XXXVII EDICIÓN DEL AULA MALAGÓN ROVIROSA

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Ya hace treinta y siete años que pusimos en pie de paz, y de justicia, este espacio de formación y vida, de espiritualidad y lucha en España, al que se una desde hace quince años su hermana el Aula Julián Gómez del Castillo, en Venezuela.

Y la pregunta por su razón de ser no ha dejado de resonar en todas y cada una de las ediciones. Porque este Aula, espacio de encuentro para los que están en las cunetas de la historia y los que quieren compartir su vida, no es más que un humilde y honesto esbozo de respuesta a las preguntas que nos hace cada época, cada momento existencial, cada latido del palpitar colectivo.

Hay momentos en los que cuesta respirar. Momentos de triaje. Momentos oscuros en los que escuchas a todo el mundo eso de “madre mía, ¡la que está cayendo!”. Momentos en dónde la ceguera, que nos ha impedido ver que para la mayoría de la humanidad esa era su circunstancia vital habitual, se transforma, al menos momentáneamente, en un chispazo de luz. Este parece ser uno de ellos. Un momento en el que cuesta respirar y mirar y ver y mucho más confiar en el inexistente “sentido común”. La sindemia mundial del Covid, aún en vías de mostrarnos todas sus consecuencias, se ha concatenado con un estallido de violencia en el corazón del continente euroasiático.

Aula Malagón-Rovirosa

El hambre, la explotación y la esclavitud, la violencia y la guerra…la muerte, también la muerte de la tierra, ya llevan campando siglos en los siglos del “progreso” y del sueño de la razón “ilustrada”. Hacía falta tener cerca este momento, rozando nuestra piel o echándonos su aliento,  para que nuestro cuerpo colectivo, para algunos abrigado en la “sociedad del bienestar”, saliera de su zona de confort (que se dice ahora). Ahora nos damos cuenta de que la cacareada globalización no era más que la escusa para que “los de siempre”, ahora reconvertidos, reciclados y sostenibles, pudieran conquistar(nos) sin resistencia alguna. Porque, efectivamente, lo que se ha globalizado aquí, premeditadamente, ha sido la violencia contra los débiles y la impotencia para hacer frente a tamaña violencia.

Archivo-Eucaristía Aula Malagón-Rovirosa

Primero nos han confinado, condenándonos al ostracismo y al solitarismo de una sociedad que dice sentirse “más libre” sin ningún vínculo o con vínculos líquidos. Después nos han prometido, sólo a unos cuantos privilegiados, que, para vivir seguros, encerrados en nuestras fronteras ciegas a la iniquidad de tanto mal, es necesario vender el alma y comprar más armas.

¿Qué puede aportar el Aula Malagón Rovirosa a tamaños desafíos? Lo dicho. Sólo el amor, un amor que es angustia; que es búsqueda de la verdad y la luz; que es búsqueda del bien, del Bien que deseamos a quien amamos de verdad, del Bien común; que es compartir el camino de los desheredados, de los descalzos, de los descartados; que es lucha, compromiso activo asociado, organizado, reflexionado y discernido en común; … Sólo el amor nos convence de que existe en el mundo un lugar para nosotros.

El Aula no es más que un testigo esperanzado, un signo tozudo, perseverante en el tiempo, pequeño, pero muy real, de que lo que no construye solidaridad y fraternidad está condenado al fracaso y a la desesperanza. El Aula, ya la hemos descrito muchas otras veces, es un espacio de encuentro, de estudio, de trabajo común y para el común, de reflexión, de oración y vida, que trata de mantener viva la llama de la auténtica vocación a la que todos hemos sido llamados: la de construir un mundo de hermanos, donde los más débiles puedan sentarse a la mesa como los preferidos. No es el lugar de “los buenos”. Ni es un oasis de paz y armonía.

Allá vamos todos y cada uno con nuestras cargas, cargos y heridas. A demostrar que la debilidad compartida es la más bella fuente de esperanza para la humanidad. De la manera en la que lo demostró un tal Jesús (para nosotros el Cristo) en el silencio despreciado de Nazaret, y en el cenáculo, rodeado de tan sólo 12 amigos. Incluido el que le traicionó.

Editorial