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Bienvenido Papa León XIV: «Por una paz desarmada y desarmante»

Santidad, gracias por visitar a nuestro país, esperamos mucho de su visita y entre otras nos gustaría destacar del periodo que lleva de pontificado:

Su mensaje de esperanza para un mundo en guerra, con más de 50 guerras en el mundo, muchas de ellas olvidadas, para que todos exijamos «una paz desarmada y desarmante»

Su aliento en las luchas solidarias, en las calles y en las plazas, para fomentar un cambio en las conciencias y una conversión personal, ambiental e institucional…

Su mensaje de solidaridad con los migrantes empobrecidos, para que levantemos la mirada (¡alzad la mirada!) más allá del mar Mediterráneo o Atlántico, y sepamos traspasar el muro de la táctica política instrumental que corroe la sociedad sin atender a las causas de tanta miseria y tanta guerra que sufren los migrantes.

Su aportación que da continuidad y novedad a la Doctrina Social de la Iglesia (Magnifica Humanitas) actualizando los grandes problemas de la humanidad y las consecuencias de las nuevas tecnologías (Inteligencia Artificial).

Su reflexión sobre la dignidad humana, sobre la defensa de la vida (aborto, hambre, terrorismo, eutanasia…), sobre la necesaria fraternidad y la responsabilidad compartida de una sociedad, de una comunidad, hacia el bien común.

Su posicionamiento en favor del trabajo, que dignifica al ser humano, su vocación más profunda a construir con otros, a crear con otros, por encima de las imposiciones del lucro, el poder y el capital.

Su apoyo a las familias y niños que, también en nuestra patria, sufren marginación, pobreza y abandono.

Su bendición para los militantes cristianos, para que el Señor nos mantenga en fieles a su Iglesia y a los empobrecidos.

Sus oraciones para que sirvamos a la Iglesia desde nuestro carisma, con la vocación transmitida por tantos militantes cristianos pobres (Guillermo Rovirosa, Julián Gómez del Castillo, D. Tomás Malagón…). Para que nuestras plataformas sigan sirviendo a la sociedad como debe ser servida: promoción de militantes cristianos.

Desde el Movimiento Cultural Cristiano, ¡bienvenido!. Nosotros también oramos por sus intenciones y trabajos apostólicos. En comunión. ¡Hasta mañana en el Altar!

 

 

 

 

Familias y niños sufren creciente pobreza y exclusión social en España

El crecimiento del PIB porcentual no dice nada, si se ha partido de una base mucho menor que el resto de países europeos. La creación de empleo precario o los contratos fijos discontínuos de unos meses al año lo dicen todo. Da igual que subas el salario mínimo si el precio de la vivienda se dispara, y si amarrada al mismo cohete está la inflación, o sea, el mayor ataque a los más pobres de nuestra sociedad.

La pobreza y la exclusión social afectan a 12,6 millones de personas en España, el 25,7% de la población, una tasa que no ha bajado en más de una década pese al crecimiento económico y la mejora de los datos de empleo

El factor vivienda y la inflación. Pobreza en las familias.

Los análisis socioeconómicos de los últimos meses, apuntan a que la inflación alimentaria y los precios del alquiler anulan el efecto de las ayudas públicas directas. El encarecimiento de la vivienda empuja a casi la mitad de las familias que viven de alquiler al umbral de la pobreza, reduciendo al mínimo el presupuesto disponible para la nutrición y el desarrollo educativo de los niños.
Los informes de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES) revelan que el ascensor social en España está prácticamente congelado debido a un «suelo estructural» de pobreza que afecta a 12,6 millones de personas (el 25,7% de la población). A pesar del crecimiento macroeconómico y la mejora del empleo, el informe anual El Estado de la Pobreza en España constata que la riqueza no se está filtrando hacia las clases más bajas, bloqueando la movilidad social ascendente.

Pobreza infantil

Uno de cada tres menores en España (cerca del 33% o más de 2,6 millones de niños y adolescentes) vive en riesgo de pobreza o exclusión social. España mantiene una de las tasas de pobreza infantil más altas de la Unión Europea, solo comparable con países como Bulgaria o Rumania.

Datos 

  • Tasa alarmante: Cerca del 33 % de la población menor de 18 años se encuentra en situación de vulnerabilidad, siendo este el grupo de edad más afectado.
  • Empleo precario: Más del 70% de los niños pobres viven en hogares donde al menos uno de los progenitores tiene trabajo. Los bajos salarios y la carestía de la vivienda impiden salir de la pobreza a muchas familias trabajadoras.
  • Falta de ayudas: España destina un porcentaje del PIB a ayudas para familias y niños que se encuentra significativamente por debajo de la media europea.
  • Impacto: Los menores afectados enfrentan mayores barreras en el rendimiento académico, acceso a alimentación adecuada y actividades extraescolares, lo que compromete sus oportunidades futuras.
El informe de análisis de la Encuesta de Condiciones de Vida con enfoque de infancia de la Plataforma de Infancia destaca una alarmante concentración de la vulnerabilidad en perfiles específicos, en concreto 2 situaciones..
    • Familias numerosas: La tasa de riesgo de pobreza o exclusión social creció hasta alcanzar el 68,2% en hogares con tres o más hijos.
    • Hogares migrantes: El 67,5% de los menores con padres de origen extranjero se encuentra en riesgo de exclusión.

D. Luis Argüello presidente de la CEE «Lo más necesario es la promoción de conciencia»

Diálogo en la Fundación Pablo VI en torno a la encíclica Magnifica Humanitas.

Construir la sociedad «ladrillo a ladrillo» es una poderosa metáfora de compromiso personal y comunitario. Al igual que en la reedificación de las murallas de Jerusalén o en la promoción de la dignitas humana, cada acción, valor y relación sana que fomentas es una pieza fundamental que fortalece el tejido social.

Ante la IA y la crisis social actual, hace falta reconstruir la sociedad desde la dignidad de la persona, la formación (promoción) de la conciencia y una visión de largo plazo de la política, la caridad política.

Intervienen Mons. Luis Argüello. Arzobispo de Valladolid y Presidente de la CEE -Antonio Garamendi. Presidente de CEOE-Unai Sordo. Secretario general de CCOO-Carme Artigas. Ex Secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial-Con la intervención de Hª. Alessandra Smerilli. Secretaria del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

En un encuentro organizado por la Fundación Pablo VI, el arzobispo de Valladolid D. Luis Argüello, comenzó afirmando que la doctrina social de la Iglesia ha pasado por distintas etapas: su origen en la escolástica, la crisis tras el Concilio Vaticano II y una renovación posterior con Pablo VI, Juan Pablo II y el papa Francisco.

El eje central es que la dignidad humana, que no es solo un principio más, sino el fundamento de toda construcción social, y que hay que pasar del individualismo (individuo) a una visión de la persona como sujeto relacional y su dignidad desde la concepción.

También insistió en que la respuesta a los desafíos actuales —especialmente la IA, el consumismo y los nuevos poderes económicos— debe ser pensando en el largo plazo, con un marco espiritual, ético, cultural y político. (Más allá de los cortos plazos que impone hoy la política)

Ideas principales señaladas por D. Luis Argüello
  • La encíclica comentada propone “alzar la mirada” y pensar a largo plazo, en vez de actuar solo con lógica electoral o inmediata.

  • La inteligencia artificial se presenta como un “cultivo” en desarrollo, por lo que necesita regulación y orientación, no solo técnica sino también moral y social…y una espiritualidad.

  • La importancia de formar la conciencia, educar para el diálogo y construir una “civilización del amor” basada en la palabra, la escucha y el bien común. Hay que construir una civilización donde la caridad política y la promoción de conciencia sea una constante, ladrillo a ladrillo, como la muralla de Jerusalem.

  • Es una labor principal participación de creyentes y no creyentes, para construir una sociedad más humana.

La Iglesia debe dialogar con la sociedad actual desde la doctrina social de la Iglesia, manteniendo ideas centrales como la dignidad humana, el bien común, la subsidiariedad, la justicia social y la solidaridad. También señaló que hoy esos principios deben aplicarse a retos nuevos como la digitalización, la inteligencia artificial, la robótica y las grandes plataformas tecnológicas, que generan nuevas formas de explotación laboral.

Para el presidente de la CEE la idea central es que la fe cristiana no cambia, pero su aplicación sí debe adaptarse a la época actual, marcada por la cuarta revolución industrial y por tensiones entre verdad, democracia y relativismo moral…

La Iglesia sigue defendiendo la dignidad de la persona, pero ahora debe hacerlo frente a los desafíos tecnológicos y laborales del presente.

Revista Autogestión 164 «Con la música, hacia el Bien Común»

Con la música… hacia el bien común

Editorial

En este número de la revista Autogestión vamos a hablar de la música y el canto. De la música y el canto como Bien, y como Bien Común.

Los autores de los diferentes artículos que nos hablan de la música, la conciben como un fin en sí misma, sin más pretensión, ni menos, que la de proporcionar la máxima intensidad a un instante de silencio. En realidad, la música que está llamada a ser un bien común sí que esconde un objetivo: obligarnos a escuchar ese silencio. Un silencio que transciende el ruido del mercadeo, del poder, de la violencia y de las armas.

DESCARGA EN PDF EL EXTRACTO DE LA REVISTA

Vamos a hablar de música precisamente cuando el mundo entero parece estar convirtiéndose en un ruidoso mercado donde todo se concibe como una mercancía. El poder de los fuertes es bullicioso, ensordecedor, y reclama a gritos nuestra atención. Al capitalismo no le gusta el silencio. Cuanto más se afana en idolatrar la productividad, más ruido de armas genera. El ruido parece multiplicar el capital. O el capital hace ruido para multiplicarse. El silencio no produce. La música a la que queremos homenajear es bien y es belleza esencialmente cuando surge del silencio y regresa al silencio.

No nos equivoquemos. El silencio del que hablamos no emana de mandar callar a la realidad, ni de mostrar indiferencia, cobardía, o evasión elitista ante ella. Es el silencio que brota cuando el cansancio del trabajo te derrota, cuando la angustia te deja enmudecido, cuando la agonía del sufrimiento, la herida y el dolor no son capaces de expresarse ni siquiera con gritos, cuando la emoción y la alegría y la esperanza desbordan cualquier palabra. Si la música no nos trasciende, no mana del silencio del desgarro, tampoco es capaz de descender y transformarse en fuego. El descenso del silencio de la buena música se transforma en amor.

«La música no es un entretenimiento a donde vamos y simplemente nos entretenemos y seguimos. Es un misterio. Es un misterio para nuestra existencia, pero también un portal a otro mundo y una medicina». Así nos lo sentencia en este número el violinista Daniel Lozakovich.

También vamos a hablar, con muchas limitaciones, del canto y de las canciones que han nacido cuando no se puede callar y tenemos que «cantar la realidad»1.

Y es que «si se calla el cantor…», efectivamente «calla la vida». Vamos a hablar de letras que solicitan el concurso de la música, y de todo nuestro cuerpo, para transcender la propia voz y que pueda llegar a rebosar nuestra humanidad. No hay cultura que no tenga en la música una de sus manifestaciones más singulares. No hay nada cómo la música o las canciones para explicarnos nuestras vidas y, sobre todo, para conocer las experiencias de vida colectiva de un pueblo. Si queremos saber de la historia real de los pueblos, no hay una fuente más elocuente que la de sus cancioneros populares. Entre sus composiciones muchas veces es imposible identificar a un solo autor, porque su música y sus canciones, frecuentemente corales, nacen y se transforman nutridas por las experiencias de los que cantan juntos. En otras ocasiones, el cancionero se enriquece con la poderosa creatividad de personas que cultivan esa especial sensibilidad en el propio pueblo.

Tampoco hay movimiento social o político en la historia que haya prescindido de la música y las canciones como vehículo de cohesión identitaria y emocional que permite compartir y difundir un ideario o una ideología. La música con finalidad propagandística es un hecho y, en gran medida, todo «poder político» la ha usado e instrumentalizado en su propio provecho. También es posible utilizar esta coordenada de la música para analizar la dialéctica del poder de los fuertes en las distintas etapas históricas. Pero lo más característico de nuestro momento actual, como decíamos al principio de esta editorial, es que hay mucho interés y muchísima inversión que trata de convertir la música, y la canción, no en un Bien, y mucho menos en un Bien común, sino en un «producto de mercado», en una mercancía fetiche. La música y la canción comercial deviene entonces en «ruido» y se convierte en el negocio que permite invisibilizar y evadir esa belleza que nos transciende, que nos salva, que nos hace mejores personas. La belleza de la música como Bien Común jamás estará enfrentada ni con la verdad ni con la justicia. Por eso, este número de la revista Autogestión contiene un primer esbozo de cómo con la música, con el canto, podemos también colaborar a construir solidaridad y comunidad política.

1 Letra de una canción que cantan los pobres en Centroamérica y cuyo estribillo dice así: «Yo no puedo callar, no puedo pasar indiferente, ante el dolor de tanta gente. Yo no puedo callar, y tengo que cantar la realidad».

Madrid: Huérfanos desde la concepción

Centro Cultural: «Huérfanos desde la concepción» por Marina Ponce, educadora.

Miércoles 3 de junio a las 19h en la Casa de Cultura y Solidaridad – DERSA, Avenida de Monforte de Lemos, 162, Madrid.

Curso Norte-Sur 2026 «Respuestas de esperanza a este mundo en guerra»

Inscripción al Aula Malagón-Rovirosa

LA HERRAMIENTA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, ¿ESPADA O ARADO?

En el actual escenario de transformación tecnológica, nos encontramos ante una encrucijada que toca la médula misma de la dignidad humana: el trabajo. Al analizar si la Inteligencia Artificial (IA) será una fuerza de creación o de destrucción masiva de empleo, parece que estamos ante una reconfiguración estructural profunda que exige una respuesta política proactiva de la sociedad y de las instituciones.

Por Alberto Mangas para la revista Autogestión

En la primera revolución industrial se eliminaron miles de trabajos artesanales, y se generaron nuevos bajo la égida del capitalismo industrial. En ese momento gracias al movimiento obrero y sus luchas, se logró frenar la esclavitud que se imponía con el capitalismo industrial.

En el siglo XX la revolución de la electrónica, de la informática y de los materiales, cataliza el crecimiento del sector servicios y el auge de los trabajos más vinculados al conocimiento. También fueron herramientas para impulsar la economía financiera, imponiendo una vuelta de tuerca del capital sobre el trabajo. Se generaron nuevos parados en los países ricos, más personas apartadas a las cunetas de la historia, además de los aranceles tecnológicos que sufren los países empobrecidos.

¿Creación o destrucción? El balance de la «Destrucción Creativa»

El debate sobre el impacto neto de la IA presenta datos que, aunque invitan a un optimismo moderado, no ocultan una volatilidad interna disruptiva. Según el informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial, se proyección que para el año 2030 se habrán creado aproximadamente 170 millones de nuevos puestos de trabajo impulsados por distintas macrotendencias tecnológicas. En contraposición, estiman que 92 millones de roles (oficios) actuales desaparecerán debido a la automatización, lo que resultaría en un crecimiento neto de 78 millones de oportunidades laborales. ¿Pero esto qué significa? ¿Garantizan que ese balance se transformará en empleo de personas?

Esta cifra, que nos presentan cómo positiva, esconde una realidad inquietante: la rotación estructural afectaría al 22% de la fuerza laboral global, lo que significa que uno de cada cinco trabajadores verá su función transformada radicalmente en los próximos años. Además, la exposición a la IA no es equitativa; mientras que en las economías avanzadas el 60% de los empleos están expuestos debido a la prevalencia de tareas cognitivas, en los países de ingresos bajos esta cifra desciende al 26%, reflejando una mayor dependencia de actividades físicas que la IA aún no puede replicar de forma rentable para las empresas.

La magnitud del desafío es inmensa: se estima que 59 de cada 100 trabajadores necesitarán capacitación intensiva antes de que termine esta década para mantener su empleabilidad, Las grandes tecnológicas están implementando programas a gran escala; Amazon ha invertido más de 1.200 millones de dólares en su compromiso Upskilling 2025 para capacitar a 300.000 empleados en áreas de alta demanda como la computación en la nube y el aprendizaje automático. Pero también Amazon estaría a punto de sustituir medio millón de trabajadores por robots. Por su parte, Microsoft lanzó Elevate, una iniciativa de 4.000 millones de dólares con el objetivo de certificar a 20 millones de personas en habilidades de IA para 2027. Hay otros trabajadores a los que se destina un cambio total de su trabajo. Pero la pregunta surge de nuevo entre las sombras: ¿Cuántos de estos trabajadores se quedarán definitivamente apartados? ¿Cuántos se verán más precarizados? ¿Qué futuro espera a las generaciones más jóvenes?

Desde una perspectiva ética, surge el concepto de la «Trampa de Turing». Este riesgo advierte sobre la tendencia de los líderes tecnológicos a enfocarse en crear máquinas que mimeticen o sustituyan a los seres humanos (automatización), en lugar de máquinas que la complementen (aumentación). La automatización pura tiende a concentrar la riqueza y el poder, ya que los humanos se vuelven sustituibles, mientras que la IA de aumentación fomenta la creación de nuevos servicios y permite que el trabajador conserve su poder de negociación.

Un vídeo promocional de la compañía china Ubtech muestra a cientos de robots con forma humana, que siguen órdenes de una IA, que incluso llegan a cambiar sus propias baterías, dispuestos a trabajar como ejército sin descanso 24/7.

Incluso se está avanzando en el uso de “agentes de la IA”. Los usuarios que interactúan ya no son humanos. Estos “agentes” toman decisiones, no solo automatismos, se colocan cada vez más encima del árbol de decisiones… En redes “sociales” como Moltbook ocurre que los robots son los usuarios. La plataforma adopta una estructura similar a la de Reddit, con hilos de discusión y un sistema de votos positivos y negativos. Los bots de inteligencia artificial (IA) pueden publicar, comentar y votar. “Una red social para agentes de IA”, se lee al acceder, “los humanos son bienvenidos a observar”.

Un mundo de consumidores ¿menguantes? y de precarios crecientes

¿Se impone un mundo con trabajadores y consumidores menguantes? ¿Hasta qué punto interesa a los poderosos mantener una población de meros consumidores? Las políticas de control de la población cobran todavía más sentido bajo el principio de “población sobrante”.

El economista Guilles Sain Paul, afirma, que en esta dinámica tecnológica y empresarial el consumo de masas se reduciría drásticamente y pondría en jaque el sistema capitalista del teórico crecimiento permanente. Para el Sr Guilles la posibilidad de que la automatización y la inteligencia artificial (IA) provocará un deterioro económico más amplio, afectando no solo a los trabajadores sino también a algunos propietarios del capital y de la tecnología avanzada. Mientras que históricamente la automatización ha favorecido a los trabajadores del sector del conocimiento frente a los “manuales”, los avances recientes en IA sugieren que también podría sustituir con más fuerza al trabajo “cualificado”, lo que genera dudas sobre la desaparición de lo que nos han vendido como estado de bienestar y la viabilidad de una sociedad basada en el consumo masivo.

El estudio de Sain Paul propone un modelo con preferencias no homotéticas y tecnología con rendimientos crecientes, en el que la IA elimina el trabajo que hasta ahora hemos llamado cualificado. En este contexto, la demanda de bienes producidos en masa puede caer, desestabilizando gran parte de las grandes empresas que dependen de la sociedad de consumo. El poder político, cada vez más desplazado a los “oligarcas”, es decir, los propietarios de las tecnologías, podrían adoptar en connivencia con los gobiernos, políticas como la Renta Básica Universal (RBU) o un cierto post-fordismo para sostener la demanda y la rentabilidad.

Para Yanis Varoufakis las exorbitantes valoraciones bursátiles de Google, Meta, Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon y Tesla inspiran una mezcla de asombro y temor. Sus inversiones multimillonarias en inteligencia artificial llevan a algunos a predecir un futuro prometedor, mientras que otros temen el empobrecimiento humano, el desempleo e incluso los despidos. El economista griego afirma que “en medio de este estruendo abrumador, es fácil perder de vista el panorama general: un nuevo tipo de capital está destruyendo los mercados, el hábitat del capitalismo.”

La metáfora de los fontaneros

Para Jensen Huang, CEO de Nvidia “la próxima generación de millonarios serán fontaneros, carpinteros o electricistas”, y añadió al respecto: “El crecimiento explosivo de centros de datos para instalar IA obligará casi a duplicar anualmente la fuerza laboral calificada en este tipo de profesiones”. Los profesionales formados para estos oficios, serían irremplazables y necesarios no solo para la construcción de esos centros de datos para IA, sino también para su mantenimiento. Son el problema y quieren vender la solución.

Otro de los “santones” de las tecno-plataformas, el CEO de Anthropic Darío Amodei, a la par que advierte sobre las amenazas y peligros de la IA, multiplica su acción empresarial y tecnocrática y la presenta como garantía de freno a las “autocracias” que podrían hacer mal uso de la misma. Aboga por una IA construida en alianza para fortalecer las “democracias” liberales y resistir frente a las dictaduras, al tiempo que se colabora con China en riesgos globales como el bioterrorismo, la principal amenaza concreta desarrollada por el fundador de Anthropic. Para Darío Amodei, a diferencia de las revoluciones schumpeterianas del pasado, la IA sustituiría a la propia inteligencia humana, no sólo en tareas específicas, y avanzaría a un ritmo que podría superar la capacidad de adaptación de los trabajadores. También advierte de las graves consecuencias laborales de esta transformación tecnológica.

Los centros de datos ya representan una parte sustancial del crecimiento económico estadounidense y se ha establecido un peligroso vínculo entre los intereses financieros de las grandes empresas tecnológicas y los intereses políticos del gobierno. Esta vinculación genera incentivos sesgados: las empresas tecnológicas son reacias a criticar al gobierno, mientras que este apoya políticas anti reguladoras en materia de IA. Un bucle que acrecienta el poder de ambos.

Contra las políticas regulatorias

Después de que Elon Musk se volcara completamente en la campaña presidencial de Donald Trump en 2024, la veda queda abierta para el resto de gigantes tecnológicos. Las dinámicas transaccionales de la nueva administración estadounidense, que ya ha adquirido participaciones de Intel y que retiró su amenaza arancelaria a Apple cuando la compañía se comprometió a una inversión de 600.000 millones de dólares, han fomentado un ecosistema aún más favorable para el lobby tecnológico. Las grandes fortunas de Silicon Valley ya han tomado nota: de cara a las legislativas del 2026 han lanzado dos plataformas para desbancar a los candidatos pro-regulación de la IA.

De todas estas proclamas a la defensa de la sociedad mientras se avanza sin regulación alguna, en connivencia con gobiernos, banca e instituciones financieras, y cómo no de la industria armamentística, podemos extraer al menos una conclusión: la sociedad y la Política deben hacer frente a este Goliat.

Sin contrato social

La extrema concentración de poder económico y político, que crearía la IA podría acabar rompiendo definitivamente el contrato social que apenas se mantenía en los países enriquecidos del norte durante el pasado siglo. De hecho, en este nuevo capitalismo, se plantean ya dos “mercados” en paralelo. Uno que distribuye las migajas a las poblaciones, con una mayoría de la población bien empobrecida o bien precarizada y subsidiada por una renta básica y un gran entretenimiento (drogas, plataformas, contenidos basura, juego… accesible y a bajo precio). Y otro mercado más selecto, con artículos de lujo para las minorías que se beneficien de forma exponencial de este sistema. Aunque el primero, siga surtiendo de riqueza al segundo.

La IA es una herramienta tecnológica y la política debe ser el ejercicio del Bien Común. El futuro del trabajo en la era de la IA no está predeterminado por la tecnología, sino por las opciones políticas y éticas que tomemos hoy. Habrá que empezar por dignificar auténticamente al ser humano. Cuando se utiliza la tecnología de manera que respete la dignidad humana y promueva el bienestar de los individuos y las comunidades, puede contribuir favorablemente a la vocación humana, y en este caso a la vocación profesional.

Convertir las espadas en arados, sobre los que la humanidad amarre sus manos, es una obligación moral y política de primer orden. Dejar hacer es una grandísima irresponsabilidad para nosotros y las generaciones venideras.


  1. El reskilling permite a empresas y profesionales adaptarse al cambio tecnológico

  2. Los agentes de IA son sistemas de software autónomos que utilizan inteligencia artificial para razonar, planificar, utilizar herramientas y tomar decisiones con el fin de lograr objetivos complejos en nombre de los usuarios. A diferencia de los chatbots tradicionales, operan con un nivel de autonomía, memoria y capacidad de aprendizaje continuo para interactuar con su entorno y realizar tareas secuenciales sin intervención constante.

  3. Gilles Saint-Paul (nacido el 8 de febrero de 1963) es un economista francés de la Escuela de Economía de París

  4. Las preferencias no homotéticas implican que, cuando los ingresos suben, la proporción del gasto en ciertos bienes (bienes de lujo o servicios sofisticados) aumenta, mientras que en otros (bienes básicos) disminuye. La IA potencia este fenómeno.

  5. Es cofundador y director ejecutivo de Anthropic, la empresa responsable de Claude, un modelo extenso de lenguaje.

Magnifica Humanitas: Una inteligencia artificial desarmada

Hemos escuchado, con gran alegría, la presentación de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas. El documento, dedicado al tema de “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, lleva la firma del Papa León XIV con fecha del 15 de mayo, coincidiendo con el 135º aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum de León XIII.

Descarga la Carta Encíclica⇒ Magnifica Humanitas

Comenzamos extrayendo uno de los textos iniciales:

Entonces las piedras desechadas —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños— se convertirán en piedras angulares, y sobre la tierra surgirá un hogar común sólido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrarán, y la justicia y la paz se besarán (cf. Sal 85,11).

Esta es la bendición que imploramos a Dios y la tarea que tenemos por delante: ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse. Y, con ánimo de pastor y de padre, pido a todos que detengan la construcción de la enésima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar.

El texto nos plantea: ¿Babel o Jerusalén? 

No nos encontramos simplemente ante un avance tecnológico vertiginoso, sino ante un auténtico «cambio de época» que sacude los cimientos de nuestra identidad. La Encíclica Magnifica Humanitas de León XIV nos sitúa en una encrucijada existencial, obligándonos a discernir qué tipo de mundo estamos esculpiendo con algoritmos y silicio.

¿Estamos levantando una nueva Torre de Babel, impulsada por la soberbia de la autosuficiencia y una uniformidad digital que anula al ser humano? ¿O seremos capaces, como el profeta Nehemías, de reconstruir Jerusalén desde sus ruinas, asumiendo una corresponsabilidad valiente que devuelva la belleza a nuestra magnífica humanidad?

Esta encrucijada exige un discernimiento que trascienda lo técnico para descender radicalmente al «corazón». He aquí cinco revelaciones críticas para navegar este horizonte digital sin perder nuestra identidad.

 

  1. La Privatización de la Soberanía: ¿Quién gobierna el horizonte digital?

Asistimos a un giro histórico donde el motor del desarrollo ya no reside en los Estados, sino en actores privados transnacionales. Este poder, dotado de recursos superiores a muchos gobiernos, ha generado una asimetría epistémica sin precedentes. Bajo la promesa de servicios «gratuitos», se oculta un dominio que moldea el imaginario colectivo y los procesos de decisión.

Debemos denunciar la ilusión de la neutralidad técnica: la tecnología siempre toma el rostro de quien la diseña y la financia. En la era de la IA, el riesgo es que el «paradigma tecnocrático» convierta la eficiencia en la única ley, invisibilizando a los últimos de la tierra.

«No podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido […] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero». (Magnifica Humanitas, 5)

 

  1. El fin de la «Dictadura de la Eficiencia»: Dignidad vs. Productividad

El sistema algorítmico actual impone una ideología insidiosa: la idea de que el valor humano debe «ganarse» mediante la productividad. Esta visión reduce al ser humano a un simple recurso a optimizar, descartando a quienes no encajan en los estándares de rendimiento de la máquina.

Es imperativo rescatar la noción de dignidad ontológica. A diferencia de la dignidad moral o social, que pueden fluctuar según nuestras acciones o estatus, la dignidad ontológica es infinita e inalienable. Pertenece a todo ser humano por el solo hecho de existir, de ser amado por Dios, independientemente de su utilidad para el sistema. Una sociedad justa es aquella que protege a los «perdedores» del algoritmo: los pobres, los ancianos y los frágiles, reconociendo que su valor no reside en lo que producen, sino en lo que son.

Por lo tanto, la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada. La reciente Declaración Dignitas infinita ha ofrecido una síntesis de las convicciones de la Iglesia sobre este tema: «Una dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre», [62] es decir, siempre e ineludiblemente. Esta dignidad de todo ser humano puede definirse infinita, como dijo san Juan Pablo II, [63] por dos razones: porque es infinito el amor de Dios que lo llama a la amistad con Él, y porque es absolutamente incondicionada, en el sentido de que, aun buscando hasta el infinito, nunca se encontrará nada que pueda suprimirla o negarla. (Magnifica Humanitas, 53)

 

  1. «Desarmar» el Algoritmo: La IA y la nueva gramática de la guerra

La integración de la IA en los conflictos bélicos está bajando peligrosamente el umbral del uso de la fuerza. Delegar decisiones de vida o muerte a cálculos estadísticos es una aberración moral; el juicio ético requiere conciencia y responsabilidad, facultades que ninguna máquina puede simular.

Sin embargo, la llamada a «desarmar la IA» va más allá de los robots armados. León XIV advierte sobre una carrera armamentista cognitiva y económica, donde el objetivo es el control del pensamiento humano a través del algoritmo más eficaz. Debemos sustraer la tecnología de esta lógica de competencia feroz para que el enemigo no sea reducido a un «dato» y la víctima a un «daño colateral». Desarmar la IA significa hacerla habitable, refutable y plural, impidiendo que se convierta en una infraestructura invisible de dominio mental de la humanidad.

 

  1. El Límite Humano como Tesoro: El error frente al sueño transhumanista

Las narrativas del transhumanismo y el posthumanismo nos venden una «humanidad potenciada», sugiriendo que el dolor, la fragilidad y la finitud son fallos de programación que deben ser corregidos. Esta es la esencia de Babel: la pretensión de alcanzar el cielo despreciando nuestra propia naturaleza.

Frente a esto, el humanismo contemporáneo defiende el límite como un espacio de maduración. El ser humano no florece a pesar de su fragilidad, sino a través de ella. Es en el reconocimiento de nuestra finitud donde nacen la compasión, la generosidad y la apertura al Misterio. Una vida sin sombras, hibridada con la máquina para alcanzar una perfección técnica, sería una vida vacía de amor real.

«El ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite. […] Para eliminar totalmente el dolor sería necesario, a fin de cuenta, apagar también el amor y el deseo». (Magnifica Humanitas, 83-85)

 

  1. El verdadero «Más que Humano»: Gracia vs. Chips

La verdadera trascendencia no vendrá de una interfaz neuronal o de una acumulación de potencia de cálculo. El auténtico «más que humano» no es un ascenso prometeico hacia la autosuficiencia técnica, sino una transformación por la Gracia.

Mientras el transhumanismo busca elevarse para dominar, el humanismo cristiano propone un movimiento de descenso: hacerse cercano al otro, compartir el peso de la historia y encontrar la plenitud en la comunión. La plenitud humana no se calcula, se recibe en la entrega gratuita y en el amor, dimensiones que permanecen eternamente fuera del alcance de cualquier arquitectura de datos.

La revolución digital no es un destino inevitable ante el cual debamos rendirnos como espectadores resignados. Somos corresponsables de la dirección y del sentido que tome la técnica. Como Nehemías, que examinó las ruinas en silencio para luego asignar un tramo de la muralla a cada familia, debemos reconstruir los vínculos sociales desde los pobres, desde abajo.

La tarea no es solo regular el código, sino «desarmar» el paradigma tecnocrático para que la tecnología sea una herramienta de sinodalidad, donde caminar juntos sea más importante que llegar primero. Científicos, ingenieros, estados, empresas, pueblos hemos de hacernos una pregunta provocativa que actúe como brújula moral:

¿Hace esta tecnología que nuestra vida en la tierra sea realmente más humana y digna?

 

Construir la paz:

A quienes tienen el honor y la responsabilidad de gobernar, quisiera repetir unas palabras que dije al inicio de mi Pontificado: «Los pueblos quieren la paz y yo, con el corazón en la mano, digo a los responsables de los pueblos: ¡encontrémonos, dialoguemos, negociemos! La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben callar, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan; porque pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas; porque los demás no son ante todo enemigos, sino seres humanos: no son malos a quienes odiar, sino personas con quienes hablar. Rechacemos las visiones maniqueas típicas de los relatos violentos, que dividen el mundo entre buenos y malos». [198] (Magnifica Humanitas 222)

 

Equivocarse con María es equivocarse con Cristo

«Virgen con niño» de Giovanni de Santi (1488)

por P. Osmín Serrano para la Revista Id y Evangelizad

El autor destaca un elemento clave para la comprensión de María, que también lo es para la comprensión de Cristo y del cristianismo: la encarnación. María no solo acepta voluntariamente gestar y dar a luz al Salvador, sino que, como madre, también conforma su corazón humano. Fue ella quien «le enseñó a orar, a pensar, a hablar, a amar…». Se estableció entre ellos una unión que la llevó tras sus pasos hasta la cruz. A ella «el Padre no puede negarle nada». Y todo esto, como explica el autor, no es accesorio ni opcional para nuestra fe, sino absolutamente esencial: Dios lo quiso así. Osmín Serrano es sacerdote y teólogo.

Ratzinger subrayó que la Encarnación es el núcleo definitorio del cristianismo. En esto no fue original: es el pensamiento de los Padres de la Iglesia y de la propia Escritura. Uno de los que mejor lo expresaron fue Tertuliano (siglos II-III) cuando afirmaba «Caro cardo salutis»: «la carne es el quicio (o gozne) de la salvación» o –dicho de otra manera– solo podemos incorporarnos a la vida divina a través de la verdadera y completa humanidad del Hijo de Dios, que se prolonga sacramentalmente en la Iglesia y en sus misterios, particularmente en la Eucaristía, así como en los pobres, tal y como especificó el propio Cristo (Lc 22,19; Mt 26,26; Mt 25, 40).

La Encarnación, la humanidad sagrada del Verbo eterno, es el sello de autenticidad del cristianismo desde sus inicios: gracias a que la Iglesia se mantuvo fiel a ella y a su interpretación integral, la fe en Cristo no se disolvió ni en el judaísmo ni en el gnosticismo, que fueron los primeros y más hipnotizantes cantos de sirena que pretendieron desviarnos de nuestra travesía pascual. De hecho, lo siguen haciendo: el nuevo gnosticismo continúa con su fe individualista y espiritualista, mientras que lo judaizante es el actual moralismo que se escandaliza de la cruz.

Y aquí es donde aparece María: gracias a ella fue posible la Encarnación. El propio Dios y el cosmos entero suspendieron la respiración durante unos instantes hasta que la joven virgen de Nazareth contestó al anuncio de Gabriel: «Hágase en mí según tu Palabra», convirtiéndose en la nueva Eva que nos representa a todos porque ella, decía santo Tomás de Aquino, estaba loco totius humanae naturae (ocupando el lugar de toda la naturaleza humana). Sin su obediencia, el Hijo de Dios no se habría podido encarnar y la humanidad seguiría huérfana y desterrada. Por eso, el ángel le llama kecharitomene, llena de gracia, porque en ella y por ella la gracia natural es agraciada en la filiación divina y la hermandad eclesial.

El Verbo, gracias al Espíritu Santo, no solo tomó la carne de María, con toda la carga genética y biológica que una madre aporta a su hijo, sino que también fue configurado en sus afectos, pensamientos, palabras, ademanes, carácter, etc. por María. Se ha dicho que en el Nuevo Testamento se habla muy poco de María, pero no es cierto: cada vez que escuchamos las palabras de Cristo en el Evangelio o contemplamos sus signos, estamos oyendo y viendo a la madre que formó su corazón humano, que le enseñó a orar, a pensar, a hablar, a amar… Las Bienaventuranzas de Cristo, carta magna del Reino de Dios, son un trasunto del Magnificat de María. Y los protagonistas son los mismos: el Dios de la Misericordia y los pobres.

El Padre hizo todo para Cristo y por Cristo (Col 1, 16) por medio del Espíritu Santo; por eso mismo todo está marcado intrínsecamente por María. Ella no es un añadido de la fe ni debemos convertirla en mero objeto de devociones subjetivas y voluntaristas. Ella está, querámoslo o no, en el diseño mismo de todo lo real y está en su finalidad.

Ella es la obra perfecta del Espíritu Santo, que habita de un modo especial en su corazón porque es la verdadera Arca de la Nueva Alianza cubierta por la nube, la shekinah (Lc 1, 35.41); por eso, María está de pie en la hora definitiva del comienzo del Reino (Jn 2, 4), de la Iglesia (Hch 1, 14) y de cada uno de nosotros, especialmente en la Cruz (Jn 19, 26), abriéndonos a la acción del Espíritu de Dios. Ella es la Reina madre a la que el Rey no puede negarle nada (1 Re 2, 13-20).

Equivocarse con María es equivocarse con Cristo y con la verdadera fe liberadora; esto explica el vano intento del imperialismo de borrar la huella mariana de los pueblos explotados, para lo cual ha invertido ingentes cantidades de dinero y sembrado de sectas fundamentalistas los barrios empobrecidos con el fin de dividir y alienar. Pero María y su descendencia enfrentan a este dragón maligno y lo vencen en un combate espiritual y cósmico en el que estamos llamados a participar militantemente (Gn 3, 5; Ap 12). •

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