y las publicaciones, siendo voz de los sin voz, despetadores de una sociedad adormecida.

Por ello os invitamos a continuar este camino juntos desde vuestras localidades junto a los amigos del movimiento uniéndoos a los grupos y actos que vamos realizando a lo largo del año.

Para terminar recordar esta estrofa de la canción que cantamos durante la concentración: “también será posible que, esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver pero habra que forzarla para que pueda ser”. Esa ‘hermosa mañana’ es el Reino que Dios nos promete. Os invito a llevar hacia el altar el compromiso de construir esa ‘hermosa mañana’ del Reino, entregando nuestra vida por los hermanos, por la justicia, por la paz, y todo cante la Gloria de Dios. Por tanto, ¡Ánimo! La victoria es nuestra pues la vida ya ha vencido a la muerte.

Carmelo M.

 

Impacto de la IA sobre el empleo (Comparativa España – EEUU)

Imagen de kalhh en Pixabay

Generar miedo puede  ser (y es) una estrategia para muchas cosas, ninguna de ellas buena. Es este caso los consejos y recomendaciones vienen de quien controla y lidera tanto la investigación como el desarrollo de la IA. Puede tener como fin el control monopolístico y ferreo de los mercados y los pueblos. Es cierto que hay muchos riesgos que controlar y regular, pero los estados llegan tarde o se han sometido/aliado a las grandes plataformas. Podríamos aplicar la frase de «A Dios rogando y con el mazo dando» a los grandes magnates tecnológicos del momento.

No obstante los datos están ahí, y por ahora tenemos que escuchar y analizar los estudios que van saliendo sobre la incidencia de la IA en la sociedad. En este caso del empleo.

Abordamos un informe publicado por Anthropic que evalúa el impacto económico y laboral de la Inteligencia Artificial (IA) de cara a 2030. Trasladamos esas proyecciones al mercado laboral en España. (Extraemos la comparación con los EEUU)

1. Impacto en el empleo y aumento del paro

Se plantea en el escenario más extremo (60% de tareas automatizadas por IA):

    • España: La tasa de desempleo podría prácticamente duplicarse, pasando del ~9,8% actual hasta alcanzar un 18% en 2030.

    • EE. UU.: El paro aumentaría del 4% actual al 11,9% (superando los niveles de la Gran Recesión).

Escenarios alternativo: Si la IA solo se aplica al 20% de las tareas, el desempleo en España se mantendría en torno al 10,7%. Si llega al 40%, alcanzaría un nivel similar antes de dispararse en el escenario del 60%.

Fuente: El economista

Desplazamiento de «empleos cognitivos»:

    • La IA afectará principalmente a las ocupaciones de carácter intelectual o «cognitivo». En España, el desempleo entre estos profesionales específicos podría pasar del 5,6% (escenario modesto) al 20,6% (escenario extremo).

    • La causa del desempleo no es la destrucción instantánea del trabajo, sino el desplazamiento y la imposibilidad de los trabajadores «centrifugados» de colocarse rápido en otro sector, pero con menos ingresos, en la mayoría de los casos. Al automatizarse la tareas cognitivas, la transición de estos trabajadores a otros sectores genera fricciones, barreras de recualificación y pérdidas de ingresos.

2. Productividad versus Salarios

El informe plantea un aumento de la productividad: En el escenario más extremo, el PIB por trabajador crecería un 24,4% en España y un 32,4% en EE. UU.

  • Estancamiento/desvalorización salarial: A pesar del gran aumento del PIB, los salarios medios apenas subirían un 6,8% en España (y un 9,7% en EE. UU.).

  • Brecha de capital (El capital subyuga al trabajo): Gran parte del valor generado por la IA no irá a los sueldos, sino a retribuir el capital necesario para financiar las caras infraestructuras y centros de datos. Además, la sustitución de empleos bien remunerados provocará una devaluación salarial general en esos sectores.

3. ¿Hay aternativas?

Directivos como Dario Amodei (CEO de Anthropic) y Sam Altman (OpenAI), argumentan que la IA impulsará drásticamente la productividad y que los costes o fricciones laborales son «daños colaterales» que deben compensar los gobiernos mediante políticas públicas y monetarias.

Estas propuestas las conocemos. En el fondo están planteando una economía subsidiada para una sociedad controlada y sometida. El capital de tanta plusvalía generada, sometiendo al trabajo y a la humanidad misma. No creemos que sea la adecuada.

Madrid: Crisis migratoria en Sudáfrica

«Las tensiones xenófobas recurrentes en Su­dáfrica deben obligar a un examen más profundo que incluya una reflexión sobre la corrupción, la desigualdad, el desempleo juvenil y el fracaso de las políticas públicas africanas”

Reflexión y testimonio de Rafael Armada, misionero y periodista de Mundo Negro.

Go and Evangelize 150 «The Theological Horizon of Catholic Social Teaching»

Interpreting the Social Doctrine of the Church from a Theological Perspective

Editorial

It is only natural that some of you may have wondered about the following: if the academic consensus dates the birth of the Church’s Social Doctrine to 1891 with Leo XIII’s encyclical *Rerum Novarum*, then did the Church spend 19 centuries without moral guidance in the areas covered by this discipline—that is, in politics, economics, culture, etc.?

Of course not: ever since she emerged from the side of Christ, his bride, the Church has inhabited an ethos—etymologically, a dwelling—of her own, from which she engages with the cosmos in a dialogical and critical manner, acting as the seed and blueprint of what the world and humanity ought to be. Throughout these more than 20 centuries of ecclesial history, the golden rule of the Church’s morality has been “to integrate the secular into the supernatural, respecting its structure and grammar, since it, too, is grace.” This salvific dialogue with society has gone through various stages: at times, the Church has been invasive; at others, we have isolated ourselves; at still others, we have become blurred… but, in general, the Church has been the leaven that has made possible humanity’s greatest achievements, such as: the awareness of the sacred dignity of the person and—therefore—the centrality of the poor, the integral defense of all life, the complementarity of the two sexes, justice and solidarity as the foundation of all relationships, the demystification of the natural  —enabling the birth of experimental science and technology—, the universal destination of goods, the intrinsic bond among all people and even with the rest of creation —integral ecology—, the central role of society and the rejection of tyranny… 

All of this was achieved without there being a specific subject or moral branch of the Church’s social doctrine. It was achieved because the Church holds the glory of the Trinity, revealed to us in the liturgy; the holiness of many of her children; and the wisdom of her finest shepherds and teachers. It is divine glory, holiness, and wisdom that make our home welcoming and transformative, not moralism or rhetoric.

Undoubtedly, it is positive that there is a body of social moral doctrine, such as that which began to be systematically developed starting with *Rerum Novarum*; but that only makes sense if it is integrated into the theological-spiritual whole of the Church. In other words, to understand the scope of the Church’s doctrine on the specific social issues to which it typically refers—labor relations, ideologies, economic problems, political systems, types of education, ecology, technology, artificial intelligence…—we must immerse ourselves in the ecclesial ethos we have just described. Failing to follow this order can lead us either to a social moralism centered on casuistry—which, as a result, fails to offer the Christian perspective—or to a hateful interpretation, whether because it is misguided or lukewarm: the kind offered by conservative, Marxist, and all manner of bourgeois secularist currents.

This is precisely what must be avoided.

Santander: Migrantes y refugiados

Migrantes y refugiados. Testimonio de un sacerdote en la frontera por José Luis González Miranda

Viernes 25 de Septiembre a las 19.00h en la Sala Manuel Sánchez Monge, Santander.

La Iglesia en el corazón del mundo: una clave teológica para la Doctrina Social de la Iglesia

Las divergencias actuales en la interpretación de la Doctrina Social de la Iglesia —a menudo polarizadas entre «progresistas» y «neoconservadoras»— no proceden únicamente de diferencias políticas o económicas. En buena medida nacen de distintas respuestas a una cuestión más profunda: qué es la Iglesia y cómo participa en la misión redentora de Cristo. David L. Schindler, director de la edición inglesa de Communio, revista fundada por Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac y Joseph Ratzinger, propone, inspirándose en el Concilio Vaticano II, una comprensión de la Iglesia como comunión que ofrece una vía superadora de esa polarización.

Por Miguel Ángel Ruiz, para la revista Id y Evangelizad 150

I. La alianza trono-altar

David L. Schindler, teólogo laico norteamericano, desarrolló su pensamiento en el entorno de Communio: International Catholic Review, de la que fue director entre 1982 y 2022. En su libro El corazón del mundo, el centro de la Iglesia: eclesiología de comunión, liberalismo y liberación (1996), del que proceden todas las citas de este artículo, sostiene que dentro de la Iglesia católica conviven diversas formas, a menudo contradictorias, de entender la relación Iglesia-mundo, es decir, el papel de la Iglesia en la transformación de la vida social, política, económica y cultural, cuestión decisiva para interpretar la DSI. De ahí que los desacuerdos contemporáneos sobre la interpretación de la Doctrina Social de la Iglesia nacen menos de distintas opciones políticas que de distintas concepciones acerca de qué es la Iglesia.

Schindler considera que las visiones en competencia tienen su raíz en distintas comprensiones de la Iglesia —diferentes eclesiologías que, a su vez, proceden de diversas formas de entender el acontecimiento cristiano: Cristo, su encarnación y su misión redentora.

Schindler considera que las visiones en competencia tienen su raíz en distintas comprensiones de la Iglesia —diferentes eclesiologías que, a su vez, proceden de diversas formas de entender el acontecimiento cristiano: Cristo, su encarnación y su misión redentora.

Desde una perspectiva histórica, Schindler sostiene que durante muchos siglos dominó en la Iglesia una comprensión dualista de la relación Iglesia-mundo, según la cual ambos debían estar separados. Era la antigua «mentalidad de fortaleza», que levantaba sus murallas frente a un mundo considerado hostil. Se interpretaba así el mandato evangélico de «entrar en el mundo sin ser del mundo» (cf. Jn 17, 13-19).

Pero esta vía «dualista» condujo a otra por la cual la Iglesia «se aventuraría en el mundo para organizarlo […] por medios coercitivos si fuera necesario». Esta segunda corriente respaldó la alianza trono-altar: una forma de presencia eclesial que recurrió al poder coercitivo del Estado para configurar el mundo según un ideal cristiano y desembocó en la absorción del mundo en la Iglesia. Un ejemplo histórico de esta lógica fueron determinadas formas de la cristiandad occidental, donde la estrecha colaboración entre Iglesia y Estado llevó a identificar la unidad de la fe con la unidad política, recurriendo al poder civil para proteger o imponer la ortodoxia (delitos de herejía y apostasía, por ejemplo).

Pero el problema de esta propuesta no fue únicamente la coerción o la violencia, sino la pretensión de instaurar un orden cristiano en el mundo «desde fuera», desde el Estado, en lugar de hacerlo a través de la conversión y la comunión sacramental, es decir, a través del amor.

La comprensión que subyace a esta relación Iglesia-mundo es la de una Iglesia como institución jurídica jerárquica. La consecuencia es inevitable: «Si la Iglesia, aunque sea inconscientemente, se concibe como una institución jurídica y, por tanto, como algo parecido a un poder político, cualquier influencia que quiera tener en el mundo tenderá a ser coercitiva».

Renunciar a esta tendencia coercitiva y mecanicista parecía requerir, en principio, distanciar a la Iglesia de su participación en el mundo —de la vida política, económica, cultural y social—, en otras palabras, volver al dualismo, algo que se materializó una vez rota la alianza trono-altar con la Ilustración y las revoluciones liberales. Así, en buena parte de Occidente durante los siglos XIX y XX, la misión de la Iglesia tendió a concentrarse en el culto, la predicación y la administración de los sacramentos, mientras que la organización de la vida política, económica y cultural pasó a considerarse un ámbito prácticamente autónomo, ajeno a la propia realidad de la Iglesia. Esa lógica sigue presente cuando se afirma que «la Iglesia tiene por fin la salvación de las almas» para justificar su alejamiento de la política.

En el Concilio Vaticano II, los padres conciliares quisieron revertir la situación alejándose tanto de esa alianza como del dualismo Iglesia-mundo. Tras el Concilio, la teología de la liberación y el neoconservadurismo católico ofrecieron dos formas de abrir la Iglesia al mundo.

II. La teología de la liberación

Según el liberacionista, «el propósito de la Iglesia en el mundo es, ante todo, eliminar la injusticia social, especialmente mediante la transformación de las instituciones opresivas o «estructuras de pecado»». Pero —aquí está el problema— encuentra en el propio mundo los recursos necesarios y suficientes para esa liberación: los mecanismos de análisis, las motivaciones y las fuerzas transformadoras. Así, la absorción del mundo en la Iglesia que el Concilio quería evitar termina convirtiéndose en una absorción de la Iglesia en el mundo. Es decir, «la Iglesia entra en el mundo solo para descubrir que su realidad como Iglesia ya está implícita en lo mejor de lo que el mundo es por sí mismo. La Iglesia no es más que la implicación más plena —sacramental— del mundo». Esta conclusión se apoya en que el mundo ha sido creado por Dios y, por tanto, está ya penetrado por la gracia. Es el error que De Lubac denominó la «naturalización de lo sobrenatural». La Iglesia y la novedad cristiana resultan entonces redundantes, pues ya estarían implícitas en nuestra naturaleza.

Al buscar en el mundo las fuerzas suficientes para su liberación, termina aceptando las mismas lógicas —de poder, de conflicto o de eficacia— que pretende superar.

El problema no consiste solo en que la acción política desplace la vida sacramental o convierta a la Iglesia en un agente sociopolítico más. Para Schindler, el propio proyecto de transformación histórica queda finalmente comprometido. Al buscar en el mundo las fuerzas suficientes para su liberación, termina aceptando las mismas lógicas —de poder, de conflicto o de eficacia— que pretende superar. La justicia social pierde entonces su raíz en la comunión trinitaria y en la redención de Cristo, convirtiéndose en una tarea puramente intramundana.

Paradójicamente, al prescindir de aquello que constituye la verdadera novedad cristiana, la transformación del mundo acaba siendo menos profunda, pues puede modificar estructuras, pero difícilmente regenerar el corazón humano del que brotan esas mismas estructuras.

Además, al descubrir en el mundo «lo mejor que el mundo es en sí mismo», el liberacionismo termina importando a la Iglesia las estructuras mundanas que considera valiosas. Si antes del Concilio la Iglesia se identificaba reductivamente con su estructura jerárquica —la eclesiología «jurídica» o «institucional»—, ahora se identifica con una democracia —la eclesiología «democrática» o «sociológica»—, esto es, el liberacionista desea «democratizar» no solo las estructuras seculares sino también las eclesiásticas y este es el sentido que otorga al concepto de Iglesia como «Pueblo de Dios».

III. La teología neoconservadora

El neoconservador católico evita, acertadamente, la absorción de la Iglesia por el mundo, defendiendo la identidad propia de su misión celestial o salvífica, que «no es de este mundo». Además, a diferencia del dualismo, considera que «la Iglesia conserva una misión «terrenal», una responsabilidad para con el bien común de la sociedad». Sin embargo, pretende cumplir esa responsabilidad «mediante el desarrollo de una moral pública que ayude a la sociedad a ordenar sus instituciones y estructuras hacia los fines más elevados de su naturaleza intrínsecamente «secular» o «natural»».

De este modo, «lo que de la Iglesia entra en el mundo es algo distinto de la realidad propia de la Iglesia como Iglesia»; es decir, la Iglesia no aporta al mundo su propia esencia, sino la moral que deriva de ella.

De este modo, «lo que de la Iglesia entra en el mundo es algo distinto de la realidad propia de la Iglesia como Iglesia»; es decir, la Iglesia no aporta al mundo su propia esencia, sino la moral que deriva de ella. La moral actúa como un correctivo, pero no como un principio configurador. Así, deja prácticamente intacta la ontología del orden liberal-capitalista al que se dirige.

El mercado capitalista y la democracia liberal poseen una racionalidad propia, expresada en la «mano invisible», el contrato social, la productividad derivada de la acumulación de capital o la creatividad estimulada por la competencia; y una antropología propia, representada por el homo oeconomicus y por una concepción primordialmente individualista de la libertad. El pensamiento neoconservador considera válida esa racionalidad y esa antropología —la «autonomía de lo temporal»— y entiende que sustituirlas conduciría al autoritarismo político o a la ineficiencia económica, generando un mal mayor del que pretendía evitar.

La misión de la Iglesia consistiría, entonces, en recordar ciertos principios morales —la dignidad de la persona, la solidaridad, el destino universal de los bienes o la defensa de la vida— que permiten corregir los excesos del sistema, pero sin alterar sus categorías fundamentales. La Iglesia renuncia así a inspirar una comprensión distinta de la persona, la libertad, el trabajo, la economía y, en definitiva, la vida social.

En el fondo de esta visión, subyace una cierta desesperanza respecto de la capacidad de la gracia en la historia. El mundo está herido por el pecado y, por ello, resulta ilusorio esperar que las estructuras sociales puedan configurarse ya en la historia según la lógica de la comunión. Lo razonable es, por tanto, organizar la convivencia mediante instituciones liberales a las que la Iglesia aporta una inspiración moral para que funcionen mejor. Schindler, por el contrario, sostiene que esta postura infravalora la fuerza transformadora de la gracia y de la comunión eclesial, capaces de informar desde dentro las realidades temporales sin suprimir su legítima autonomía. La Iglesia no aporta al mundo solo una moral, aporta una comunión capaz de transformarlo desde dentro.

Para esta eclesiología, la realidad de la Iglesia, que va más allá de su estructura jurídica-institucional —la Iglesia como comunión trinitaria, como cuerpo de Cristo, como sacramento—, permanece ajena al mundo y solo resulta relevante en su propio orden privado o realidad interna.

IV. Eclesiología de comunión

Nuestro autor entiende que la presencia eclesial en el mundo debe ser «algo más profundo que la moralidad o incluso que la justicia social, aunque las incluya». Ese «algo más profundo» es la comunión, pues «la comunión, que es intrínseca a Dios como Trinidad, está destinada, por gracia, a ser el camino de todas las criaturas». La respuesta de Schindler es una «eclesiología de comunión». Integra los conceptos esenciales de las eclesiologías antes mencionadas —el principio institucional y jerárquico y el concepto de Pueblo de Dios—, pero reinterpretados a la luz de la comunión.

La Iglesia no es, ante todo, una institución jurídica ni una democracia religiosa, sino una comunidad de comunión que participa de la vida trinitaria: «Cristo no puede ser separado de la Trinidad, y lo que pasa de él a la Iglesia, en lo más profundo de su intimidad, es toda la vida trinitaria». Schindler insiste en que la comunión no elimina el principio jerárquico: la institución sigue siendo necesaria, pero recibe su verdadero significado de la primacía del amor.

Schindler identifica esta eclesiología con la enseñanza del Concilio Vaticano II, desarrollada por san Juan Pablo II y por Von Balthasar. Aunque formalmente aceptada por las distintas corrientes eclesiales, «con frecuencia se ha restringido indebidamente a la vida interna de la Iglesia», siendo que, bien entendida, «permite dar un nuevo sentido a la relación de la Iglesia con el mundo y, por tanto, al mundo mismo».

Esta comprensión presenta a la Iglesia como «sacramento, o sea, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen Gentium, 1). Desde esta perspectiva, la Iglesia no es únicamente la anunciadora de una doctrina o de unos principios morales, sino el lugar donde comienza sacramentalmente la renovación de la humanidad (Lumen Gentium, n. 1 y n. 48). Esta comprensión encuentra eco en el magisterio cuando propone la amistad social y la fraternidad universal no como un mero ideal ético, sino como una forma de convivencia abierta a la acción transformadora de la gracia (Fratelli Tutti, especialmente nn. 94-100 y 180-197).

El fundamento último de esta eclesiología y de la consiguiente participación de la Iglesia en el mundo está en los acontecimientos históricos de la encarnación y la redención: «en la revelación del misterio del Padre y su amor, Cristo revela al hombre el significado del hombre mismo. […] La Iglesia es el cuerpo de Cristo. La Iglesia, en Cristo, es el sacramento de la comunión con Dios y de la unidad de todos los hombres». La Eucaristía expresa de modo eminente esta unión entre Cristo y la Iglesia.

Así pues, «la Iglesia, en Jesucristo, está intrínsecamente dirigida hacia el mundo», porque «en la medida en que prolonga la misión encarnacional de Cristo, participa del acto redentor de Cristo, orientado a atraer a todo el mundo a la comunión que comparte con su Padre en el Espíritu (Jn. 17:18-23)». La redención resulta necesaria porque «las criaturas, aunque creadas a imagen de Dios, tienen todavía que realizar dicha imagen a través de su redención».

El papel propio de la Iglesia en el mundo «consiste en ofrecerle algo esencialmente «sobrenatural»: una Iglesia concebida como communio sanctorum, el sacramento de la comunión trinitaria revelado en Jesucristo. Y —aquí está el punto clave— la Iglesia, precisamente en su comunión «sobrenatural», posee una dinámica intrínseca capaz de transformar el mundo […] la clave de una eclesiología de comunión es que la Iglesia solo puede ser ella misma impregnando el mundo —y, por tanto, sus órdenes socioeconómico y cultural— siendo «ella misma». Pero esto, a su vez, también implica que la plenitud del mundo solo puede realizarse dejándose impregnar por la Iglesia».

Por eso la Iglesia no es una realidad redundante. Cuanto más interdependiente se vuelve el mundo, más necesaria resulta su misión de conducir toda realidad hacia la comunión en Cristo (cf. Lumen Gentium, 9), «para sanar el mundo, para liberar cualquier realidad humana o no humana o cualquier aspecto de ella para que sea lo que realmente es, debemos mirar a la Iglesia».

La transformación del mundo exige también la participación del cristiano en el misterio pascual, fuente última de toda esperanza: «el cristiano estará ciertamente obligado, tanto por la necesidad como por el deber, a luchar contra el mal en medio de muchas aflicciones y a sufrir la muerte; pero, como quien ha sido asociado al misterio pascual y preparado para la muerte de Cristo, avanzará, fortalecido por la esperanza, hacia la resurrección».

V. Capitalismo, comunismo y verdadera liberación

Lo expuesto permite clarificar la relación de la Iglesia con los sistemas jurídico-políticos y económicos dominantes: el capitalismo y el comunismo. Schindler interpreta Centesimus Annus en un sentido preciso: la Iglesia no propone una «tercera vía» como sistema económico o político, sino como eclesiología. Precisamente siendo Iglesia —comunión— está llamada a transformar tanto el capitalismo como el socialismo desde dentro, respetando la legítima autonomía de las realidades temporales («iusta autonomia»: Gaudium et Spes, n. 36).

Desde esta perspectiva, el liberacionismo termina justificando el socialismo y el neoconservadurismo legitimando moralmente el capitalismo. La eclesiología de comunión, por el contrario, busca transformar ambos desde los recursos propios de la Iglesia: la comunión, el respeto a la libertad y la paciencia histórica propia de la esperanza cristiana.

De este modo «en contraste con la «vieja» teología de la liberación, que pretende identificar liberación con humanización y humanización con desarrollo, una eclesiología de comunión afirma inequívocamente que la liberación es, fundamentalmente, una cuestión de redención, que solo se puede alcanzar en Cristo a través de María-Iglesia. Es una liberación salvífica, pues es una liberación del pecado y, en su naturaleza salvífica, es integral, pues comprende todos los aspectos del ser humano, incluidas todas las formas de justicia terrenal».

En contraste con la teología neoconservadora, una eclesiología de comunión insiste en que la salvación es intrínsecamente social y encarnacional: «incluye la totalidad de la persona en su ser físico y en sus actividades en el mundo y está llamada a comenzar ya en esta vida».

VI. La Iglesia en el corazón del mundo

Los católicos, por tanto, harían bien en construir realidades temporales —sociales, políticas, económicas y culturales— que sean acordes a su verdadero ser como miembros de una Iglesia, cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios, llamada a ser presencia del amor trinitario en el mundo. No se trata de construir instituciones confesionales, sino realidades comunionales, en cuanto aspiran a hacer real el amor divino sin acomodarse a «los caminos del mundo».

Lejos de ser una propuesta exclusiva para los católicos, esta propuesta posee vocación universal: vale también para todos los hombres de buena voluntad, «en cuyos corazones actúa invisiblemente la gracia», pues, «ya que Cristo murió por todos y todos los hombres están llamados a un mismo destino, que es divino, debemos sostener que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de asociarse, de un modo conocido por Dios, al misterio pascual» (Gaudium et Spes, n. 22).

La cuestión decisiva no es si la Iglesia debe estar presente en el mundo, sino qué Iglesia se hace presente en él. Según Schindler, solo una Iglesia que vive realmente como comunión puede ofrecer al mundo una transformación que no sea ni imposición ni adaptación, sino participación en la vida nueva inaugurada por Cristo. Solo siendo plenamente Iglesia puede renovar verdaderamente el mundo.

El petroleo venezolano: Un contrato leonino con los EEUU

El término «leonino» proviene de una famosa fábula de Esopo1Las fábulas de Esopo son relatos breves de la Antigua Grecia protagonizados por animales o seres inanimados que transmiten una enseñanza moral o moraleja llamada «La parte del león» (o las vacas con el león).

En la historia, un león, una vaca, una cabra y una oveja van juntos de caza y atrapan un ciervo. A la hora de dividir la presa en cuatro partes iguales, el león argumenta por qué se va a quedar con todo: La primera parte se la queda por ser el Rey de la selva. La segunda parte le pertenece por ser el más fuerte del grupo. La tercera parte la toma porque corrió más que nadie durante la caza. La cuarta parte… reta a los demás animales a que intenten quitársela si se atreven. Al final, el león se queda con todo el botín gracias a su fuerza y superioridad, dejando a los demás sin nada. De ahí nació la metáfora en el derecho y el lenguaje común: un acuerdo es «leonino» cuando, emulando al león de la fábula, la parte poderosa redacta el contrato de tal forma que se asegura todas las ventajas, mientras que la parte débil solo recibe las obligaciones y los riesgos.

Desde la detención de Nicolás Maduro y la coronación de Delcy se han precipitado los acontecimientos en los acuerdos petroleros impuestos por Washington. El desgobierno de Venezuela ha pasado de denunciar el imperialismo yanqui a entregar a precio de coste (de extracción) un 20% de las reservas del país y el derecho de primera opción sobre el 80% restante.

El presidente estadounidense bautizó la operación como «el mayor acuerdo petrolero de la historia» y aseguró que se realizará mediante una asociación con empresas privadas y «sin coste para el contribuyente estadounidense». El pacto fue negociado por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, con Delcy Rodríguez.

El «pacto» establece una alianza con la empresa NABEP, permitiendo a la administración estadounidense (a través del Departamento de Defensa) adquirir una participación accionaria del 35% y derechos exclusivos sobre la producción a precio de costo. Mientras el gobierno venezolano defiende la adjudicación directa como una medida urgente para reactivar la industria, diversos expertos advierten sobre un posible sacrificio fiscal superior a los 6.000 millones de dólares. Es una pérdida del control fiscal de los ingresos. Conforme a la Orden Ejecutiva 14.373 de EE. UU., los pagos por regalías e impuestos correspondientes a Venezuela deben depositarse en cuentas custodiadas por el Departamento del Tesoro estadounidense (Foreign Government Deposit Funds), lo que priva al fisco venezolano del control directo sobre sus ingresos petroleros.

Las autoridades estadounidenses y el presidente Donald Trump afirman que el acuerdo otorga a EE. UU. el control operativo e indirecto sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas en 17 campos petroleros mediante concesiones a 100 años para NABEP.

Inversiones necesarias

La extracción del petróleo venezolano requiere inversiones cuantiosas, porque muchos de los pozos son irrecuperables y requieren un gran esfuerzo técnico y económico. Para la extracción de este tipo de petróleo (pesado)2El petróleo crudo pesado tiene una densidad muy alta y es extremadamente viscoso (espeso como el alquitrán). Esto hace que sea casi imposible bombearlo a través de los oleoductos desde los campos de extracción hasta las refinerías se necesita inyectar vapor de agua y nafta para disminuir su viscosidad y densidad. Por eso este tipo de petróleo comienza a ser comercializable por encima de los 80 dólares el barril. Estas inversiones necesarias llevará tiempo ejecutarlas, y evidentemente, EEUU (multinacionales petroleras) pondrá la mano para cobrarlas.

El acuerdo desplaza a otros actores comerciales que hasta ahora controlaban las transacciones de este tipo.

El marco normativo emitido por el Departamento del Tesoro estadounidense inhabilita formalmente las alianzas con China y satélites. Las Licencias Generales dictadas por la OFAC3Una licencia OFAC es una autorización formal emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EE.UU. que permite a una persona, empresa o entidad realizar transacciones que de otro modo estarían prohibidas bajo los programas de sanciones activos. Sin una licencia válida, cualquier transacción con una parte sancionada puede resultar en multas civiles millonarias o incluso responsabilidad penal. (como la GL 46A y la GL 52B) prohiben estrictamente cualquier transacción, contrato o negocio que involucre a personas o entidades ubicadas u organizadas en Irán, China, Rusia, Cuba o Corea del Norte… China ha comprado históricamente un porcentaje muy elevado de las exportaciones petroleras venezolanas (con frecuencia a través de flotas en la sombra y pagos en yuanes), veremos donde deriva esta tensión con los americanos.

Y también viola la misma constitución venezolana. La intervención directa y los derechos otorgados a un Estado extranjero sobre la producción en suelo venezolano abren dudas sobre la violación de la prohibición constitucional de enajenar o arrendar derechos soberanos sobre el territorio…

Venezuela vive sin gasolina en la superficie, mientras debajo alberga un mar de petróleo.  Es como si esas bolsas de petroleo que cuelgan del subsuelo venezolano fueran un lastre histórico de un país rico en petroleo, oro, bauxita, tierras raras, coltán…

Sospechamos, que una vez más, el petróleo venezolano no servirá para levantar la economía del país, diversificando e industrializando su economía (sin monocultivos); sino que, como ha sucedido en los últimos 50 años, se utilizará para repartir los beneficios entre las élites de siempre (y cargos políticos), mientras los venezolanos esperan una tímida normalización política. Ojalá estemos equivocados. Queda mucho por hacer para superar esta maldición de los recursos, pero todo pasa por formar políticamente al pueblo. Siempre hay esperanza, pero tenemos que ver lo que tenemos delante.

Alberto Mangas (Consejo de Redaccion Voz de los sin Voz)

Padre Miraglio: “En un país a la deriva (Haití), construimos comunidades pacíficas y solidarias”

Cinco horas de camino desde la carretera transitable más cercana, entre empinadas colinas, valles y ríos que apenas llevan ya agua. Este es el recorrido necesario para llegar a Nan Miel, una de las localidades más aisladas del interior de Haití, donde el padre Massimo Miraglio, MI, párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro de Pourcine Pic Makaya, ha visitado recientemente la capilla de San Bernardo con motivo de la fiesta patronal.

«Es una zona de difícil acceso», cuenta el misionero a la Agencia Fides. A lo largo del camino se encuentran pequeñas aldeas habitadas sobre todo por familias de agricultores, que carecen de los servicios básicos. No hay escuelas, centros de salud ni agua potable. «Y de electricidad, ni hablar».

A pesar de las dificultades, la comunidad ha acogido con cariño al misionero y la celebración de la fiesta ha reunido también a fieles procedentes de localidades cercanas, muchos de los cuales han tenido que caminar durante varias horas. Por la tarde hubo un partido de fútbol y después música hasta que se agotó la gasolina del pequeño generador. «Con un balón y dos altavoces -cuenta el padre Miraglio-, la gente pasó un día estupendo, sin incidentes».

Durante los tres días de visita, han sido numerosos los encuentros con la población. El tema recurrente ha sido el abandono por parte del Estado de las zonas más aisladas, una situación agravada por los efectos de la sequía. «La última cosecha salió mal precisamente en vísperas del comienzo del nuevo curso escolar. Con la escasez de los productos de la tierra, las comidas se reducen para todos, niños y adultos, a muy poca cosa».

El viaje de regreso se ha realizado junto a una pequeña delegación. A lo largo del camino, las mulas siguen siendo un medio indispensable para transportar las pocas mercancías. «De vez en cuando saludábamos a la gente que encontrábamos y nos hemos comprometido a regresar en cuanto sea posible».

Entre las prioridades identificadas por la comunidad está la construcción en Nan Miel de una pequeña estructura de madera y chapa destinada a acoger las celebraciones religiosas, los encuentros comunitarios y los primeros pasos de una escuela. Una segunda intervención consiste en acondicionar el manantial local, fundamental para garantizar el abastecimiento de agua.

«Como en tiempos de las primeras comunidades cristianas, también hoy las visitas a otras comunidades son importantes para alimentar la esperanza, fortalecer la fe y mejorar, de cara al futuro, las condiciones de vida de la población»

«Como en tiempos de las primeras comunidades cristianas, también hoy las visitas a otras comunidades son importantes para alimentar la esperanza, fortalecer la fe y mejorar, de cara al futuro, las condiciones de vida de la población», subraya el padre Massimo.

El misionero describe una situación difícil en todo el país, no solo en las grandes ciudades, donde las bandas armadas han impuesto una inseguridad cada vez mayor. «En cada viaje toco con mis propias manos las enormes dificultades de la realidad haitiana. Es un país a la deriva, no solo en las grandes ciudades a causa de las bandas armadas, sino también en las zonas más remotas del interior. Aquí se libra una “guerra en la retaguardia” que resulta cada vez más difícil de sostener».

En este contexto, la misión de la Iglesia sigue centrada en acompañar a las poblaciones más vulnerables. «En nuestro esfuerzo por transmitir la fe -concluye el religioso camiliano-, trabajamos para construir comunidades pacíficas y solidarias».

(AP) (Agencia Fides 4/9/2026)

Del Seat 600 al blindado. Tendencias de un mundo en guerra.

Hace 60 años, el Seat 600 símbolo de al menos una generación de españoles, transitaba por las sinuosas carreteras de nuestra «piel de toro» lento y seguro. Un símbolo del desarrollismo español. El modelo fue producido entre 1959 y 1973, ¡nada menos!.

Hace apenas unos días, leíamos en la prensa la segura desaparición de la marca Seat (Grupo Volkswagen). Pero de fondo hay algo más que un cambio de marca de coches, hay una transformación hacia la industria armamentística.

Hagamos un poco de historia subidos al seat 600. De SEAT a Volkswagen. INI y venta a las multinacionales.

El SEAT 600 se construyó bajo licencia de la Fiat sobre el original Fiat 600. El Fiat 600 original se presentó en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1955. Fue considerado un ícono del milagro económico español (de la autarquía al desarrollismo). Para su constitución (Seat), se había creado una sociedad en la que el INI y la banca española contaban con la mayoría de las acciones y Fiat poseía el 7%, mediante una fórmula que luego Fiat utilizó profusamente, los llamados accordi di fabbricazione. En estos acuerdos Fiat era el «socio tecnológico» que obtenía un retorno a través de royalties.

En 1983, Volkswagen tomó el control del 49% de las acciones de SEAT y se reservó el Estado español el control del 51% restante.

Finalmente, en 1986 el Estado se empieza a desprender de su participación accionarial, que pasó a Volkswagen A.G, primero igualando las acciones al 51% para pasar a un 75% a final de ese año y a ser el accionista mayoritario y que le daba el compromiso entre otros de impulsar la nueva factoría que se estaba construyendo para la marca SEAT en Martorell, prevista en terminarse para su inauguración siete años después, en 1993. La solución tomada por el gobierno de Felipe González, que propició la venta, fue la inyección en la caja de SEAT de 180.000 millones de pesetas para después vender un primer paquete accionarial a Volkswagen por 40.000 millones de pesetas. Alguna fuente señaló que cuando se vendió SEAT a Volkswagen, Fiat mostró su desacuerdo, haciendo ver que en esas condiciones también se habrían quedado ellos con SEAT. Posteriormente, se vendió a la rama de vehículos pesados del grupo Fiat, Iveco, la marca de camiones Pegaso y sus factorías de camiones, que, a diferencia de su competidora de propiedad privada Barreiros (rentable), siempre trabajó con pérdidas.

La industria del automóvil siempre estuvo ligada a la industria armamentística

La industria del automóvil siempre estuvo ligada a la industria de armas (y aquí nos liberamos del eufemismo de Defensa). Empresarios ligados a la industria militar, y también exmilitares de alto rango estuvieron en los inicios de Seat en el franquismo. Esto ha sido una constante en la industria automovilística en casi todo el planeta. Su capacidad para la versatilidad en el cambio de fabricación de automóviles a armamento en un momento concreto de la historia. Desde los años 80 lo llevamos diciendo en las Ediciones Voz de los sin Voz.

El giro de Europa. El giro de Volkswagen y el de otras…hacia el armamento.

En este momento histórico, la competencia china, el precio de la energía y las necesidades de rearme europeo, han provocado el volantazo de la industria en general, pero sobre todo en la automovilística. Asistimos a una progresiva reconversión de la industria automotriz y de ingeniería hacia el sector de la defensa como respuesta a la crisis estructural del sector industrial convencional.

Empleo: El grupo alemán pretende recortar 50.000 puestos de trabajo, lo que eleva el número de despidos a 100.000 de aquí a 2030 en todo el mundo. El 15% de su plantilla.

Otro dato: La producción de vehículos en Alemania cayó un 40%, pasando de 5,7 millones de unidades en 2017 a 3,8 millones en 2025.
Como no podía ser de otra manera, acorde con esta estrategia, se produce una fuga y trasvase de talento (profesionales). Ante los planes de cierre de plantas y recortes en gigantes como Volkswagen, ingenieros cualificados están migrando masivamente hacia el sector de armas. Estamos ante una estrategia que va más alla de una empresa multinacional. Europa apuesta por el rearme.
«Estamos ante una estrategia que va más alla de una empresa multinacional. Europa apuesta por el rearme»
Ejemplo: La estrategia «Auto2Defence» se refiere principalmente a una iniciativa estratégica industrial de país (Alemania). Fue impulsada por la Asociación Alemana de la Industria de Seguridad y Defensa (BDSV) y consiste en transferir mano de obra, ingenieros y conocimientos especializados desde la industria automotriz hacia el sector de la defensa y armamento.
La idea central de este concepto se basa en aprovechar que ambos sectores comparten tecnologías clave:
  1. Procesos de fabricación automatizados y robótica.
  2. Tecnologías de propulsión y movilidad pesada.
  3. Sistemas avanzados de seguridad, sensores y software
El 38% de las empresas del motor ya trabajan para el sector militar y más del 30% de las empresas alemanas planean entrar o profundizar en este mercado. Volkswagen mantuvo discretas reuniones en su momento para reorientarse hacia la industria armamentística tras reducir su resultado neto a 200 millones de euros. Otra compañía, Mercedes-Benz, se alió con la startup Tytan Technologies para suministrar vehículos de defensa móvil antidrones (furgonetas Sprinter y todoterrenos Clase G modificados). Daimler Truck y Heidelberger Druck: Firmaron cartas de intención o acuerdos para producir camiones, lanzadores, generadores y tecnología militar junto a firmas como la israelí Rafael.
Otras como Quantum Systems y Ondas conformaron alianzas estratégicas para el desarrollo de drones.

La Federación Alemana de Ingeniería Mecánica (VDMA) prevé un aumento de las órdenes de defensa de hasta un 5-6% de la cuota de ventas, generando empleos de alta tecnología a medio y largo plazo.

Quiénes son los principales actores de este movimiento:

  1. Empresas tecnológicas participadas mayoritariamente por los estados. (INDRA en España)
  2. Fábricas de armas y otras industrias reconvertidas. Industrias pesadas, astilleros, empresas de mecanizado y aleaciones…
  3. Empresas de software, de ciberseguridad, de diseño aeroespacial, de drones y aeronáutica, y un largo etcétera de empresas de tamaño grande y mediano.
  4. La banca ¡por supuesto!. Que está obteniendo suculentos beneficios en este sector y en otros.

 

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