SOBRE la FAMOSA LLAMADA del 11 M

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Sabíamos que hubo una cena. Se lo habíamos contado a ustedes. Ahora Casimiro García-Abadillo, en su libro «11-M, La Venganza», y en la edición de hoy de "El Mundo" nos cuenta los detalles de la famosa cena…

Lunes 20 de septiembre de 2004
Por Cristina López Shlichting

Sabíamos que hubo una cena. Se lo habíamos contado a ustedes. Ahora Casimiro García-Abadillo, en su libro «11-M, La Venganza», y en la edición de hoy de «El Mundo» nos cuenta los detalles de la famosa cena. Fue en el restaurante madrileño «La Hacienda», el doce de marzo, y estaban Pepín Blanco, Rubalcaba, otros dirigentes del PSOE y el periodista Miguel Ángel Sacaluga. Y sonó el teléfono. Y era Margarita Robles que le dijo a Pepín que los servicios secretos franceses confirmaban que se trataba de un atentado musulmán. Hubo alegría en la fiesta. No era ETA, así que podían ganar las elecciones ¿Quién le había contado todo a Margarita?. Pues la juez Le Vert, casada con un prominente jerarca de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad franceses. ¡Qué más da con quién! dirán ustedes. Pues no porque el marido de Le Vert es masón de altísimo grado, como el padre del Ministro de Justicia, López Aguilar; como el abuelo de Zapatero y como varios de los actuales ministros socialistas. Que sean o no masones me da igual, pensarán ustedes. Pues no, no da igual, porque existen organizaciones cuyos miembros se son leales y se ayudan por encima de la lealtad a los Gobiernos y al orden establecido. O sea, que delinquen. Y no otra cosa hicieron los de la cena cuando supieron a través de sus amigos masones cosas ten graves y no se lo dijeron al Gobierno legítimo de esta nación. Eso, antes se llamaba traición.

Sabíamos que hubo una cena. Se lo habíamos contado a ustedes. Ahora Casimiro García-Abadillo, en su libro «11-M, La Venganza», y en la edición de hoy de «El Mundo» nos cuenta los detalles de la famosa cena. Fue en el restaurante madrileño «La Hacienda», el doce de marzo, y estaban Pepín Blanco, Rubalcaba, otros dirigentes del PSOE y el periodista Miguel Ángel Sacaluga. Y sonó el teléfono. Y era Margarita Robles que le dijo a Pepín que los servicios secretos franceses confirmaban que se trataba de un atentado musulmán. Hubo alegría en la fiesta. No era ETA, así que podían ganar las elecciones ¿Quién le había contado todo a Margarita?. Pues la juez Le Vert, casada con un prominente jerarca de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad franceses. ¡Qué más da con quién! dirán ustedes. Pues no porque el marido de Le Vert es masón de altísimo grado, como el padre del Ministro de Justicia, López Aguilar; como el abuelo de Zapatero y como varios de los actuales ministros socialistas. Que sean o no masones me da igual, pensarán ustedes. Pues no, no da igual, porque existen organizaciones cuyos miembros se son leales y se ayudan por encima de la lealtad a los Gobiernos y al orden establecido. O sea, que delinquen. Y no otra cosa hicieron los de la cena cuando supieron a través de sus amigos masones cosas ten graves y no se lo dijeron al Gobierno legítimo de esta nación. Eso, antes se llamaba traición.