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El trabajador autónomo en tierra de nadie

Deberían gozar de una mayor protección, pero se encuentran en tierra de nadie. Más de 230.000 autónomos que trabajan prácticamente en exclusiva para un solo cliente no tienen registrados sus contratos en el Servicio Público de Empleo Estatal y, por tanto, no son considerados Trade, es decir, trabajadores autónomos económicamente dependientes

¿Esto qué significa? Pues que no gozan de la protección ni disfrutan de los derechos que deberían tener por pertenecer a esta figura reconocida en la Ley del Estatuto del Trabajo Autónomo.

De hecho, sólo un 4% de los autónomos dependientes están registrados y pueden ejercer sus derechos, según denunció este martes UPTA (la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos).

Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en la actualidad 281.000 autónomos reconocen estar trabajando en exclusiva para una sola empresa o casi en exclusiva, compaginando esta actividad con otros trabajos esporádicos. 100.400 se encuentran en la primera situación y 180.600 en la segunda.

De estos 281.000 autónomos, se deben descontar los 40.000 que trabajan en el sector agrario, ya que tienen otras condiciones no equivalentes, y quedan así 241.000 que por las características de su actividad deberían ser considerados Trade. Sin embargo, no todos los son. Tan sólo 10.500 han registrado sus contratos en el Servicio Público de Empleo Estatal y pueden considerarse efectivamente Trabajadores Autónomos Económicamente Dependientes.

La esclavitud del falso autónomo

Conviene no confundir, no obstante, esta figura con la del falso autónomo, una práctica muy extendida en España, sobre todo a partir del estallido de la crisis.

El falso autónomo es aquel trabajador que realiza una actividad como un asalariado, pero en lugar de firmar un contrato laboral es obligado a darse de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). De este modo, el empresario se ahorra los costes a la Seguridad Social y puede despedir al trabajador cuando quiera sin tener que pagarle una indemnización.

En definitiva, el falso autónomo no disfruta de ninguno de los derechos que sí tienen sus compañeros con contrato como vacaciones, días de asuntos propios, etc, y, además, no cobra el finiquito cuando se prescinde de sus servicios ni cobra el paro.

A diferencia del autónomo dependiente, el falso autónomo sí acude todos los días a la oficina o al lugar de trabajo y tiene un horario fijo. Recibe una retribución determinada de forma unilateral y no tiene capacidad para decidir los trabajos que hace ni cómo se organiza.

Fuente: Diario El Mundo

Revolución social y DSI. Campaña por la Promoción de la Lectura Social

Este nuevo artículo que publicamos en Solidaridad.net y en concreto dentro de la campaña por la promoción de lectura social, va dedicado a todas las personas, en especial a grupos, que están trabajando, reflexionando y presentan una inquietud por conocer la Doctrina Social de la Iglesia.

Os presentamos un alegato para que los cristianos y todas las personas de buena voluntad nos tomemos en serio que es posible hacer una Revolución social. Esta palabra no nos debe dar miedo, porque nada tiene que ver con la violencia; a pesar de que muchas revoluciones sociales se hayan hecho imponiéndose desde el terror.

El libro La revolución social en la Doctrina social de la Iglesia, nos ayuda a pensar juntos, cómo debiéramos organizar el mundo:  sus estructuras económicas, políticas, socio-laborales y culturales-religiosas, conforme a la dignidad inviolable de toda persona humana, tal y como soñaron,  a su manera, las asociaciones obreras solidarias, verdaderos acuñadores del concepto de Revolución social.

Alfonso Gago Bohórquez. Catedrático de electrónica Universidad de Málaga, después de muchas horas de estudio y desde una vida en la que trata de hacer un proceso de conversión permanente a Cristo, escribe este libro, que tanto bien nos va hacer, especialmente a los cristianos.

La Doctrina Social de la Iglesia es el mayor tesoro con que cuenta la humanidad de cara a la construcción de una sociedad justa y fraterna en la que todo está ordenado para servir a todas y cada una de las personas, conforme a la dignidad inalienable que le corresponde por su propia esencia natural y por su criatura hecha a imagen y semejanza del propio Creador.

Muchos siglos antes, Jesús de Nazaret introdujo en la historia humana la semilla de una gran revolución para ser realizada por los desposeídos de la Tierra, pero a la que estamos invitados todos y cada una de las personas que formamos la gran familia humana.

Queridos amigos, os invitamos a adquirir el libro en nuestra librería DERSA-Casa de Cultura, por una colaboración económica de 1 euro.

Si os parece interesante, os invitamos a que hagáis promoción del mismo, porque sabemos que los libros son un producto de primera necesidad para que seamos cada vez más libres para hacer el cambio que necesita el mundo.

 

En recuerdo de Heleno Saña (DEP). «La fuerza de los débiles es la solidaridad»

Diálogo entre Julián Gómez del Castillo y Heleno Saña dentro del Aula Malagón-Rovirosa que tuvo lugar en Sta. M.ª del Espino (Burgos) en el año 1991.

Este vídeo publicado hace 13 años es un documento histórico. Un diálogo militante con su amigo Julián Gómez del Castillo, en el contexto político del momento. Lo publicamos en memoria de este amigo del Movimiento Cultural Cristiano y de Julián.

Heleno Saña falleció el pasado 23 de agosto de 2026 (edad 95 años)

 

A vueltas con la IA: imperialismo tecnológico

Es momento de hablar con claridad y posicionarse: la Inteligencia Artificial (IA) se está configurando como uno de los mayores instrumentos de poder de la historia de la humanidad, y no estamos exagerando para dar fuerza a nuestros argumentos, pues es, verdaderamente, una tecnología que está cambiando la historia de forma dramática y acelerada a favor de los fuertes y poderosos.

Editorial de la revista solidaria Autogestión

La IA no es sólo una herramienta tecnológica. Es un instrumento que permite concentrar información, decisión, vigilancia, influencia y control en manos de muy pocos, el poder tecnológico, político y financiero. Por eso, la cuestión central no reside en su capacidad técnica, sino en qué manos está y en el proyecto de mundo y persona al que sirve.

Habitamos en medio de un entramado capitalista, tecnológico-financiero, que ha convertido nuestras vidas en territorio de explotación. No solo nos utiliza como materia prima, extrayendo datos de nuestras relaciones, búsquedas, desplazamientos, gustos, miedos y deseos, sino que también está empeñado en someter nuestras capacidades humanas, laborales, creativas y espirituales a la lógica del beneficio del lucro. Aquello que hemos recibido como Bien Común, y que debería estar al servicio de los pueblos, queda reducido a recurso productivo, mercancía o información explotable. Esta lógica no se detiene ante nada: basta mirar la explotación laboral, la precarización creciente o, incluso, la esclavitud infantil en fábricas y minas para comprender que el sistema no renuncia a ninguna forma de dominio cuando esta sirve a la acumulación económica y de poder.

Asistimos además a una concentración de poder sin precedentes. Hay una alianza cada vez más estrecha entre grandes corporaciones tecnológicas, fondos financieros, complejos militares, élites políticas y Estados. Su capacidad es inmensa e impredecible. Dominan las infraestructuras digitales, los algoritmos, los datos, las redes de comunicación y los ejércitos.

La IA no pertenece al futuro. Está reorganizando el presente. Atraviesa el trabajo, la educación, la medicina, la economía, la política, la cultura, la religión y la vida cotidiana de cada uno de nosotros. No nace en el vacío ni es neutral: nace en el seno de una cultura predominantemente imperialista que nos coloca a todos, sin excepción, al servicio de su lógica perversa, la lógica del beneficio, del control y de la acumulación.

Por eso, si no se le disputa su sentido, producirá más desigualdad, más injusticia, más vigilancia y más descarte. No basta con admirar su potencia técnica: hay que preguntarse por sus víctimas. ¿Qué ocurre con quienes pierden su trabajo? ¿Qué ocurre con los jóvenes formados para obedecer sistemas que no comprenden? ¿Qué ocurre con los empobrecidos, atrapados en una cultura tecnológica que debilita su capacidad de respuesta? ¿Qué ocurre con los pueblos que no controlan ninguna infraestructura tecnológica? ¿Qué ocurre con la democracia, o lo que queda de ella, cuando la opinión pública está siendo manipulada a escala masiva?

No podemos juzgar la IA desde la fascinación técnica ni desde los intereses del mercado, sino desde la defensa radical de la dignidad humana. La IA solo puede ser moralmente aceptable si está al servicio del bien común, de la justicia y de quienes este sistema empobrece, invisibiliza y descarta. Cuando una tecnología aumenta el poder de los poderosos y deja aún más indefensos a los más débiles, no estamos ante el progreso. Estamos ante un incremento de la dominación, ante un nuevo capítulo de la guerra silenciosa de los enriquecidos contra los empobrecidos, de los fuertes contra los sin poder, a los que esta maquinaria convierte en excluidos o descartados.

El riesgo se agrandará aún más si la respuesta de la sociedad, desvertebrada y fragmentada, no está a la altura. ¿Quién cuestiona realmente este marco de desarrollo de la tecnología entre los partidos políticos, los sindicatos, las instituciones educativas, los gobiernos? ¿Dónde estamos nosotros? Estamos ante el riesgo, una vez más, de reaccionar tarde, dispersos y sin comprender la magnitud histórica de lo que ocurre. Puede suceder lo mismo que con las redes sociales. Cuando nos damos cuenta de la agresión que están suponiendo para nuestros hijos, reaccionamos, pero con un reguero de víctimas que pesará durante mucho tiempo en nuestra conciencia. Es cierto que ya se habla de adaptación y regulación, pero se evita nombrar el núcleo del problema: estamos entregando la vida, la intimidad y el futuro común a un tecnopoder que no responde ante nadie, y que ya condiciona cómo trabajamos, pensamos, creemos, compramos, votamos, aprendemos y nos relacionamos.

La IA ha nacido en un territorio, en un «continente» (virtual) que no tiene ni leyes ni fronteras, para convertirse en una maquinaria de dominio total. No es una cuestión secundaria. La IA está ya aquí, con la clara intención de gobernar el mundo, orillando o instrumentalizando al ser humano. La IA, el poder tecno-financiero, exige una respuesta fundamentalmente moral, cultural y política, y hacerlo antes de que el daño sea irreversible. ¿A qué estamos esperando para despertar?

 

EEUU: Oleada de drogas sintéticas caseras se suma al «tsunami» del fentanilo

La nueva oleada de drogas sintéticas caseras que se propaga por EE.UU. y agrava la crisis del fentanilo

Unos pocos granos de fentanilo reposan sobre un papel de aluminio a medida que Mike sostiene una pajita entre los labios, que cierne sobre estos y los calienta con un encendedor debajo. El veterano del ejército de 48 años está agachado en un callejón del barrio de Linden en Columbus, Ohio, Estados Unidos.

«Esta droga prácticamente te hará hacer cualquier cosa, por desgracia», comenta.
La dosis que se está fumando costó tres o cuatro dólares. «Si inhalas demasiado, no hay vuelta atrás. Es como un disparo. No puedes hacer retroceder la bala», dice.

Quema el papel de aluminio e inhala. Mientras el opioide hace efecto, se aferra a la cerca que tiene detrás. Se tambalea mientras un gemido bajo brota de lo más profundo de su garganta; podría estar tarareando una melodía.
Los opioides sintéticos son más potentes y abundantes, y han transformado el panorama de las drogas.El fentanilo, que es completamente sintético, es entre 50 y 100 veces más potente que la heroína, que se obtiene de la amapola. Actualmente, suele mezclarse con tranquilizantes también sintéticos, lo que dificulta la reanimación de las víctimas de sobredosis.

Se trata de una amenaza casera, ya que se pueden fabricar cocteles de estas sustancias en sótanos y bañeras de Estados Unidos.

En su punto máximo en 2022, 110.000 estadounidenses morían por sobredosis, principalmente de opioides. Desde entonces, la cifra ha ido disminuyendo, hasta llegar a unos 70.000 el año pasado. Pero eso no significa que la crisis de los opioides haya terminado. Es probable que la naloxona, un aerosol nasal que revierte de inmediato las sobredosis de opioides y que ha salvado la vida de decenas de miles de drogadictos, no hubiera funcionado en Mike. Porque él no solo fumaba fentanilo.

Las pupilas de sus ojos azul lechoso se contraen hasta convertirse en pequeños puntos. «Los opioides hacen que las pupilas se contraigan, pero no tanto», dice con un sonsonete. Incluso al fentanilo, que ya de por sí es peligroso, se le añaden otras sustancias sintéticas, entre ellas la xilazina y la medetomidina, tranquilizantes sintéticos para animales grandes.

Estas sustancias ayudan a prolongar el efecto del fentanilo, pero son sedantes que ralentizan la respiración y, lo que es importante, la naloxona no los contrarresta. La xilazina también provoca úlceras cutáneas necróticas, heridas tan profundas que pueden llegar hasta el hueso y son difíciles de tratar.

Tanto en Columbus como, después, en Chicago, oímos hablar de consumidores de crack que morían por sobredosis después de que sus drogas contuvieran fentanilo. En la calle, se le llama «dosis caliente». Scott Sanders, de 65 años, que dirige Hope Dealer Community (Comunidad de Proveedores de Esperanza) explica que en los últimos 12 meses en el condado de Franklin (en Columbus), el 78% de las sobredosis mortales se deben a estimulantes. «La crisis simplemente ha cambiado»- cuenta Scott. «La tragedia es que los consumidores de estimulantes que compran crack creen que eso es lo que están consumiendo, pero no es así. Hoy en día, la droga está mezclada, no solo adulterada, sino mezclada con otras drogas como fentanilo o metanfetamina, y luego con otros adulterantes químicos fabricados en sótanos».

Y fueron las drogas sintéticas fabricadas en sótanos las que provocaron un aumento drástico de las muertes por sobredosis en el estado vecino de Illinois.

En diálogo con un traficante en Chicago que trabaja para los carteles mexicanos vendiendo fentanilo, éste expresó que, a pesar de los últimos esfuerzos del gobierno estadounidense por contener a los carteles declarándolos grupos terroristas y calificando al fentanilo como un arma de destrucción masiva, su cadena de suministro sigue siendo tan sólida como siempre.
A la pregunta si la persecución de embarcaciones con presuntos traficantes por parte de la administración Trump ha tenido algún efecto, responde que su producto sigue llegando desde México.” Si no pasa por encima del muro, pasa por debajo. Si no atraviesa la frontera, entra por la frontera de arriba (del norte). Este juego se trata de adaptabilidad.”
Y al preguntarle qué había cambiado en su negocio, su respuesta fue clara: “Las (drogas) sintéticas. Todavía no hemos visto… de lo que son capaces las sintéticas. No es ni la punta del iceberg», afirmó.

Un método novedoso

La cárcel más grande de Chicago, y una de las más grandes de Estados Unidos, es la del condado de Cook. Las drogas tradicionales solían introducirse en la cárcel ocultas en cavidades corporales, por lo que la cárcel contaba con los mismos escáneres que se encuentran en los aeropuertos para evitar que esto suceda.

«En 2023, de repente vimos un aumento drástico en las muertes por sobredosis, pero paralelamente, vimos papeles por todas partes, alrededor de las personas que habían fallecido o a las que habíamos reanimado», explica el sheriff Tom Dart, quien dirige la cárcel. «Veíamos papeles quemados y todo esto era completamente nuevo».

El centro, que registra un promedio de una o dos muertes por sobredosis al año, perdió ese año a ocho reclusos a causa de convulsiones fatales.

Las grabaciones de seguridad muestran a los presos convulsionando y desplomándose. También los muestran prendiendo fuego a papeles.
Se trataba de un método novedoso. Las drogas se enviaban por correo a la cárcel remojadas en páginas de libros y cartas.” Se trataba de cannabinoides y una variedad de otras sustancias impregnadas que posteriormente encendían e inhalaban para drogarse», explica el sheriff.
Los cannabinoides, también conocidos como K2, son una versión totalmente sintética de un extracto de la planta de cannabis. Son extremadamente peligrosos y fueron los responsables de las convulsiones fatales.

Ahora, cada envío postal que ingresa a la cárcel es escaneado para detectar humedad. Entre una cuarta parte y una quinta parte de todos los paquetes y cartas dan positivo en la prueba y son rechazados.

Fuera de los muros de la cárcel, no es difícil percibir los efectos de la ola de drogas sintéticas en las calles de Chicago. En el oeste de la ciudad, día y noche, hombres y mujeres se encorvan, tambaleándose, como lo hizo Mike, mientras el fentanilo y otras drogas sintéticas los invaden.

En el exclusivo barrio de Oak Park, la estación de metro local cuenta con una máquina expendedora que dispensa naloxona gratuita. Karen trabaja como asistente de rehabilitación en el grupo Liv4Lali. Exconsumidora de heroína, lleva 17 años libre de drogas duras. «Se están mezclando muchas cosas ahora mismo. Y está afectando a nuestros cuerpos, ya sean las heridas, los síntomas de abstinencia, y a veces las heridas pueden llegar a ser tan graves que transforman las vidas».

Según Karen, las drogas ahora son mucho más peligrosas, “porque antes en mi época cuando comprabas heroína, sabías que era heroína. Pero ahora, cuando compras una bolsa, no sabes realmente qué es», dice.

Dart ha sido sheriff del condado de Cook durante 20 años, y el nuevo problema, dice, repitiendo las palabras del narcotraficante de Chicago, son las drogas sintéticas. «Tradicionalmente, las fuerzas del orden siempre habían desempeñado un papel aún más crucial, ya que todo lo que era potente cruzaba por la frontera, ya fuera procedente de Colombia, México, China o los campos de amapolas de Afganistán. Ahora, con la explosión de las drogas sintéticas, la gente puede producirlas en su casa, en el fregadero, en la bañera, donde sea.»
Karen sabe lo difícil que es dejar las drogas. Todavía consumía heroína cuando quedó embarazada de su hija, Abby, que ahora tiene 17 años. Los mismos que hace que tocó fondo. Estuvo a punto de suicidarse. “Estaba harta de intentar dejar de drogarme. Estaba harta de vivir en una tienda de campaña en el bosque, usando un cubo. Estaba harta de perder a mis amigos y familiares porque estaba tan avergonzada». Una prueba de embarazo la hizo cambiar de opinión.

Después, pasó un tiempo en la cárcel del condado de Cook por robo. Sus padres, viendo una oportunidad para que se rehabilitara, se negaron a pagar la fianza. Así que Karen se rehabilitó y Abby nació en la cárcel.

Generaciones de estadounidenses han sufrido la crisis de las drogas, pero nunca es la misma. Ha evolucionado desde la heroína, pasando por los opioides recetados y el fentanilo, hasta llegar a una nueva gama de sustancias sintéticas. Muchos tratamientos de salud mental son ahora muy caros, así que la gente–manifiesta Abby- no puede acceder a la ayuda, y una forma en que pueden buscarla es a través de las drogas».

Los sucesivos gobiernos han librado -y perdido- la guerra contra las drogas. Los traficantes, los proveedores, los carteles y los consumidores se adaptan, siempre un paso por delante de los esfuerzos por detenerlos.

Fuente : BBC News

We defend the right not to have to migrate…

We defend the right not to have to migrate… a right that requires working for justice in North–South relations.

The Right Not to Migrate

Last June, we witnessed two events of enormous significance: the visit of Pope Leo XIV to Spain, with a clear message on migration from a universal perspective, and, on the very day of his departure from Spain, 12 June, the entry into force, with mandatory application, of the European Pact on Migration and Asylum. Also, that same month of June, the extraordinary regularisation process came to an end, during which around 1.2 million immigrants had submitted applications for residence permits.

We have always upheld the “right to migrate” as a moral duty of restitution, whereby the wealthier countries should offer a welcoming response to the people of impoverished countries who are driven from their lands by hunger, misery, wars or violence, political or religious persecution, natural disasters, or the depletion and plundering of their lands… But even before the right to migrate, we must affirm the right NOT to migrate—that is, the right to have the conditions necessary to remain in one’s own land, to live in one’s homeland, and to freely develop one’s life project there. Migration out of necessity is forced migration and, therefore, an infringement upon a person’s freedom.

To delve deeper into this “right not to migrate,” we must examine the causes of forced migration: the causes of the unbearable living conditions endured by millions of people who, deprived of this right not to migrate, have been forced to leave their homes, their towns and their countries, leaving behind loved ones, histories and bonds. On many occasions, all of this is compounded by trafficking networks, prostitution rings, slave agricultural labour and criminal traffickers who profit from the need to migrate and inflict the worst tragedies imaginable. More often than not, those who traffic in drugs and weapons also traffic in human beings. The expulsion of people from their lands has become a genuine form of human trafficking.

Among the causes of forced migration, we must not forget that a large proportion of the wealth found in Europe, and in Spain as well, originates institutionally from the plundering of the impoverished peoples of the Earth.

The current capitalist economic structure, both national and transnational, is directly linked to the colonial and neocolonial system of the past three centuries. This model has historically impoverished—and continues to impoverish—numerous peoples in Africa, Asia, Central and South America through the exploitation of their resources and populations for the benefit of wealthy countries.

In the Campaign for Justice that we have been carrying out for 40 years, we have described and defined this as the NORTH–SOUTH THEFT. The European welfare state, and therefore the Spanish welfare state, would not have been possible without this underlying colonial-imperialist structure and dynamic, deliberately concealed from public opinion. The regions of the world that for decades have contributed to the economic prosperity of the North are now those that are expelling the largest numbers of people towards that same North.

We are also deeply aware, through the bonds of struggle and solidarity that unite us with these peoples, that forced migration weakens the countries of origin, which are often rich in natural resources and demographic potential, leaving them extremely vulnerable. In some of these countries, a regime of violence, wars, autocracy and state corruption has become entrenched, continuing to provide fertile ground for countless businesses that exploit the weakest sectors of their societies. For this reason, we cannot fail to assert people’s right to preserve their dignity by not being expelled from their countries and, therefore, their right not to migrate.

We wish to echo Pope Leo XIV’s call to action during his visit to Spain, at the Port of Arguineguín (Gran Canaria):

“Human dignity requires legal and safe pathways, rescue and assistance, genuine cooperation against traffickers, effective protection for victims, serious reception and integration processes, and policies that enable every person to live with dignity in their own land.”

“While there is a right to seek refuge when one’s life is threatened, there is also a right not to have to migrate: the right to remain in one’s own home without hunger, without war, without persecution, without violence, without the land becoming uninhabitable, without corruption stealing the bread of the poor, and without weapons destroying the future of children.”

And in order for every person to be able to live with dignity with their family, in their own land, among their own people and in their own homeland, without being driven from it—in order to prevent forced exoduses caused by poverty, violence and persecution—it is necessary to establish an international legal and moral framework that prevents and penalises the plundering of the Global South. In the meantime, the duty of justice demands restitution and solidarity. Europe and Spain have this duty of justice and restitution.

 

 

¿Cuál es la verdadera prioridad nacional?

Foto en Pixnio

Por Equipo de Política de la revista Autogestión. Publicado en la revista solidaria  AUTOGESTIÓN.

El debate político sobre la llamada Prioridad Nacional está totalmente adulterado y manipulado. Incluso muchos de los que están en contra contribuyen a la polarización social que empuja al enfrentamiento entre la población autóctona y los inmigrantes empobrecidos. Este artículo propone profundizar y combatir las verdaderas causas de la situación actual para evitar una guerra inducida entre los empobrecidos.

Vivimos tiempos muy convulsos y confusos donde los conceptos y sus realidades tradicionales ya no encajan. Diferenciar hoy izquierda y derecha en un sistema capitalista que de hecho es aceptado por todos los partidos parlamentarios no tiene sentido. Desde la extrema izquierda a la extrema derecha parlamentaria son decididamente procapitalistas y forman parte del sistema hegemónico de poder. Les diferencian matices que se encargan de engrandecer para mantener el espectáculo político de la democracia liberal.

Pero si además introducimos el concepto de nación la cosa es hilarante. Vemos a izquierdas y derechas apoyando privilegios nacionalistas y nacionales de todo tipo sin despeinarse, dependiendo del momento electoral y demostrando que el concepto de Bien Común está totalmente ausente de la realidad política española.

En este contexto de confusión política radical y egoísmo colectivo surge el debate de la prioridad nacional frente a los inmigrantes empobrecidos que llegan a España. Para analizar esta situación no debemos dejarnos despistar por los términos izquierda y derecha ni por el término nacional. Hagamos primero un análisis formal y luego profundicemos.

En el debate político español, el concepto de «prioridad nacional» (también denominado en ocasiones «preferencia nacional») se ha convertido en un eje central de discusión, especialmente impulsado por formaciones como Vox y adoptado en ciertos matices o discursos por sectores del Partido Popular (PP), generando un fuerte rechazo en los partidos denominados izquierda y en organizaciones religiosas y de derechos humanos.

Sin embargo, en Europa la idea de prioridad nacional no solo está impulsada por la derecha política, también se van incorporando cada vez más sectores de la llamada izquierda. Nos atrevemos a vaticinar que en no mucho tiempo la llamada izquierda va a defender la prioridad nacional porque la base electoral obrera de la izquierda está corriendo hacia la derecha.

A grandes rasgos, las definiciones y posturas se dividen en tres grandes enfoques:

  1. Definición teórica e ideológica. Desde una perspectiva politológica y general, la prioridad nacional se define como la exclusividad de derechos: la idea de que una serie de derechos políticos, económicos o sociales deben reservarse, de forma exclusiva o prioritaria, para los ciudadanos nacidos o naturalizados en una nación frente a la población extranjera. Se vincula directamente con conceptos como el nativismo y el chovinismo welfare o chovinismo social (la tesis de que los beneficios del Estado de bienestar deben ser solo para los «nativos»).

  2. La postura de quienes la defienden. Los sectores que promueven este concepto en España argumentan que el Estado tiene una «responsabilidad política elemental» primordial con sus propios ciudadanos. En sus mociones y propuestas legislativas, lo definen bajo estos términos. Asignación de recursos: un principio por el cual los recursos públicos (que consideran limitados y saturados por la inmigración) se deben asignar de forma prioritaria a quienes tienen un «arraigo real, duradero y verificable». Ámbitos de aplicación: Exigen aplicar esta prioridad específicamente en el acceso a ayudas sociales, programas de vivienda y servicios públicos. Sostienen que los nacionales han contribuido históricamente vía impuestos al sostenimiento del sistema y, por ende, deben ir primero en las listas de espera frente a los recién llegados o personas en situación irregular.

  3. La postura de quienes la critican. Para los detractores y analistas jurídicos, la «prioridad nacional» es vista como una medida discriminatoria y contraria al ordenamiento legal. Sus definiciones se centran en los efectos y su encaje constitucional. Discriminación por origen: se define como un mecanismo de exclusión institucional que discrimina a las personas únicamente por su origen o nacionalidad, quebrando el principio de igualdad. Juristas y constitucionalistas señalan que este concepto choca frontalmente con el artículo 14 de la Constitución Española (que prohíbe la discriminación) y con los tratados de la Unión Europea, especialmente el principio de no discriminación entre ciudadanos comunitarios y la libre circulación de trabajadores. Los detractores del concepto argumentan que esta retórica busca crear «ciudadanos de primera y de segunda», rompiendo la cohesión social y el modelo de sociedad abierta.

Con el último proceso de regularización de inmigrantes empobrecidos que se ha impulsado en España este debate se ha encendido más, polarizando y enfrentando a la población a base de mentiras.

Vamos a intentar profundizar para intentar descubrir la verdad del asunto.

Hay dos premisas de las que no se habla casi nunca. La primera es el principio del Destino Universal de los Bienes que condiciona todo. La creación es un don al servicio de todos los hombres y tenemos la responsabilidad de custodiar con justicia para permitir el desarrollo integral de todos los seres humanos presentes y futuros. Eso hace que los derechos de propiedad sobre las cosas tengan un carácter relativo por estar subordinados a este principio.

La segunda premisa es que toda la riqueza es fruto del trabajo que realizan las personas. El capital, como factor productivo, es trabajo acumulado. Y por ello tiene una doble subordinación a la persona humana, ya que la persona es siempre un fin y no un instrumento, y, como consecuencia, el trabajo que realiza tiene la máxima dignidad.

El sistema capitalista se caracteriza por que el capital se ha impuesto sobre las personas y no pertenece a los trabajadores que lo han producido, sino que ha sido desviado mediante diferentes mecanismos, acumulándose en las estructuras de poder capitalistas (comerciales, financieras, tecnológicas y estatales) que son las que realmente gobiernan. Ningún partido parlamentario defiende esta verdad porque todos están atados financieramente a los bancos y al Estado.

Dicho esto, la riqueza de España tiene dos orígenes fundamentalmente: el trabajo de la población, la mayoría trabajadores, que ha habitado y habita en nuestro país, y la estructura económica capitalista nacional y trasnacional, que se ha ido construyendo en los últimos 100 años, y que ha situado a España dentro del contexto de la Unión Europea y del Occidente capitalista en general. Esta estructura capitalista tiene una conexión directa con el sistema colonial y neocolonial de los últimos 300 años, que ha expoliado y sigue expoliando a los pueblos empobrecidos de África, Asia, Centro y Suramérica, robando recursos y población en beneficio de los países capitalistas avanzados o enriquecidos y en detrimento de sus poblaciones. El Estado de bienestar europeo y, por tanto, el español no hubiera sido posible sin esta estructura y dinamismo colonial imperialista subyacente, deliberadamente ocultado ante la opinión pública.

La riqueza que hay en Europa y en España, por tanto, en un porcentaje no pequeño, proviene del expolio a los pueblos empobrecidos de la Tierra. Históricamente, esto fue aceptado por el movimiento sindical y político socialdemócrata (en Gran Bretaña desde el siglo XIX), que prefirió traicionar a los trabajadores pobres del Tercer Mundo y aliarse con el colonialismo imperialista del cual se beneficiaba, a cambio de la paz social que han gozado los países capitalistas occidentales. Con ello se frenó la expansión del comunismo en occidente al precio de que la clase trabajadora y, por supuesto, la clase media, fuera cómplice del expolio de los pobres. La clase obrera y la nueva clase media que surge después de la II Guerra Mundial aceptan la cultura capitalista individualista y consumista a cambio de las ventajas-migajas del estado del bienestar, mientras el 80% de la población mundial moría y muere por hambre, guerras neocoloniales y miseria.

Con el fin de la Guerra Fría, el imperialismo y totalitarismo comunista (100 millones de muertos) ya no es un peligro para Occidente. Mediante la revolución tecnológica capitalista y la globalización empieza el progresivo desmontaje del estado de bienestar, el endeudamiento público del Estado y la descapitalización de la clase obrera y la clase media occidental que se ven sometidas a un proceso acelerado de precarización y pérdida de poder social. El mismo capitalismo que sigue expoliando al Tercer Mundo, ahora, de una manera frontal, empobrece a los trabajadores y a la clase media de los países enriquecidos que entran en un proceso de declive social, económico y demográfico. Al mismo tiempo, la globalización moviliza al capital en todas sus formas (financieras y tecnológicas fundamentalmente) otorgándole un poder ubicuo y las poblaciones empobrecidas del Tercer Mundo son forzadas a emigrar para compensar los déficits demográficos y laborales de los envejecidos países ricos. La tormenta perfecta está servida.

En estos momentos confluyen, por un lado, una inmigración forzada, y por tanto desarraigada y desestructurada, de jóvenes empobrecidos cuyo trabajo es necesario para sostener la economía de los envejecidos países ricos, y, por otro lado, unas poblaciones envejecidas, precarizadas, cada días más desestructuradas que se han visto progresivamente alejadas de los niveles de bienestar de antaño. El Estado, como las familias, ha sido descapitalizado con incesantes trasvases de renta del trabajo hacia el capital (especulación de la vivienda, sueldos muy bajos, presupuestos estatales que socializan pérdidas corporativas y privatizan sectores con beneficios…) cada día más concentrado. Como consecuencia hay una competencia por recursos y servicios públicos entre los inmigrantes empobrecidos y las poblaciones trabajadoras precarizadas. Es decir, se ha inducido una guerra entre los pobres mientras el capitalismo contempla la escena con fruición.

Desde aquí se puede hacer mejor un juicio de la situación y del debate sobre la prioridad nacional:

  • Hablar de prioridad nacional sin tener en cuenta el contexto histórico político y económico de la situación es una manipulación muy grave que provoca enfrentamientos entre la población. El pueblo debe conocer las causas verdaderas que han provocado la situación actual.

  • La riqueza de nuestro país está mayoritariamente en muy pocas manos y cada día se concentra más. Los niveles de desigualdad son escandalosos. Estamos en un estado endeudado y en muchos aspectos colapsado, no por la afluencia de inmigrantes empobrecidos, sino por esta concentración de la riqueza producida por mecanismos injustos.

  • Esa riqueza, actualmente expropiada de sus legítimos dueños, es fruto del trabajo tanto de la población trabajadora española como de los empobrecidos del Tercer Mundo de los que la estructura económica de España se ha beneficiado expoliando riquezas y población.

  • Por tanto, la prioridad nacional no puede ser privar a los inmigrantes empobrecidos de los frutos de su trabajo actual y del expolio de sus países. Ellos han contribuido tanto como los trabajadores españoles a la riqueza de nuestro país.
  • La auténtica prioridad nacional es modificar la estructura económica y sus dinamismos, de tal manera que la riqueza acumulada injustamente sea distribuida tanto a nivel nacional como internacional. Esto solo se va a conseguir con la unión solidaria de los trabajadores de España y los inmigrantes empobrecidos.

 

Transformarnos sin perdernos

Transhumanismo, dignidad humana y custodia de la persona en la era biotecnológica y de la inteligencia artificial

Publicado en Exaudi.org

Por Albert Cortina, abogado y urbanista.

1. IA-LATRIA 

La nueva idolatría de la tecnología y la inteligencia artificial

Si unimos literalmente el concepto de latría (culto supremo de adoración, reverencia y honor que se debe exclusivamente a Dios) con la inteligencia artificial, entramos en un debate filosófico, ético y teológico muy actual: la idolatría de la tecnología.

La tecno-idolatría es un fenómeno contemporáneo donde el ser humano deposita una confianza ciega, devoción y esperanza de redención en las herramientas técnicas, tratándolas de manera similar a deidades capaces de resolver todos los problemas existenciales.

El ser humano posee una tendencia natural a crearse ídolos que no salvan. Desde la más remota antigüedad, el hombre se ha inventado dioses a su imagen y semejanza, con sus propios defectos, pasiones y supuestas virtudes. Dioses imperfectos como la humanidad misma, pero a los que, sin embargo, se adoraba y se les rogaba porque supuestamente tenían poder sobre los seres vivos, sobre la naturaleza o sobre la vida y la muerte.

Hoy en día, se confía en que la ciencia sea capaz de trasladarnos al espacio cercano cuando la Tierra se nos vuelva inhabitable y pueda proporcionarnos felicidad y abundancia material sin fin, fusionar al ser humano con las máquinas inteligentes (cíborgs) e incluso erradicar la muerte para siempre, alcanzando una inmortalidad cibernética.

Es evidente que la tecnociencia se ha convertido actualmente, para algunos, en objeto de culto y adoración, ya que proporciona múltiples aparatos y avances tecnológicos, a los que se les venera durante muchas horas al día. Sin embargo, ni la ciencia ni la tecnología deben venerarse, porque como ya sabemos, tanto pueden servir al bien de la humanidad, como a su desastre total.

Actualmente, las tecnociencias han abandonado la idea de un Creador sabio, providente y misericordioso, y es por ello que la ciencia se ha vuelto impersonal, inhumana, muchas veces injusta y se ha convertido a su vez en un auténtico ídolo. Por ello, como todos los demás ídolos, tiene su lado oscuro y posee también los pies de barro.

El llamado “movimiento positivista”o “positivismo”, que emergió en el siglo XIX, afirmó que solo existía una realidad, aquella a la que la ciencia tenía acceso. La creencia en la existencia de Dios se cambió por la creencia en el misterioso poder impersonal de la naturaleza.

Dejó de hablarse de “creación” y empezó a divinizarse la “naturaleza”. Se supuso que el Dios de la Biblia había muerto y se colocó en su lugar a otra pareja de ídolos: la diosa naturaleza y el dios de la tecnociencia. Y, de la misma manera que antes se adoraba a las antiguas divinidades sumerias, egipcias, griegas o romanas, también hoy la naturaleza y la tecnociencia son los ídolos en los que muchos fundamentan su fe y su única esperanza de “salvación”.

Frente a cuestiones irresolubles sobre el origen del cosmos, la vida, los seres humanos o la conciencia personal se responde que de alguna manera la sabia naturaleza tuvo que hacerlo sin ayuda de nadie.

La supuesta “muerte de Dios” predicada por Nietzsche a finales del XIX y el desencantamiento del mundo, motivado por el desarrollo de la ciencia, son responsables de la actual crisis de sentido que embarga a buena parte de Occidente y del mundo en general.

Cuando no se cree en un Creador trascendente, ni en una vida eterna después de la muerte, algunos optan por fabricarse utopías e ilusiones míticas, como la de pensar que la tecnociencia construirá un mundo perfecto a nuestra imagen y semejanza en el que viviremos por siempre jamás. Y si la Tierra se nos agota, dicen esas narrativas, nos iremos a conquistar el espacio cercano.

La triste realidad reiteradamente confirmada es que la tecnología sin escrúpulos solo puede “liberar” al ser humano a costa de destruir el planeta y la misma condición humana.

Desde la cosmovisión cristiana sabemos que la salvación del ser humano no la pueden dar los ídolos. Por eso, cambiar a Dios por los ídolos es el mayor pecado que se puede cometer porque atenta contra el Espíritu de Dios mismo.

La Revelación nos enseña que las personas fueron creadas para amarlas, y las cosas para utilizarlas. Pero el desorden de nuestro mundo consiste en que se aman las cosas y se utilizan a las personas. Este caos moral nos ha llevado a la actual crisis ecológica, a la idolatría del paradigma tecnocrático y a la desigualdad humana que afecta profundamente a la dignidad de la persona, a los derechos humanos básicos y al bien común.

Nuestro mundo necesita con urgencia un cambio de mentalidad y la sociedad debe avanzar hacia un cambio cultural, ético y espiritual. Es lo que hemos denominado en alguna ocasión la vía del Humanismo Avanzado integral que nos insta a amar al prójimo y a no utilizarlo nunca como un medio, ya que toda persona es un fin en sí misma.

La tecnología y la ciencia pueden ayudar a resolver muchos problemas humanos, pero es necesario ponerlas al servicio de todos, especialmente de los más vulnerables. El mundo tiene que comprender que la ciencia por sí sola no es capaz de cambiar el corazón del ser humano. La ciencia y la técnica no pueden salvarnos, como muchos creen hoy.

Solo un verdadero cambio del corazón nos hará progresar y dejar un mundo mejor a las generaciones venideras. El desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida superior no puede considerarse progreso.

Debemos conectar la mente con nuestro corazón a través de la inteligencia del amor o sabiduría del corazón. Tenemos que profundizar en nuestra inteligencia espiritual para preservar la dignidad de las personas, custodiar la naturaleza humana y cuidar las redes de vida de la creación ante una revolución biotecnológica y de la inteligencia artificial que avanza exponencialmente, muchas veces sin sentido ni propósito más que el de alcanzar un biopoder inmenso que de consumarse, destruiría al conjunto de la humanidad y probablemente a las redes de vida del planeta.

Sin embargo, lo que verdaderamente puede hacernos progresar como personas y como sociedad, también en la presente era biotecnológica, es entender la felicidad en términos de relación con los demás, de vivir vidas más austeras y sobrias, de existir con lo que realmente necesitamos y de frenar ese deseo insaciable de poseer más cosas, idolatrando a la tecnología y especialmente a la inteligencia artificial que si seguimos por ese camino exponencial, pronto se convertirá en una Superinteligencia a la que se le dará culto de latría y adorará como si fuese un nuevo “dios omnisciente” creado por el propio ser humano y poseído por la “entidad oscura” que ha sido siempre enemiga del hombre y que desde el inicio de los tiempos pretende destruir todo lo creado por Dios, aunque sabemos que dicho ser preternatural es una  simple criatura y que la victoria definitiva está ya ganada por Jesucristo en quien todas las cosas serán recapituladas.

 

2. LA DIGNIDAD HUMANA ANTE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL  

Juicio ético y moral del poder de la inteligencia artificial y de la tecnología.

Según la cosmovisión del humanismo cristiano, la persona es valiosa en sí misma porque es imagen de Dios. En esa verdad se fundamenta la dignidad de la persona y el reconocimiento de la sacralidad de la vida humana.

El peligro al que nos enfrentamos en la actual era biotecnológica empieza cuando desde múltiples frentes se declara que la tecnología está por encima del sentido de humanidad. El exceso de instrumentalización funcional de los saberes y ciencias lleva a pensar que la innovación solo se reduce a lo tecnológico.

Sin embargo, hay prácticas académicas, de investigación o profesionales que ayudan a proteger la dignidad de las personas. Son aquellas prácticas que reconocen a cada persona como un fin en sí misma y no como un medio. En esa dirección cabe destacar la investigación ética centrada en el respeto de las personas, la educación integral que promueve el pensamiento crítico y el desarrollo humano, el diálogo interdisciplinario, la escucha activa de las comunidades, la protección de datos personales, la inclusión de poblaciones vulnerables en los procesos de decisión, la evaluación de los impactos sociales de la ciencia y la tecnología, el respeto por cada una de las personas que conforman la sociedad, la acogida de todas las personas sin ningún tipo de exclusión por su condición política, social o religiosa, etc.

Debemos pues partir de la premisa que la dignidad humana debe estar en el centro de toda acción política, social o profesional. Es preciso reconocer el valor único e irrepetible de cada persona. Antes de verla como una estadística, un diagnóstico, un número de identificación o un perfil digital, debemos comprender que cada ser humano tiene una dignidad intrínseca como creatura de Dios, independientemente de su condición social, económica, cultural, racial, etc.

El conocimiento técnico y científico es fundamental, pero debe estar orientado al bien común y al respeto por la vida, la justicia, la solidaridad y la búsqueda de soluciones que favorezcan el desarrollo integral de las personas.

Por este motivo, es necesario formar a ciudadanos comprometidos con la construcción de una sociedad más justa, pacífica y solidaria, capaces de tomar decisiones considerando tanto la eficiencia como las consecuencias humanas de sus acciones y caracterizados por la forma en que esos conocimientos y habilidades se ponen al servicio de la persona humana. De esta manera, el dato o el entorno digital resultan ser herramientas para comprender y atender mejor a las personas, pero nunca sustituyen el reconocimiento de su valor como fin en sí mismas.

Bajo esa misma lógica, se plantean los dilemas éticos actuales que muestran la necesidad de una inteligencia, sea natural o artificial, orientada al cuidado de las personas y de la vida.

La aceleración y la promesa de la eficiencia de la inteligencia artificial plantea dilemas sobre su orientación ética en cuanto a la privacidad, la manipulación de la información, la discriminación algorítmica o el reemplazo de empleos por la automatización, entre otros muchos aspectos de la vida.

El filósofo surcoreano Byung-Chu Han sostiene que el neoliberalismo y la sociedad del rendimiento actuales imponen una razón instrumental y calculadora que lo mide todo en términos de productividad, eficiencia y optimización personal. Frente a ese “cálculo”, el filósofo propone que el amor es la única fuerza capaz de conocer y revelar la verdadera realidad, accediendo a dimensiones que la razón instrumental ignora por completo. Mientras que la razón instrumental convierte al mundo y a las personas en objetos de consumo o herramientas de autosatisfacción, el amor permite descubrir la existencia del “Otro” en tanto que otro, rompiendo el narcisismo y la soledad que impone la sociedad actual.

La razón instrumental de la que se vale la tecnociencia pretende que todo sea transparente para que pueda ser controlado; pero la razón relacional o dialógica admite que no todo puede ser reducido conceptualmente, que en el ámbito personal hay una zona de misterio, una realidad que no puede ser cuantificada ni verificada, ni utilizada, ni gestionada como un algoritmo.

Un misterio que debe ser tratado decorosamente porque es sublime, y del que solo se puede saber a través del “encuentro” que hace surgir una “razón ampliada” o “Sabiduría”, que no procede del mismo modo que la razón instrumental típica del mundo tecnocientífico y ahora de los sistemas de inteligencia artificial, sino mediante actitudes éticas como la apertura, la escucha, la acogida y el hacerse cargo del otro.

De lo que se trata no es de acumular y procesar datos, sino de ir logrando el mutuo conocimiento. La razón instrumental y la IA se limitan a lo manipulable, en cambio, la “Sabiduría del corazón”,  que proviene del amor y es plenamente humana, se ocupa del acontecimiento y del Ser, del para qué, la finalidad, el significado, la alteridad y la vinculación profunda que rompe la soledad, y en definitiva, lo endereza todo hacia lo trascendente, hacia la Presencia en la que todo es plenitud.

Necesitamos hoy con urgencia de esa inteligencia espiritual en el marco de un Humanismo Avanzado integral.

El inmenso poder que han alcanzado actualmente las tecnociencias imponiéndonos el denominado “paradigma tecnocrático” que favorece el aceleracionismo, la presión productiva y la cultura del rendimiento, debe corregirse con un ritmo más humano centrado en la contemplación, la interioridad, la gratuidad y la narración. Contemplar significa sustraerse a la inmediatez para permitir que la realidad revele de manera progresiva su sentido; es dar el salto de la simple y afanosa mirada a la profunda y serena visión. La interioridad exige recuperar el silencio, la atención y el discernimiento frente a la saturación informativa y la dispersión digital. La gratuidad reivindica experiencias, como la amistad, la ética del cuidado, la conversación, la hospitalidad, la lectura, el estudio, cuyo valor no reside únicamente en producir resultados sino en hacer posible la vida compartida en clave de comunidad humana. Finalmente, la narración, devuelve al tiempo continuidad, memoria e identidad frente a su atomización en instantes sucesivos.

De esta manera, las humanidades del siglo XXI que propugna el Humanismo Avanzado, no deberían entrar en competencia ciega con la velocidad tecnológica, sino custodiar otra temporalidad: demorarse para comprender, escuchar para encontrarse, contemplar para descubrir y narrar para conferir sentido. Así, la tarea fundamental de las humanidades en el hoy de la historia consiste en preservar el tiempo humano allí donde la cultura del rendimiento y el paradigma tecnocrático pretenden convertir toda experiencia en productividad, eficiencia, capacidades aumentadas y mente expandida hibridada con la inteligencia artificial.

No obstante, es una realidad incuestionable que la IA está transformando el campo de conocimiento al dejar de ser una cuestión técnica para convertirse en un objeto central de reflexión crítica, ética y antropológica. Lejos de ver la IA como una herramienta de productividad, desde el Humanismo Avanzado debemos verla como un desafío al concepto de cognición, creatividad e inteligencia humana. Y es que se cuestionan los límites entre la inteligencia natural y la artificial, se examinan los riesgos de la humanidad reducida frente a las narrativas hipertecnológicas.

Debemos pues seguir reflexionando sobre la custodia de la persona humana, la dignidad y los valores frente al impacto de los sistemas de inteligencia artificial.  Debemos continuar el dialogo sobre la responsabilidad en el diseño y uso de las tecnologías exponenciales, evitando posturas tecnófobas o acríticamente tecnófilas o tecno-entusiastas, y abogando por un desarrollo tecnológico que esté al servicio genuino del bienestar humano, la dignidad de la persona, la justicia social y el bien común.

La Doctrina Social de la Iglesia Católica describe un término que sintetiza muy bien el desafío ante la inteligencia artificial y los algoritmos: la Civilización del Amor.

El papa León XIV, en su encíclica Magnifica humanitas. Custodiar la persona humana en la era de la inteligencia artificial, publicada el 15 de mayo de 2026 (https://exaudi.org/es/magnifica-humanitas-albert-cortina/ ), nos muestra como la Doctrina Social de la Iglesia es una vía extraordinaria para elaborar un juicio ético y moral sobre el poder de la inteligencia artificial y la tecnología, así como para emprender el camino de construcción de la civilización del amor también en tiempos de la IA.

“Hoy, en el contexto de la revolución digital, esta intuición resulta aún más decisiva. Las redes digitales, la economía globalizada y el desarrollo de la IA crean vínculos cada vez más estrechos, conectando en tiempo real las decisiones tomadas en un lugar con los efectos que producen en otro. Por eso, siguen siendo actuales las palabras del Concilio Vaticano II sobre la creciente interdependencia entre los pueblos: el bien común adquiere cada vez más una dimensión universal, con derechos y deberes que conciernen a toda la familia humana. El proyecto de la civilización del amor asume aquí la tarea decisiva de transformar esta interdependencia padecida en una solidaridad deseada y elegida. Es el criterio para orientar los procesos tecnológicos: no basta con que la IA nos haga más eficientes o conectados, debe servir para edificar esa familia humana universal, con derechos y deberes compartidos, donde la proximidad digital se convierta en una ocasión real de encuentro y de cuidado recíproco” (187 MH).

Por otro lado, dicha encíclica del papa León XIV viene precedida por una serie de documentos de la Iglesia Católica cuya lectura resulta muy interesante para complementar las reflexiones que hemos realizado anteriormente (https://exaudi.org/es/quo-vadis-humanitas/ ).

 

3. DEL CONTROL DEL MUNDO AL REDISEÑO DEL SER HUMANO

Inteligencia artificial, transhumanismo y biopoder sin límites.

Nuevamente nos situamos en el centro del debate antropológico, filosófico, sociológico y biopolítico contemporáneo: el tránsito del dominio del entorno exterior (el control del mundo) hacia la intervención y modificación del propio núcleo biológico y cognitivo de nuestra especie (el rediseño del ser humano).

  • Desde el punto de vista de la inteligencia artificial, el desafío que se nos presenta es la externalización de la cognición humana.
  • Desde la bioideologia del transhumanismo, como señalábamos en el libro “¡Despertar! Transhumanismo y Nuevo Orden Mundial” se nos propone “trascender” de nuestra naturaleza humana, ofreciéndonos una promesa de “salvación” mediante el “autodiseño” o “rediseño” del ser humano resultado de un presunto derecho a la “libertad morfológica” que aboga por la emancipación de nuestra biología humana, aproximándonos a los límites de la frontera tecno-libertaria a conquistar y a sobrepasar.
  • Desde el biopoder sin límites, se aboga por el control político total de la vida.

Efectivamente, la IA pretende redefinir la condición humana y en muchos casos alimenta aspiraciones transhumanistas. Como ya es conocido el transhumanismo es una bioideología que sostiene que la tecnología debería permitir superar las limitaciones biológicas del ser humano. Sus defensores plantean utilizar los avances en inteligencia artificial, biotecnología, ingeniería genética, neurotecnología y otras tecnologías exponenciales para ampliar radicalmente nuestras capacidades físicas y cognitivas.

En el libro “Transhumanismo«, la ideología que desafía a la fe cristiana, expusimos las profundas diferencias entre ambas cosmovisiones.

Como hemos señalado anteriormente, la IA, al mismo tiempo que abre posibilidades para mejorar la calidad de vida, también genera tensiones sobre el control de estas tecnologías y su impacto en los derechos humanos y la justicia social.

Uno de los mayores desafíos que plantea la IA para los derechos fundamentales, la privacidad, la vigilancia, los sesgos, la responsabilidad y la democracia es la “privatización transnacional del poder político”. De este modo, la IA está creando una especie de “despotismo algorítmico” ya que estos sistemas o modelos de IA nos conocen mejor que nuestros propios familiares y amigos, e incluso que nosotros mismos.

Como ya hemos indicado en el apartado anterior, la IA plantea interrogantes sobre su desarrollo ético y su capacidad para moldear el futuro de manera equitativa. Uno de los elementos más significativos es la concentración del poder en grandes corporaciones tecnológicas cuyo enfoque está dirigido hacia la maximización de beneficios, la eficiencia operativa y la optimización de los procesos organizacionales. Este dominio plantea riesgos relacionados con la transparencia y la rendición de cuentas, especialmente cuando los sistemas de IA se integran en procesos de toma de decisiones críticas. En este sentido, la falta de regulación adecuada y la ausencia de un consenso global sobre las normas éticas agravan los dilemas inherentes a dichas tecnologías exponenciales y al biopoder sin límites que se puede desencadenar en las próximas décadas si no acertamos en la gobernanza democrática a desarrollar.

La competencia geopolítica entre Estados Unidos y China ejemplifica cómo las potencias globales buscan dominar el desarrollo de la IA como una herramienta de influencia estratégica. Mientras Estados Unidos apuesta por un ecosistema innovador pero descentralizado, China aplica un modelo autoritario que prioriza la implementación masiva en áreas como la vigilancia y el control social.

La complejidad del contexto global de la IA no se limita a los dilemas éticos y de gobernanza, también reconocemos que incluyen cuestiones de sostenibilidad, si bien la IA tiene el potencial de optimizar recursos y reducir impactos ambientales, su desarrollo intensivo en energía y su dependencia de infraestructuras tecnológicas generan un costo muy significativo para el medio ambiente. En este marco, la IA se posiciona simultáneamente como una solución y un problema en la lucha por la sostenibilidad global.

Para paliar estos efectos nocivos, deberían desarrollarse, al menos, estos tres ejes estratégicos:

  • Desarrollo ético y gobernanza: garantizar la transparencia, equidad y responsabilidad en la adopción de la IA en las organizaciones y gobiernos.
  • Sostenibilidad e innovación: promover el uso de la IA para optimizar recursos y minimizar el impacto ambiental en los procesos organizativos.
  • Transformación y equidad social: impulsar el acceso igualitario a la tecnología y su aplicación en beneficio de las comunidades más vulnerables.

Es por ello por lo que la ética de la IA debe centrarse en mitigar riesgos asociados con la falta de transparencia, los sesgos algorítmicos y la explotación de datos.

El actual «capitalismo de vigilancia» derivado del uso masivo de datos plantea, sin duda, riesgos graves para la privacidad y la autonomía de los individuos. Los principios éticos en el diseño y desarrollo de la IA deben incluir pues mecanismos de transparencia y rendición de cuentas para evitar que los algoritmos reproduzcan patrones discriminatorios.

La falta de un enfoque ético integral puede llevar a que los sistemas de IA refuercen desigualdades estructurales. Para contrarrestar estos riesgos, es esencial que los gobiernos y las organizaciones adopten marcos éticos que equilibren la eficiencia tecnológica con el respeto a los derechos humanos.

Es evidente que los avances en IA han acelerado la brecha entre quienes tienen acceso a estas tecnologías y quienes no, lo que demanda un enfoque global para evitar que la IA exacerbe las desigualdades sociales y económicas ya existentes.

En términos de gobernanza, la creación de estándares internacionales para la regulación de la IA es un paso esencial para evitar abusos y garantizar que su desarrollo esté alineado con los valores humanos. La progresiva implementación de IA en todos los ámbitos debe incluir una supervisión ética que involucre tanto a gobiernos como a corporaciones privadas, para lograr un equilibrio entre innovación y responsabilidad social.

Por lo tanto, el desarrollo ético y la gobernanza de la IA deben ser pilares fundamentales para que adoptemos esta tecnología de manera responsable, respetando los derechos de los individuos y mitigando los impactos negativos sobre el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, la IA no solo transforma los procesos operativos y de decisión en las corporaciones privadas y en los gobiernos, sino que también redefine los límites entre lo humano y lo tecnológico, planteando desafíos éticos y existenciales de profundo impacto con relación a la preservación de la naturaleza humana. Nos encontramos en un momento de inflexión muy relevante, donde la humanidad enfrenta una «evolución de la condición humana» marcada por la interacción entre egolatría, singularidad y tecnología.

Así pues, podríamos definir la “egolatría tecnológica” como una tendencia contemporánea que busca superar los límites humanos mediante la IA y las biotecnologías exponenciales. Esta dinámica refleja una exaltación de la supremacía tecnológica por encima de los valores humanos, éticos y sociales.

Las corporaciones privadas y las organizaciones adoptan herramientas de IA para maximizar la productividad y el control, muchas veces a costa de la prioridad humana y de los derechos individuales.

Por otro lado, la posibilidad de la “Singularidad tecnológica”, entendida como el momento en el que las máquinas y la inteligencia artificial superen la inteligencia humana, representa uno de los dilemas más profundos en el estudio de la IA, aunque especulativa, esta sentencia a la que aluden constantemente los profetas del transhumanismo, ya influye directa o indirectamente en cómo las corporaciones privadas y las organizaciones diseñan sus estrategias a largo plazo, considerando escenarios en los que la automatización y la autonomía de las máquinas reconfiguren radicalmente las estructuras laborales y sociales en un futuro marcado por la convergencia entre IA avanzada y transhumanismo.

En este sentido, se están configurando espacios donde el poder no es simplemente ejercido de manera visible y opresiva, sino que se vuelve parte del comportamiento cotidiano de los individuos.  Según el pensador Foucault este tipo de poder implica una forma de «biopoder», que no solo regula la conducta, sino que también controla la vida de los individuos, gestionando su tiempo, su cuerpo y su productividad. En las organizaciones empresariales, esto se traduce en prácticas de evaluación constante, como la supervisión del rendimiento, que no solo afecta el trabajo, sino también la identidad y el bienestar de los trabajadores.  En las ciudades y en los países, ese biopoder se extiende a los ciudadanos en su conjunto.

Como venimos afirmando, la inteligencia artificial enfrenta la promesa de superar límites humanos con el riesgo de concentrar decisiones globales en pocas corporaciones privadas. Ante esa realidad debemos hacernos algunas preguntas: ¿Quién controla esa transformación? ¿Quién decide el futuro de la humanidad? ¿Qué riesgos están dispuestos a asumir?

Y es ahí donde podemos analizar críticamente la corriente filosófica denominada “altruismo eficaz” que propone utilizar la evidencia, el razonamiento y el análisis coste-beneficio para determinar qué actuaciones pueden generar mayor valor.

Una de las derivaciones de esta corriente es el “largoplacismo”, que lleva la perspectiva del altruismo efectivo mucho más allá del presente y concede una importancia extraordinaria al bienestar de las generaciones posthumanas futuras – tanto biológicas como digitales- y a la cantidad de “valor” que estas podrían aportar en un futuro lejano.

Llevada a posiciones extremas, esta forma de pesar puede conducir a aceptar costes y riesgos importantes en el presente, si se considera que son ello aumenta significativamente el valor de lo que está por venir. Y aquí aparece una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto es legítimo aceptar daños reales hoy en nombre de un futuro hipotético al que se atribuye un valor incalculable?

Desde esta perspectiva, evitar cualquier impedimento para que posibles seres posthumanos desarrollen todo un potencial puede convertirse en una de las máximas prioridades morales.

“Hay que preservar la humanidad” sostienen los largoplacistas. Pero la pregunta que rara vez se formula con suficiente claridad es: ¿ustedes qué entienden exactamente por esto?

Para la inmensa mayoría de nosotros, preservar la humanidad significa impedir que el Homo sapiens desaparezca como especie. Que nos mantengamos en lo humano.

Sin embargo, cuando determinados lideres tecno-autoritarios como Sam Altman, Dario Amodei, Nick Bostrom, Ben Goertzel, Ray Kurzweil, Elon Musk, Larry Page, Peter Thiel o Eliezer Yudkowsky, vinculados al transhumanismo y al largoplacismo, hablan de preservar la humanidad, no necesariamente están hablando de preservar la especie humana.

Como señala el experto en IA,  Ramón López de Mántaras, en determinados debates sobre el riesgo existencial, se ha establecido, de hecho, una distinción entre dos formas de desaparición de la especie humana: la “extinción terminal” y la “extinción final”.

Según el filósofo P. Torres, la “extinción terminal”  es la desaparición definitiva del Homo sapiens y de cualquier posibilidad de que nuestra especie sea sustituida por una forma de existencia posthumana.

La “extinción final”, en cambio, se produciría cuando el ser humano fuera reemplazado por alguna forma de existencia posthumana considerada suficientemente valiosa como para representar una cierta continuidad de la humanidad.

La distinción no es un simple juego de palabras: tiene consecuencias antropológicas, filosóficas y políticas enormes. Porque implica que, para determinadas visiones transhumanistas y para algunos sectores del altruismo eficaz, la desaparición de la especie humana tal y como la conocemos no sería necesariamente el peor futuro posible.

Para esas corrientes de pensamiento, el peor escenario sería que nuestra especie desapareciera sin dejar ningún sucesor posthumano capaz de desarrollar ese futuro. Así, la sustitución progresiva de los seres humanos por una nueva forma de existencia considerada superior podría llegar a interpretarse como una continuación – e, incluso, como una culminación- de la humanidad.

Para alcanzar ese futuro transhumanista, muchos de sus defensores, especialmente en Silicon Valley, consideran que la sustitución progresiva de los seres humanos pasa necesariamente por el desarrollo de la Superinteligencia artificial. Y aquí aparece una consecuencia particularmente inquietante.

Si esa Superinteligencia artificial se concibe como un instrumento necesario para alcanzar un futuro, en teoría, inmensamente más valioso, los riesgos asociados a su desarrollo, por grandes que sean, pueden llegar a considerarse un precio aceptable.

Desde esta perspectiva, regular el desarrollo de una hipotética Superinteligencia artificial, ralentizarlo o detenerlo podría interpretarse no como una medida de prudencia, sino como una renuncia al futuro. La posibilidad de una catástrofe presente queda así subordinada a la promesa de un futuro hipotético.

En este contexto, ya no se trata únicamente de preguntarnos cómo podemos evitar los riesgos de la IA, sino de decidir qué futuro consideramos deseable y qué riesgos estamos dispuestos a asumir para alcanzarlo. Y esa decisión no puede quedar en manos de un reducido grupo de oligarcas, empresarios, inversores, y tecnólogos convencidos de que su particular visión del futuro debe convertirse en el destino de toda la humanidad.

El problema se vuelve todavía más grave cuando las mismas corporaciones particulares que desarrollan esas tecnologías se presentan como las únicas capaces de gestionar sus riesgos.

Si consiguen convencer a la sociedad -y, sobre todo, a los responsables políticos- de que solo ellas poseen los conocimientos necesarios para evitar una catástrofe, se otorgan a sí mismas una supuesta capacidad para determinar qué riesgos debemos aceptar, que desarrollos son legítimos y que futuro debemos perseguir.

Es por tanto, una concentración de poder incompatible con una sociedad democrática. Quienes tienen miles de millones de dólares invertidos en el desarrollo de la IA no pueden ser al mismo tiempo los árbitros de los riesgos que genera esa tecnología. Y mucho menos pueden decidir por el conjunto de la sociedad qué significa “progreso” o qué futuro merece la pena construir. Lo mismo en cuanto al resto de biotecnologías exponenciales que tienen como objetivo el “rediseño del ser humano”.

Resulta extraordinariamente preocupante que, desde los más altos niveles de poder en EEUU, se defienda que la Superinteligencia es el horizonte que debemos alcanzar en Occidente y que sus riesgos deben gestionarse mediante autorregulación de las mismas empresas que compiten por desarrollarla. Por otro lado, sabemos muy poco de cómo se desarrolla realmente la estrategia sobre la Superinteligencia artificial desde el poder político en China y en el conjunto del bloque asiático.

La contradicción es evidente: la autorregulación no puede convertirse en una forma de privatizar una decisión que afecta a toda la sociedad. Tal y como señala el experto en inteligencia artificial, Ramón López de Mántaras, “no podemos tolerar que las empresas que compiten por alcanzar primero una hipotética Superinteligencia artificial sean también quienes determinen cuándo los riesgos son aceptables, qué salvaguardas son suficientes y hasta dónde debe llegar la carrera”.

Según el citado experto, “necesitamos instituciones públicas capaces de ejercer un control democrático y efectivo sobre estas tecnologías, establecer qué desarrollo requieren límites y qué objetivos tecnológicos queremos promover. Y necesitamos hacerlo antes de que las decisiones fundamentales hayan quedado irreversiblemente condicionadas por quienes controlan la tecnología, el capital y la infraestructura”.

Estamos ante un cambio de época crucial para la supervivencia de la humanidad. Si las personas no tomamos individual y colectivamente la decisión de mantenernos humanos y custodiar a la persona en su dignidad como fin y no como medio – tal y como propone la encíclica del papa León XIV Magnifica humanitas-, los poderes de este Nuevo Orden Mundial tecnocrático diseñaran una nueva “Torre de Babel” y trataran de gestionar un futuro que pretenden y desean sea posthumano.

No obstante, a través del Humanismo Avanzado integral (que conecta la mente con el corazón mediante la inteligencia del amor o sabiduría del corazón); la inteligencia espiritual (fundamento de la dignidad y custodia de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios, así como del cuidado de toda la creación) y un liderazgo humanista ético (que favorezca la libertad, la justicia social, la gobernanza democrática y el bien común), podremos construir la “Civilización del Amor” como camino hacia un futuro más humano, tal y como propone la encíclica Magnífica Humanitas del papa León XIV.

 

4. MANTENERNOS HUMANOS EN LA ERA DE LA EXPONENCIALIDAD TECNOLÓGICA

Amoritmos e inteligencia del amor (IA+) ante los algoritmos y la inteligencia artificial (IA).

Por todo lo expuesto anteriormente, resulta pertinente hacerse la siguiente pregunta: ¿Cómo podremos mantenernos humanos en la era de la exponencialidad biotecnológica y la inteligencia artificial?

En paralelo debemos preguntarnos también: ¿Qué inteligencia debe orientar la inteligencia artificial en esta era tecnológica?

A esta última pregunta, respondió el P. Diego Marulanda, Rector General de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), en la Escuela de Verano Saberes celebrada en Medellin (Colombia) el pasado mes de septiembre de 2026 – evento al que tuve el honor de participar -,  afirmando que esa inteligencia no es otra que la “inteligencia del amor”.

En efecto, tal y como señaló el P. Marulanda en dicho encuentro, “necesitamos una reflexión humanista, cristiana, académica y contemporánea acerca del amor como forma de conocimiento, principio de dignidad, vinculo social, inteligencia ética, ritmo vital y horizonte educativo en la era de la inteligencia artificial”.

“La inteligencia artificial amplia capacidades, la inteligencia del amor introduce propósito, límites, responsabilidad y sentido”, señaló el Rector de la UPB.

¿Qué puede conocer el amor que una inteligencia calculadora deja fuera? La respuesta a esta pregunta desplaza la atención hacia el rostro, la presencia, la donación, la interioridad, la gratuidad, la atención, la narración y el misterio. En esta mirada, la inteligencia humana alcanza profundidad cuando sabe discernir fines: verdad, libertad, bien, belleza y esperanza.

De este modo podemos comprender el amor como una lógica de relación, comunión y cuidado que antecede a la coyuntura tecnológica.

Desarrollando el concepto de “inteligencia del amor” – en el dialogo interdisciplinar efectuado entre las distintas Escuelas de la UPB-, se definen dos términos que se integran en dicha inteligencia del amor que debe orientar la inteligencia artificial:

  • El “algoritmo” que calcula lo posible.

“Un algoritmo es un conjunto ordenado y finito de instrucciones, reglas o procedimientos que transforma datos de entrada en un resultado. En el contexto de la inteligencia artificial, un algoritmo permite procesar información, identificar patrones, automatizar decisiones, optimizar procesos y producir respuestas según una lógica previamente definida. Todo algoritmo incorpora decisiones sobre qué datos cuentan, qué resultado busca, qué criterio optimiza y qué aspectos de la realidad quedan fuera de su cálculo”.

  • El “amoritmo” que protege lo humano.

“Amoritmo es un neologismo formado por las palabras amor y ritmo. Designa un principio humano de orientación que introduce en la lógica de los algoritmos criterios de dignidad, cuidado, responsabilidad, escucha y bien común. El amoritmo permite discernir el sentido de las decisiones, reconocer la singularidad de las personas y asumir las consecuencias humanas, éticas y sociales de toda acción. Se expresa en decisiones, prácticas, rituales, protocolos y formas de relación que preservan lo humano dentro de una comunidad o institución”.

En ese sentido, la inteligencia del amor es un modo de conocimiento que integra la razón, el afecto y la voluntad para entender al ser humano sin fragmentarlo.

Necesitamos pues, en esta era de la exponencialidad tecnológica, enfoques que midan el amor como capital relacional que sostenga a las comunidades, no solo como sentimiento individual (economía del cuidado, ética de la vulnerabilidad, sociología de la reconciliación, etc.) y ampliar las competencias afectivas junto a las capacidades cognitivas extendidas por la IA.

La innovación social real debe proponer una antropología relacional que desafíe tanto al individualismo moderno, que proporciona las plataformas digitales y las redes sociales, como el colectivismo despersonalizado, recuperando la persona como centro.

Ante cualquier situación que afecte a la persona debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿esta decisión hace más humano al ser humano? Y es que el cuidado, la confianza y la empatía son condiciones para transformar la realidad desde la dignidad humana.

En la propuesta que estamos presentando a partir de los estudios interdisciplinares de la UPB, el amor es concebido no como un afecto pasivo, sino como un vínculo que estructura la vida psíquica y social, y que orienta el conocimiento y la tecnología hacia el cuidado de la vida y la dignidad de la persona humana.

La IA+ ubica a la persona, a las familias y a las comunidades en el centro de las decisiones.

En esta época biotecnológica, tal y como ya hemos señalado anteriormente, está emergiendo la digitalización y la IA como medios que pueden llegar a reconfigurar vínculos humanos hacia una instrumentalización del otro perdiendo de vista características humanas como las emociones y los sentimientos.

Por ello, debemos preguntarnos por los daños reales de las tecnologías, las repercusiones en la salud mental, las familias y la manipulación algorítmica de la voluntad.

Muchas veces habrá que negarse a que la IA y los sistemas algorítmicos sustituyan el juicio prudencial sobre personas concretas, por más que la eficiencia institucional lo exija cada vez con mayor insistencia. Desde la IA+ proponemos mirar al otro como fin, nunca como medio, aunque el sistema entero empuje en dirección contraria.

La inteligencia del amor está orientada al cuidado de la vida. Y es que la inteligencia del cuidado y del amor no es sentimentalismo sino razón practica iluminada por la verdad sobre la persona, capaz de decir “no” al poder científico-técnico cuando este avanza contra la vida vulnerable, recuperando el coraje profético que hemos perdido y plantando cara al paradigma tecnocrático.

Otra pregunta que podemos hacernos es la siguiente: ¿Qué dimensiones de la realidad puede conocer el amor que la razón técnica suele dejar al margen? ¿Puede ser el amor una forma de conocimiento?

Y es que el amor prioriza y reconoce en el otro el rostro, las emociones, los sentimientos, las historias de vida, mientras que los algoritmos simplemente reconocen los datos fríos e insensibles. Así pues, el amor resulta ser la auténtica fuerza humana, social, ética y espiritual de la persona.

El amor escucha de manera atenta, la tecnología únicamente procesa datos.

Cuidar al otro o al entorno es acompañar sin instrumentalizar, trascendiendo los indicadores y las estadísticas.

Es por ello por lo que según la propuesta de la inteligencia del amor hemos de compatibilizar los algoritmos con los amoritmos (ritmo del amor). Esos ritmos humanos son los que necesita recuperar la sociedad ante la aceleración tecnológica, la presión productiva y la cultura del rendimiento, la eficiencia y la optimización.

Por otra parte, la fragilidad de los vínculos se manifiesta actualmente en el debilitamiento de los espacios de encuentro, de la solidaridad, del apoyo mutuo, de la falta de continuidad de las relaciones en el tiempo y de la poca profundidad en muchas ocasiones frente al sufrimiento del otro.

La actual sociedad tecnológica genera seres humanos captados por la productividad que muchas veces no tienen tiempo para el cuidado de la vida y de los demás, al estar ocupados en el cumplimiento de indicadores y tareas.

Así tenemos familias tensionadas por los estándares – educativos, organizacionales, políticos- que intentan paliar el desmoronamiento vincular sin una orientación clara.

Sin embargo, los “amoritmos sociales” se hacen visibles en prácticas que privilegian el cuidado de las personas y la construcción de vínculos basados en el respeto y la corresponsabilidad. Estos amoritmos se expresan en procesos de diálogo, mediación de conflictos, memoria colectiva, participación comunitaria y reconocimiento de la diversidad. Estas experiencias fortalecen el tejido social y generan condiciones para una sana convivencia.

El encuentro pacifico, la solidaridad, la ética de la compasión, el ejercicio del cuidado, la contemplación de la belleza, el aroma del tiempo, la libre elección y el encuentro. Todos ellos son factores de ese “ritmo del amor” (amoritmo) que nos hace más humanos (H+).

De este modo, los “amoritmos sociales” se expresan en la vivencia de las relaciones humanas desde la sensibilidad social, la defensa de los derechos humanos, asumiendo los valores desde la coherencia, conectando la razón con el amor de manera objetiva, dando prelación al bien común, aportando al bienestar social, dando respuestas acertadas a las necesidades, problemáticas de individuos, familias, grupos, comunidades, desde actos éticos, objetivos y alcanzables.

En este momento de la narrativa, hagamos otra pregunta: ¿qué riesgos plantea la IA para los vínculos, las emociones y la subjetividad en ámbitos como la manipulación, la desinformación, la soledad y las relaciones mediadas artificialmente?

El no saber tener límites y entender que la IA es una herramienta, no un fin, puede llevar a una mala utilización y cambiar estructuras sociales que ponen en peligro a la humanidad. La IA puede ser una aliada, pero también puede alejarnos del encuentro humano si reemplaza la conversación, el pensamiento crítico o la capacidad de comprender al otro. El reto consiste en formar profesionales que usen estas herramientas con criterio ético, sin perder la sensibilidad ni la responsabilidad frente a las personas.

Así pues, la IA también plantea riesgos relacionados con la desinformación, la manipulación de contenidos, los sesgos algorítmicos y el reemplazo de algunos espacios de relación humana. También puede profundizar el aislamiento y las interacciones desconectadas emocionalmente. Por ello, resulta fundamental promover un uso ético y crítico de estas herramientas y del ambiente IA, orientado por el respeto a la dignidad humana, el cuidado y el fortalecimiento de los vínculos sociales.

En definitiva, uno de los mayores riesgos que plantea la IA es pretender reemplazar la dimensión humana. Sin embargo, esta cuestión debe ser innegociable. En un mundo donde los algoritmos comienzan a intervenir en decisiones políticas, sociales, educativas y laborales, la presencia de profesionales con sensibilidad ética, pensamiento crítico y compromiso social resulta más necesaria que nunca. La IA requiere mediaciones humanas capaces de garantizar inclusión, justicia y dignidad ya que su impacto atraviesa las dinámicas económicas, educativas, culturales, políticas y sociales, configurando nuevas formas de interacción humana, producción del conocimiento y toma de decisiones.

En este siglo XXI la inteligencia del amor, tan necesaria para la construcción de la civilización del amor, no se puede reducir a la contraparte de la inteligencia artificial de la mediación tecnológica. Una inteligencia siempre ha contenido a la otra. La inteligencia del amor, ha sido declarada no solo en la construcción cristiana de la comunidad que camina hacia la Salvación, sino también en la construcción de la sabiduría griega en donde sensibilidad (belleza), conocimiento (verdad) y acción (bondad) no pueden separarse.

La inteligencia del amor se declara en la necesidad de entender la vida en cuanto tal desde la interdependencia, la relación y el cuidado.  Por ello es importante revisar lo que la encíclica Magnifica humanitas propone para configurar el punto de partida de un sentido de humanidad integro, complementario y sensible desde esta era de la exponencialidad biotecnológica, promoviendo la permanente afirmación y construcción de lo humano a la luz del sentido de la vida dado por el mensaje del Evangelio: el amor, la justicia, la solidaridad, el respeto, la confraternidad, la responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás, el cuidado de la creación y el encuentro con Dios que es Amor.

Madrid, 17 de octubre de 2026

 

(*) Artículo que recoge las ideas principales de las dos ponencias impartidas por Albert Cortina en el Encuentro de formación organizado por el Movimiento Cultural Cristiano, Aula Malagón-Rovirola celebrado en Madrid el 17 y 18 de octubre bajo el título: “El nuevo ídolo. La inteligencia artificial, nuevo poder del imperio para rediseñar lo humano”.

Pamplona: Defendemos el derecho a no tener que emigrar

“Defendemos el derecho a no tener que emigrar” por Mª Ángeles Jiménez, abogada y militante del MCC

Lunes, 26 de octubre a las 19.30h en los Locales Pastorales Parroquia San Alberto Magno, Travesía Monasterio de Belate, 2, Pamplona.

¿Por qué ha venido León XIV a España?

La reciente e histórica visita del Papa León XIV a España ha dejado una huella que va mucho más allá de la crónica institucional o el fervor de las multitudes. El balance oficial del presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, resume el hito con un desafío inmediato: «Gracias, y ahora acción». Nos toca transformar la intensa emoción colectiva en virtud y, sobre todo, en trabajo sociopolítico.

Editorial de la revista solidaria Autogestión

Este viaje no puede reducirse a un mero evento de masas o a una agenda de gestos amables. Detrás de su presencia en Madrid, Barcelona y las Islas Canarias late una honda preocupación pastoral: el porvenir de Europa y la urgencia de revitalizar el catolicismo español como puente que ayude a cohesionar el viejo continente con los países empobrecidos, en especial con Hispanoamérica.

El punto de inflexión doctrinal y político de esta visita tuvo lugar en el Parlamento español, donde León XIV se convirtió en el primer pontífice en hablar ante una sesión conjunta de las Cortes Generales. Su discurso en el Congreso de los Diputados trazó los ejes de lo que debe ser una política como servicio. Toda una lección de gramática política por el Bien Común.

Frente a diputados y senadores, el Papa lanzó una advertencia severa contra la degradación de la actividad legislativa cuando esta se somete a los dictados de la utilidad o la tecnocracia. León XIV recordó que España históricamente ha sabido reconocer al ser humano «como algo más que una pieza del orden social, económico o político», defendiendo una dignidad que precede a cualquier lógica de mercado.

«Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada», sentenció con firmeza el pontífice. «La alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse».

Estas palabras resuenan como una enmienda a la totalidad al capitalismo desalmado que mercantiliza todo lo humano y del cual el parlamento español es un vocero institucional. No hay comunidad plenamente justa, advirtió, si se deja en la sombra a los vulnerables, a los enfermos, a los ancianos o a quienes dependen enteramente del cuidado ajeno.

La razón de fondo que impulsó al Papa a emprender este viaje es su profunda alarma ante la deriva de Europa. El Papa contempla con dolor un continente frío y amurallado, tentado por el repliegue identitario, el individualismo y el rearme bélico como aparente e inevitable respuesta a las crisis internacionales. La verdadera paz, insistió, no nace de la fuerza ni del aislamiento, sino de la justicia y del diálogo sincero.

España está llamada a reactivar su vocación histórica de puente entre Europa e Hispanoamérica recuperando la savia de su pensamiento teológico más luminoso, conectando la tradición y la espiritualidad de la Escuela de Salamanca, con el momento actual. Y ello desde una nueva encarnación de la Iglesia con el pueblo basada en la promoción integral y colectiva de y desde los más empobrecidos.

El Papa predicó descendiendo a las realidades complejas del país. Su vigor espiritual y pastoral se hizo patente al abrazar las «cruces» de nuestro tiempo: visitó las cárceles de Barcelona, consoló a víctimas de abusos, escuchó las inquietudes de los jóvenes en multitudinarias vigilias y, de manera histórica, se desplazó hasta las Islas Canarias para tocar el dolor de la ruta migratoria atlántica.

Las palabras de León XIV sobre el drama migratorio constituyen el mandato moral definitivo de esta visita. El Papa denunció que miles de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares por falta de paz, seguridad o condiciones dignas, cayendo con frecuencia en manos de redes de tráfico humano. Dejó claro que esta crisis humana y humanitaria «rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica; constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica».

En consonancia con su magisterio, en Canarias el pontífice insistió en que el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad intrínseca. El juicio ético de nuestras sociedades democráticas y de nuestras comunidades de fe se juega en la hospitalidad. No es posible comulgar el domingo si el lunes justificamos la exclusión de nuestros hermanos inmigrantes o permitimos que las fronteras se conviertan en cementerios.

Dos tercios de los niños migrantes llegaron solos a Europa en 2025

Dos de cada tres niños migrantes que llegaron a Europa en 2025 lo hicieron sin la compañía de un padre o tutor, lo que los expuso a un mayor riesgo de violencia, abuso y explotación por parte de traficantes, según una evaluación conjunta de varias agencias de Naciones Unidas.

Más de 20.000 menores llegaron el año pasado a Europa a través de rutas migratorias mixtas sin estar acompañados por un adulto responsable.

En total, unos 31.100 niños llegaron por tierra y mar a Bulgaria, Chipre, Grecia, Italia, Malta y España, según el informe elaborado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), UNICEF y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

El estudio indica que, aunque el número total de menores llegados a esos seis países disminuyó un 25 % respecto al año anterior, la proporción de niños no acompañados aumentó del 51 % en 2024 al 67 % en 2025.

La mayoría de los menores no acompañados llegaron a Italia y España, y el 86 % de ellos no viajaba con ninguno de sus padres ni con un tutor legal.

La directora general de la OIM, Amy Pope, pidió reforzar la cooperación entre los países europeos y los Estados situados a lo largo de las rutas migratorias para proteger a los menores no acompañados y combatir a las redes de tráfico y explotación.

La OIM también informó que casi la mitad de los adolescentes y jóvenes entrevistados a lo largo de las rutas migratorias habían sufrido violencia física.

Ante esta situación, la organización instó a los Estados miembros de la Unión Europea a situar el interés superior del menor en el centro de las decisiones, garantizar un acceso rápido a los servicios y evitar la detención de niños por motivos relacionados con la migración.

Asimismo, reclamó que los menores no acompañados o separados de sus familias tengan acceso inmediato a representación legal y que los procedimientos para determinar su edad se utilicen únicamente de forma excepcional, sean adaptados a las necesidades de la infancia y puedan ser recurridos.

La evaluación de la ONU y las advertencias de la OIM ponen de relieve la necesidad de reforzar la protección de los menores migrantes y de garantizar que sus derechos reconocidos internacionalmente se respeten en la práctica.

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