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La inmunidad de Delcy en los EEUU y la oscuridad sobre unas posibles elecciones

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Una carta del Departamento de Estado reclama el rápido archivo de un caso por la vía civil debido a sus importantes implicaciones de política exterior

El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha solicitado formalmente a un tribunal federal de Florida que reconozca la inmunidad de la presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, y archive una demanda presentada y fallada contra ella al considerar que, como jefa de Estado en ejercicio, no puede ser sometida a la jurisdicción de los tribunales estadounidenses. La líder del régimen venezolano había sido investigada por la vía penal en Florida por graves delitos, pero esos casos instruidos por la fiscalía y con implicación del FBI y la DEA han quedado paralizados en este mandato presidencial.

La decisión de darle inmunidad a Delcy, formalizada en un escrito de siete páginas presentado el lunes ante el Tribunal Federal para el Distrito Sur de Florida, supone una confirmación oficial, con todos los efectos, de que Washington reconoce a Rodríguez como presidenta de Venezuela, un extremo del que depende precisamente la concesión de esa inmunidad. Será inmune en causas civiles y penales mientras sea reconocida presidenta.

«El Departamento de Estado reconoce y concede la inmunidad de la presidenta Rodríguez como jefa de Estado en ejercicio de un país extranjero frente a la jurisdicción de este tribunal», afirma el escrito del Departamento de Justicia, que cita una comunicación previa enviada por el Departamento de Estado.

¿PARA CUANDO LAS ELECCIONES?

Para todos parece claro que se podrían (deberían) convocar unas elecciones a finales de este año, si hubiera voluntad política para hacerlo. Trump solo tendría que blandir y aterrizar sobre el papel una firma de trazo grueso, como en él es habitual.

Esta falta de voluntad política es un reflejo de los intereses estadounidenses sobre todo en el campo petrolero, con la circunstancia añadida del desastre de Oriente Medio y la subida de los precios de la gasolina en los EEUU.

Trump hace equilibrios para mantener vivas las esperanzas en las elecciones de medio término en el próximo otoño. Y para ello no debe subir el precio del galón de gasolina.

Veremos la posición de muchos de los votantes de origen iberoamericano…y la postura del movimiento Maga.

¿Y LA OPOSICIÓN?

Tampoco favorece una oposición venezolana dividida y desdibujada. En Venezuela sigue habiendo una mentalidad de élites (líderes) que según su concepción son los únicos que pueden gobernar el país. Si la postura neocolonial persiste, ¿que postura tomarán estos políticos ante la permanencia de una dictadura pintada ahora de barras y estrellas?

Es un tránsito sin sentido, una dictadura que recala en el mismo muelle, pero con otros «tutores».  El terremoto y sus consecuencias puede ayudar a enmascarar el protectorado dictatorial con la disculpa de una reconstrucción nacional.

Para Venezuela solo hay soluciones a largo y medio plazo, pero hay que comenzar a construirlas ahora.

Pueblo oprimido, pueblo venezolano, adelante, ¡liberación!

Los rohinyàs atrapados entre el campo de refugiados y el naufragio

Más de un millón de rohinyás viven hacinados en el complejo de refugiados de Cox’s Bazar, en Bangladesh

Los rohinyás son una minoría étnica mayoritariamente musulmana que ha vivido durante generaciones en el estado de Riján (Rakhine), en el norte de Myanmar (antigua Birmania). Son considerados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como una de las minorías más perseguidas del planeta.
Sin ciudadanía: El gobierno de Myanmar les niega la nacionalidad desde la Ley de Ciudadanía de 1982. El Estado los cataloga ilegalmente como inmigrantes bengalíes. No pueden votar, viajar libremente, casarse o acceder a la educación sin permisos estatales.

El éxodo masivo de 2017

En agosto de 2017, el ejército de Myanmar inició una brutal campaña militar en su contra. El operativo incluyó asesinatos, violencia sexual y la quema de cientos de aldeas. Este suceso, calificado por la ONU como una limpieza étnica con indicios de genocidio, provocó la huida de más de 750.000 personas en pocos meses.

Situación actual de los refugiados

El mayor campo del mundo: Más de un millón de rohinyás viven hacinados en el complejo de refugiados de Cox’s Bazar, en Bangladesh. El sector más grande se conoce como el Campo de refugiados de Kutupalong. Ante las precarias condiciones en Bangladesh, miles arriesgan sus vidas en barcos precarios hacia Malasia e Indonesia.

El golpe de Estado militar de 2021 en Myanmar empeoró el panorama, haciendo imposible un retorno seguro y digno para esta comunidad.

Naufragios en la huída del Campo de Refugiados
Naciones Unidas ha advertido este jueves pasado del posible fallecimiento de más de 500 personas, en su mayoría integrantes de la minoría rohingya de Birmania, tras el hundimiento de dos embarcaciones frente a las costas del país en los últimos días, después de zarpar a finales de junio desde el estado de Rajine, en el oeste del territorio.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) han expresado que están “muy preocupadas” por “las informaciones sobre el posible hundimiento durante los últimos días de dos embarcaciones con más de 500 personas frente a las costas de Birmania”.

Ambos organismos han señalado en un comunicado conjunto que “según la información preliminar, las dos embarcaciones partieron a finales de junio del estado de Rajine transportando principalmente pasajeros rohingya, entre los que, según se informa, había algunos que habían viajado desde campos de refugiados en Cox’s Bazar, en Bangladesh”.

En ese texto han detallado que una de las embarcaciones, “que se cree que transportaba a unas 250 personas”, dejó de emitir señales poco después de abandonar el puerto, mientras que la segunda, con alrededor de 280 ocupantes, se habría ido a pique el 8 de julio frente a la región de Ayeyarwady, en Birmania.

Las agencias han subrayado que “si bien los incidentes y las cifras de y víctimas aún no han sido confirmadas oficialmente, ACNUR y la OIM están gravemente preocupados por la posible devastadora pérdida de vidas humanas” y han recordado que “estos desplazamientos tuvieron lugar fuera de la temporada habitual de navegación, cuando las condiciones marítimas suelen ser más difíciles”.

En la misma línea, han apuntado que “las recientes lluvias torrenciales e inundaciones en toda la región han aumentado aún más los riesgos asociados con este tipo de movimientos marinos” y han advertido de que, si se confirmara el balance de muertos, esta “tragedia” se sumaría a “las cerca de 300 personas muertas o desaparecidas en el mar de Andamán y la bahía de Bengala en lo que va de año, incluidos refugiados rohingya y ciudadanos bangladeshíes”.

La música que no sirve para nada

La música no es adorno de la existencia humana, es uno de sus lenguajes fundamentales. Como el habla, las matemáticas o las artes plásticas, tiene vocabulario, gramática, narrativa y metalenguaje propios. Pero a diferencia de todos ellos, llega adonde la razón y la palabra no pueden, a esa zona fronteriza donde la existencia roza lo trascendente, y que incluso los no creyentes reconocen ante una fuga de Bach o el “Et incarnatus est” de su gran Misa en si menor.

Por Rainer Uphoff. Periodista y empresario

Publicado en la revista solidaria Autogestión

Si sirve para algo, no es música trascental.

Con esta provocación quiero abrir esta conversación sobre música. La que sirve para bailar, vender coches, construir estados emocionales en películas, transmitir mensajes políticos o religiosos o para lubricar el teatro social de agitprop: todo eso tiene su valor y sus leyes propias. Pero no es de eso de lo que quiero hablar aquí sino de la música en su estado más subversivo: la música absoluta, la que existe sólo para sí misma, firmada por Bach “para mayor gloria de Dios”. La música que, precisamente porque no sirve para nada ni a nadie, resulta ser la más necesaria.

Un lenguaje para lo que las palabras no alcanzan

El aprendizaje activo de música abre conexiones sinápticas que ningún otro lenguaje activa de la misma manera. Estimula simultáneamente zonas del cerebro asociadas a la lógica, la emoción, la coordinación social y “la interioridad”. En su dimensión colectiva —el coro, el conjunto, la orquesta— exige una escucha humilde y coordinada que no admite protagonismos individuales: la obra manda. No es casual que la educación musical rigurosa, que forma personas y abre horizontes más allá de la funcionalidad material, haya desaparecido de los currículos “para la plebe” y se reserve a los colegios de élite. El neoliberalismo reduce la formación a habilidades con valor en el mercado laboral.

Bach, Lübeck y la disciplina como libertad

El gran momento de inflexión de la música europea occidental tiene nombre, lugar y circunstancias: Johann Sebastian Bach (1685-1750), la ciudad libre de Lübeck, territorio más septentrional del Sacro Imperio insertado en territorio danés, y la posguerra (de los 30 años) y una reciente pandemia de la peste. Con veinte años, el joven Bach recorrió a pie cientos de kilómetros para escuchar al organista Dietrich Buxtehude (1637-1707) en la Marienkirche, esa monumental iglesia gótica que es también símbolo de la destrucción europea. Su órgano histórico de 1475, renovado en 1622 (¡un instrumento musical construido para durar siglos!) y su monumental tapiz de la Danza de la Muerte ardieron en los bombardeos británicos de la Segunda Guerra Mundial.

Aquí me permito un apunte personal. Mi profesor de órgano había sido pastor de otra de las siete iglesias principales (todas góticas y previas a la reforma protestante) de Lübeck. Que me diera la posibilidad a mis 18 años de tocar fuera del horario de apertura turística en la reconstrucción (sonora, no estética) del famoso “órgano de la danza de la muerte” mis piezas favoritas, fue una de las claves de mi primer proceso de conversión a Cristo. Experimentar la misteriosa fusión de las texturas polifónicas con las altísimas bóvedas góticas, formaron una especie de luminosa escalera al cielo que fulminó mi confianza en el poder de mi pedante racionalidad intelectual con la que creía poder conquistar el mundo, dando lugar a una, hasta la fecha, inquebrantable certidumbre y esperanza en la presencia de ese amor divino que se me manifestaba de manera abrumadora.

Buxtehude representa el punto de partida de una música que ya no busca acompañar el canto o la danza, ni necesariamente “lo bonito”, sino transmitir lo que las palabras no pueden aprehender. Bach lo asimiló, lo superó y lo unificó con la tradición italiana, más melódica, pero evitando su “esteticismo”, hasta crear algo completamente nuevo. El fundamento de esa libertad creativa era resultado de una disciplina feroz: de niño, su hermano mayor, convertido en tutor tras quedarse huérfano de padre y madre a los 10 años, le prohibía ni siquiera leer las partituras de los grandes maestros sin supervisión. Bach se levantaba de noche a copiarlas en secreto, hasta aprenderlas de memoria. Su hermano le pilló y las puso bajo llave. Hoy diríamos “para evitar su superestimulación”. Más tarde, sus autógrafos no tienen tachaduras ni necesitan ser pasados a limpio; componía mentalmente la obra completa antes de ponerla en papel.

La fuga es el género que mejor encarna esta tensión entre disciplina y trascendencia. Es técnicamente el más exigente —fuera del alcance de los mediocres que pueden cumplir con la técnica, pero sin inspirarle “alma”— y, al mismo tiempo, el que más se parece a la arquitectura de las grandes catedrales góticas: austero, enorme, apuntando hacia arriba, con una narrativa musical de gran dramatismo. El arte de la fuga, su última obra, forma, junto a la Ofrenda musical y El clavecín bien temperado, una obra cuasi enciclopédica, a modo de Summa Musicae. Quedó inconclusa. En su famoso Contrapunctus XIV, una gran fuga, llegó hasta introducir el tercer tema, de gran tensión cromática: “si bemol – la – do – si”, que en la notación alemana deletrea B-A-C-H. Sería la única vez que el modesto Bach pondría su nombre en música, como ofrenda ante la muerte que se le adelantó. Escuchar ese silencio final es una de las experiencias más sobrecogedoras que la música puede ofrecer. Su hijo anotó debajo del autógrafo de Bach: Sobre esta fuga, donde se introduce el nombre BACH en el contrapunto, el autor murió. En la lista de reproducción que acompaña esta revista, he elegido una interpretación anacrónica en piano. Aunque en tiempos de Bach este instrumento no existía (el instrumento que conocía y tocaba Bach era el clavecin), la sensibilidad de Gould y el hecho de que Bach no indicara ninguna instrumentación para su materialización, permite que esta fuga se escuche en un instrumento moderno sin cometer un sacrilegio.

Incluyo en la playlist el sorprendente y complejo Contrapunctus XI, fuga cuádruple, interpretado en este instrumento de la época de Bach, el clavecín, sonoramente incorruptible ya que no permite grandilocuencias sonoras ni las habituales “trampas manipulativas” de tocar más fuerte o modular el sonido con el pedal tan típico del piano, reflejo del gusto romántico del siglo XIX.  ⇒ Enlace Spotify

Gesualdo: cuando la música duele y no consuela

Pero la música que llega a lo más hondo de la existencia no siempre ha esperado al barroco nórdico. Carlo Gesualdo (1566-1613), príncipe de Venosa, es quizás el Caravaggio de la música, un genio oscuro, perturbado y violento que transformó su propio horror interior en arte de una densidad psicológica sin precedentes. En 1590 sorprendió a su esposa con su amante y los mató a ambos. Vivió el resto de sus días entre la culpa, la flagelación y la composición. Sus madrigales tardíos —especialmente Moro, lasso, al mio duolo (Muero, exhausto, en mi dolor)— son cromatismos tan extremos que anticipan en tres siglos la música del XX: disonancias que no resuelven, modulaciones que desorientan, una armonía que sangra.

Como Caravaggio pintaba la carne con una brutalidad que hacía incómodo mirar sus cuadros religiosos, Gesualdo componía una música que duele escuchar. Ninguno de los dos buscaba agradar; inseparables de su época y de su herida personal. Y ambos transmiten algo sobre la condición humana que ninguna obra “culinaria” puede alcanzar. Anticipa el subjetivismo romántico, mientras que Bach buscaba la armonía con Dios.

Del Beethoven sordo a Thomas Mann en el exilio: ¿deconstrucción o desensibilización de lo sublime?

Beethoven se lamentó toda la vida de no estar a la altura de Bach. Solo al final, ya totalmente sordo, abandonado por su sobrino al que había adoptado, ridiculizado por la incomprensión del público ante sus últimas obras —cuartetos de cuerda de hasta siete movimientos que dejaban exhaustos a músicos y oyentes—, se desquitó de ese complejo con la Gran Fuga. La paradoja es reveladora: perder el oído fue el camino hacia una música interior que nadie más podía seguir pero tampoco contaminar. El editor la rechazó como “indigerible”. Beethoven escribió a regañadientes un último movimiento banal para cobrar lo prometido, pero siempre consideró la Gran Fuga su verdadero legado.

El premio nobel de literatura, también lübeckense, Thomas Mann comprendió esta tensión mejor que nadie. Su novela Doctor Faustus (1947), recogiendo este mito tan arquetípicamente alemán popularizado por Goethe, es, a mi juicio, la mejor obra literaria para entender el estado político-cultural de Europa en la primera mitad del siglo XX. El compositor Adrian Leverkühn pacta con el diablo —la sífilis, la locura, el nazismo como tentación estética— para alcanzar una música radicalmente nueva. Se refiere a la dodecafonía de Schönberg, que destruye la tonalidad tradicional desde dentro. Mann utiliza a Schönberg como modelo no para caricaturizarlo sino para plantear la pregunta más inquietante: ¿puede la radicalidad formal sin raíces espirituales terminar siendo otro camino hacia la barbarie? ¿La técnica sin alma, llevada hasta sus últimas consecuencias, no acaba siendo tan vacía como la banalidad sentimental que pretende superar? Hollywood y su música de cine hizo suya esa nueva orquestalidad grandilocuente pero espiritualmente hueca.

Esta es precisamente la advertencia que su hijo Frido Mann desarrolla en su ensayo A la Música. Hay un repertorio de obras que nunca fueron populares por su complejidad y su misticismo, que exigen del oyente una entrega activa y repetida, pero que recogen el patrimonio espiritual de la civilización europea en un lenguaje arracional. Obras que no buscan la aprobación inmediata sino abrir perspectivas de existencia que la comodidad no permite ver. Como siempre, descubrir y comprender tesoros, exige esfuerzos, unos esfuerzos que la actual ¿cultura? ha eliminado de la educación.

Ligeti, Messiaen y la música que no pretende ser “bonita”

El siglo XX produjo también, al margen de la industria cultural, músicos que heredaron esa tradición de profundidad existencial sin renunciar al lenguaje contemporáneo. György Ligeti (1923-2006) es uno de ellos. Su Requiem es una masa coral micropolifónica que no “suena bien” en ningún sentido convencional. Las voces se mueven independientemente, creando una textura que produce una sensación de enormidad y de misterio que ninguna armonía tonal podría alcanzar. No es música para tararear. Es música para quedarse en silencio después, pero impresiona sin necesidad de ser musicólogo.

Olivier Messiaen (1908-1992) es el caso quizás más radical y luminoso. Un compositor profundamente católico que pasó su vida entera intentando transcribir en música la teología, el canto franciscano de los pájaros y la experiencia mística. Su Banquet Céleste (El banquete celestial) es una meditación para órgano sobre la Eucaristía, de una lentitud casi insoportable para el oyente impaciente y de una luminosidad interior que solo se abre a quien está dispuesto a escuchar sin prisa. Messiaen no trataba de ser moderno ni antiguo. Trataba de describir lo que ninguna palabra teológica puede: el instante en que lo humano toca lo divino.

Aquí es importante no caer en una trampa fácil. La sofisticación técnica no garantiza profundidad. Para componer, tocar y escuchar música es más importante haber aprendido a escuchar más allá de las evidencias que dominar el oficio. Glenn Gould lo ilustra en su pieza de magistral humor musical So you want to write a Fugue, una fuga coral impecable, con asonancias bachianas, técnicamente irreprochable, pero pura pretensión vacía. El virtuosismo sin alma es banalidad disfrazada de complejidad. Gould pasó décadas como intérprete antes de atreverse a componer, convencido de que primero había que aprender a escuchar de verdad. Murió a los 50, justo después de anunciar que por fin empezaría a hacerlo. Hay un biopic sobre él en Filmin, muy recomendable.

Mozart, Don Giovanni y ‘las últimas cosas’

Mozart nunca dejó de ser un compositor comercial que vivía de encargos. Pero hacia el final de su vida pasa de ser un compositor de divertimentos geniales a descubrirnos los dobles fondos de la existencia. Paradigmático es el final de la ópera Don Giovanni; se coló algo que no era para el público de pago. La escena del diálogo de Don Juan con la estatua del Comendador es una música que anticipa la atonalidad del siglo XX, armónicamente desestabilizadora, densa, era demasiado para el empresario teatral, quien obligó a Mozart a añadir un final casi paródico de “buena vibra” para calmar al respetable público. Lo que quedó como eterno es el desafío. Don Giovanni que se niega a arrepentirse ante la muerte. El hombre moderno, prometeico y amoral, que mantiene su soberbia hasta el final mientras su siervo Leporello lo observa desde la distancia con su cobardía bufonesca. Dos arquetipos que siguen actuales.

La industria cultural y la libertad que no tiene precio

Otras grandes culturas también han creado músicas sublimes: la china, la hindú, la persa. Yo conozco la europea (ahí incluyo las Américas), profundamente arraigada en la cultura cristiana. No me atrevería a hablar de aquellas cuando ya me cuesta hacerlo de la nuestra. Pero, a pesar de los intentos de aislacionismo cultural, la globalización capitalista ha convertido la occidentalización cultural en un fenómeno irreversible.

El deterioro de la cultura musical en el siglo XX no fue accidental. Las élites del capital transnacional financiaron activamente una teoría crítica desconectada tanto del marxismo clásico como de la tradición humanista cristiana, con el objetivo de convertir Europa en apéndice cultural de Estados Unidos y cambiar el enfoque de la justicia social mayoritaria, un microcosmos polarizante de numerosos grupos en lucha entre sí y por tanto sin referencias absolutas y fácilmente dominables. La industria discográfica hizo el resto; redujo la música a producto de consumo, fabricó artistas desechables y formó oyentes pasivos incapaces de escuchar activamente. Hoy los algoritmos de Spotify y YouTube son los nuevos editores de partituras. Deciden qué se escucha, cuánto tiempo se aguanta antes de pasar a la siguiente canción, qué emociones se activan. El “ayuno de los ojos” que practica el arte cristiano ortodoxo —la disciplina de no saturar los sentidos para que puedan recibir lo esencial a la que el hermano mayor de Bach daba tanta importancia— es la respuesta exactamente contraria a la que propone la actual economía de la atención.

La pionera del rock femenino Janis Joplin murió a los 27 años, explotada por la industria y destruida por la droga. Dejó una frase que vale más que muchos tratados: Freedom is just another word for nothing else to lose (Libertad no es más que otra forma de decir que ya no tienes nada que perder). La música absoluta —Bach, el Beethoven tardío, Gesualdo, Messiaen, Ligeti y otros que añadiré a una lista de reproducción comentada— es libre precisamente porque nadie sabe bien cómo monetizarla del todo, no impone nada, es amoral sin negar el Absoluto. No es escuchable en treinta segundos, no “engancha” con técnicas fáciles de desenmascarar, como la música de consumo. Su inutilidad comercial es su reducto de libertad.

Y en esa libertad hay algo más que resistencia cultural. La música que apunta a la trascendencia —que hace que incluso el no creyente sienta algo del “más allá”— no nos ofrece una espiritualidad desencarnada ni un consuelo privado. La tradición que va de Buxtehude a Bach, de Gesualdo a Schönberg o Messiaen, nació en iglesias comprometidas con los pobres, en comunidades que cantaban juntas, en culturas donde la belleza no era privilegio sino connatural con buscar lo bueno, lo bello y lo verdadero. Esa música no nos aleja del mundo; nos recuerda por qué vale la pena construirlo mejor a partir de la esperanza que trasluce desde los cantos de los ángeles o como lo puedan nombrar las diferentes culturas.

DELCY, LA FUERZA ARMADA Y SUS DELITOS CON OCASIÓN DEL TERREMOTO

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El ‘socialismo del siglo XXI’ ha destruido de tal manera la institucionalidad castrense en Venezuela, que en la práctica carecemos de Fuerza Armada Nacional (FAN). Esta institución, cuyo componente Ejército fuera otrora muy merecedor de su lema (“Forjador de libertades”), hoy no es más que un colectivo de hombres y mujeres al servicio de una parcialidad política; y más grave aún: al servicio de una parcialidad política que ha robado todas las libertades al pueblo venezolano: ese mismo pueblo del que ellos forman parte y con respecto al cual tienen deber constitucional y moral de proteger.

Por Jonathan A. García Nieves

Para llegar a estos lodos, muchos fueron los polvos generados y hábilmente mezclados por el chavismo. En veintisiete años de dictadura liberticida y extintora de la constitucionalidad, el régimen fundado por Hugo Chávez armó su militancia partidista (convirtió a sus militantes en milicianos), institucionalizó esa milicia partidista (convirtió a sus milicianos en militares) y politizó a la oficialidad de la FAN (convirtió a los militares en militantes de su partido). Por ello, la FAN hoy no es más que un ejército de chavistas en uso y abuso de las armas de la República, una burda guardia pretoriana al servicio de los intereses más obscuros y contrarios al interés general de la nación venezolana.

Desde Hugo Chávez hasta Delcy Rodríguez, el chavismo, repitiendo hasta la saciedad su populista lema de “unión cívico-militar”, ha avanzado hacia una innecesaria, inconveniente e impertinente alteración en la institucionalidad de la FAN; teniendo como resultado su completa desnaturalización. La FAN dejó de ser un cuerpo militar esencialmente profesional al servicio de la Nación, para convertirse, primero, en una corporación de expendedores de verduras en mercados populares; pasando por repartidores de bombonas de gas y otras dádivas gubernamentales, así como gestores de todo tipo de servicios públicos -todo esto en tiempos pasados un tanto menos desastrosos-y, finalmente, terminar siendo no más que una privilegiada casta de sujetos armados, cuyas actuaciones, con total impudicia, no atienden a valores cívicos ni militares.

Hace décadas que este colectivo de hombres y mujeres, más reconocibles en la actualidad por su talante incívico y antidemocrático que por su uniforme, se encuentra divorciado de la nación a la que ha jurado servir; pero, además, ha perdido toda operatividad. La FAN está tan destruida que no tiene capacidad ni siquiera para garantizar la protección personal de los capos del régimen; prueba de lo cual es su absoluta inoperancia ante la entrada y actuación de tropas norteamericanas en suelo venezolano para capturar a Nicolás Maduro. Quizás sea esto lo único favorable al pueblo venezolano en el estado actual de la FAN.

Desde abril de 2002, son muchas las tropelías y desmanes del alto mando militar contra los derechos humanos y la institucionalidad republicana y democrática en nuestro país, En todo este tiempo, la FAN no ha hecho más que restaurar tiranías legítimamente derrocadas por el pueblo, consentir fraudes electorales, apuntalar dictadores y usurpadores del poder, reprimir bestialmente al pueblo, desproteger el territorio nacional ante la presencia de la guerrilla colombiana y grupos terroristas internacionales, permitir la ocupación del suelo patrio por militares cubanos; y también hacerse parte de multimillonarios negocios de diversa naturaleza: unos barnizados de formalidad, como la ‘Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas’; y otros absolutamente subterráneos pero ampliamente documentados y denunciados, como es el caso de la extracción y comercio ilegal de oro en el arco minero del Orinoco. Se trata de traición a la patria en dotas sus formas, maneras y manifestaciones; tanto por acción como por omisión; tanto por negligencia como por imprudencia e impericia; y también por dolo en casos como los de los generales Carvajal y Alcalá Cordones, ambos privados de libertad en cárceles norteamericanas.

Es tal la desintegración moral y operativa de la FAN a manos del chavismo, que en la actualidad su alto mando carece ya todo pudor al hacerse patente el grosero incumplimiento de sus funciones constitucionales más esenciales; funciones éstas entre las que destaca el garantizar la independencia y soberanía de la Nación mediante la defensa militar (artículo 328 de la Constitución). Esta primordial función ha sido manifiestamente incumplida por la FAN en las últimas décadas, ya que no ha opuesto la más mínima resistencia ante la intervención de potencias extranjeras. El caso de oficiales cubanos ejerciendo autoridad política y militar en Venezuela es absolutamente inexcusable; pero al menos -en su perversa visión de la realidad- el alto mando de la FAN había tenido como coartada el que se trataría de un ‘ejército amigo’ y que, por ello, no habrían tenido obligación de repelerlo. Pero en el caso de la presencia y acción militar estadounidense en enero de este año 2026, ya no tienen esa excusa, pues, desde esa misma visión distorsionada de la realidad, para ellos debería tratarse de un ‘ejército enemigo’ que habría violado nuestra soberanía para capturar al que -según su cerrazón moral- sería el ‘inocente y legítimo’ Presidente de la Nación. A estas alturas, resulta innegable que la FAN no protege nuestras fronteras ni levanta un arma -así sea descargada- contra ejercito extranjero alguno. La FAN sólo luce estar dispuesta a usar las armas contra el pueblo indefenso en las calles.

Pero en esta oportunidad, nos enfocaremos en su último acto de deprecio por sus misiones institucionales, concretamente en su desempeño con ocasión de la catástrofe sufrida por el pueblo venezolano a causa del llamado ‘doblete sísmico’ ocurrido este pasado 24 de junio. De manera criminosa, bajo las órdenes del alto mando militar y la suprema autoridad de Delcy Rodríguez como su Comandante en Jefe, la FAN, una vez más, ha hecho lo que no debe hacer y ha dejado de hacer aquello a lo que está constitucional y legalmente obligada. Constituye hecho notorio comunicacional el que la FAN ha sido omisa con respecto a sus funciones de socorro a las víctimas de este desastre natural y, al mismo tiempo, ha frustrado la intención de auxilio por parte de socorristas e instituciones organizadas, tanto venezolanas como extranjeras. Los hechos están allí, han sido observados por el mundo entero a través de múltiples medios de comunicación. En redes sociales circulan miles de videos; todos los cuales dejan incontrovertible evidencia para la posteridad: la FAN chavista cuando no hace directamente el mal al pueblo, se dedica a evitar que se le haga el bien. Un ejército extranjero no habría sido tan enemigo del pueblo venezolano como lo ha estado siendo la FAN chavista en estas décadas.

Esta desdibujada institución, ahora comandada por Delcy Rodríguez -porque, aunque bajo usurpación, ella hace las veces de Presidente interina de Venezuela- ha faltado a la Constitución y la Ley. De conformidad con nuestra Carta Magna (artículo 328), otra de sus más esenciales funciones es la de cooperar en el mantenimiento del orden interno, así como en el desarrollo nacional. Su desempeño con ocasión de esta catástrofe natural ha sido absolutamente negligente en este sentido.  La  FAN  ni  ha  mantenido  el  orden público -porque, antes bien, lo que ha generado es perturbación y escándalo- ni está colaborando en la recuperación del desarrollo después del este devastador evento.  Todo lo contrario: los militares chavistas han estado frustrando mediante subterfugios -y prohibiendo abiertamente en algunos casos- la participación del pueblo en las labores de rescate de nuestros hermanos damnificados por los terremotos. Con ello, ha vulnerado el artículo 55 de la Constitución, el cual establece, en primer término, que toda persona tiene derecho a la protección por parte del FAN como órgano estatal de seguridad ciudadana, en caso de situaciones que constituyan amenaza, vulnerabilidad o riesgo para: a) su integridad física; b) sus propiedades; y c) el disfrute de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes; y, en segundo término, que la ciudadanía tiene derecho a  participar en la prevención, seguridad y administración de emergencias.

Es de resaltar que la participación popular en procura de socorrer a las víctimas de esta y toda otra catástrofe, además de ser un derecho natural (libre desenvolvimiento de la personalidad), una obligación moral  (“Amarás al prójimo como a ti mismo”) y expresión genuina de nuestra naturaleza humana (carácter social del hombre, instinto de supervivencia de la especie), encuentra fundamento jurídico-positivo en el artículo 326 de la Constitución, el cual establece que la seguridad de la Nación se fundamenta en la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil, esto es, en la actuación conjunta de la autoridad y la ciudadanía; ello con el fin de dar cumplimiento -entre otros principios- a los de solidaridad y afirmación de los derechos humanos, así como en la satisfacción progresiva de las necesidades individuales y colectivas de los venezolanos en distintos ámbitos; lo cual -a todas luces- se acrecienta en situaciones de catástrofes naturales y calamidades generalizadas como la que hoy sufre el pueblo venezolano.

Todo esto se agrava en la medida en que estos sujetos uniformados (los agentes de la FAN) al mismo tiempo que han intentado frustrar las espontáneas y nobles acciones de socorro por parte de la ciudadanía, han omitido cumplir sus propias funciones (labores de rescate y protección civil). Las redes sociales y los noticiarios a nivel mundial se han hecho eco de semejante aberración humana e institucional: la FAN no ha respondido al clamor de socorro por parte del pueblo venezolano. Esto no es más que la negación de su ser y deber-ser institucional. Este torpe e inmoral desempeño ante nuestra dolorosa tragedia nacional, además de ser una clara omisión de su función constitucional, representa una manifiesta violación de Ley, ya que el instrumento legal que hoy le rige (la Ley constitucional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana), en su artículo 6, establece que ésta tiene entre otras funciones el “Contribuir con los distintos niveles y ramas del Poder Público en la ejecución de tareas vinculadas a los diferentes ámbitos de la Seguridad de la Nación y en operaciones de apoyo al sistema de protección civil en situaciones de desastres en el marco de los planes correspondientes”; así como “Participar y cooperar en las actividades de búsqueda y salvamento; y apoyar en casos de emergencia por estado de alarma debido a catástrofes y calamidades públicas”.

Este infame comportamiento del alto mando militar y su usurpadora Comandante en Jefe (Delcy Rodríguez) tiene repercusiones jurídicas de orden penal, tanto para ellos como para los oficiales subalternos. En su artículo 206, el Código Penal venezolano establece como hecho punible el que un funcionario público -civil o militar-, bajo cualquier pretexto, aunque fuere el del silencio, oscuridad, contradicción o insuficiencia de la Ley, omita o rehúse cumplir algún acto de su ministerio. Asimismo, el Código Orgánico de Justicia Militar establece sanción penal para los militares que: a) se negaren u obstaculizaren la asistencia de los heridos o enfermos (artículo 474); b) abandonen el comando o funciones que le hayan sido confiadas (artículo 534); y c) sin causa justificada, fueren negligentes en el cumplimiento de los deberes generales correspondientes a su jerarquía o cargo (artículo 538).

En un verdadero Estado constitucional, la Presidente encargada -hoy más usurpadora que nunca, por haberse excedido en el tiempo constitucionalmente previsto para su interinato- debería destituir al alto mando militar, ya que la Carta Magna (artículo 236), entre otras atribuciones, le obliga a cumplir y hacer cumplir la Constitución y la Ley; teniendo poder para remover al Ministro de la Defensa, y para dirigir y ejercer el mando supremo de la Fuerza Armada Nacional. De modo que Delcy es la primera responsable por esta infame actuación de la FAN en la gestión de estos desastres naturales (el ‘doblete sísmico’). Pero no lo hará, ya que ella es la principal responsable, dado que su Presidencia interina -por usurpadora que sea- comporta para ella competencias en virtud de las cuales ha debido ordenar a la FAN el socorro inmediato de la población.

Si en Venezuela hubiera Estado de Derecho, el Tribunal Supremo, conforme al artículo 266 de la Constitución, debería declarar mérito para el enjuiciamiento de la Presidente interina/usurpadora, así como del Ministro de la Defensa y los miembros del alto mando militar. Si en Venezuela hubiera Estado de Derecho, con base en los artículos 281 y 285, eiusdem, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio público deberían proceder en consecuencia. Pero, no somos ilusos, sabemos que no lo harán porque estas instituciones son también parte de este mal generalizado que ha secuestrado las instituciones de la República.

Nunca nos cansaremos de dejar constancia del grado de anomia, inmoralidad y antijuridicidad del régimen chavista. Sus crímenes son incontables y cada vez más graves. Los venezolanos, dentro y fuera del país, seguimos luchando contra la tiranía chavista, cada uno según sus capacidades y posibilidades. Y ahora, por si fuera poco, tenemos un reto mayor; porque a la malignidad chavista se le suma su novísima, ignominiosa y contranatural alianza con Donald Trump: un presidente que -al menos en el caso venezolano- sólo responde a intereses economicistas en beneficio de su nación (“America first”). Pero este último episodio del chavismo (el prostibulario contubernium que mantienen con Trump), tanto o más vergonzoso para el pueblo de los Estado Unidos de América, lo relataremos en otra oportunidad.

“Porque ellos [los malvados] no duermen si no hacen el mal; pierden el sueño si no hacen caer a alguien”. (Prov. 4:16).

@JGarciaNieves

Comunicado de apoyo a Monseñor Luis Argüello, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, y defensa de la libertad de expresión y la regeneración ética.

Comunicado de apoyo a Monseñor Luis Argüello, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, y defensa de la libertad de expresión y la regeneración ética.

A LA ATENCIÓN DEL GOBIERNO DE ESPAÑA

Por medio de la presente comunicación nos dirigimos al Gobierno de España con absoluta firmeza, para manifestar nuestro más enérgico respaldo a Monseñor Luis Argüello, Presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, ante la campaña de ataques y críticas desmedidas de la que está siendo objeto a raíz de sus recientes declaraciones públicas.

Monseñor Luis Argüello clausuró el pasado 9 de julio de 2026 en la Fundación Pablo VI, el curso titulado «El colapso de la democracia». Durante su discurso, Argüello rescató una célebre reflexión de San Agustín (también utilizada en su día por Benedicto XVI) para advertir sobre la pérdida de valores morales en las instituciones, señalando que «cuando un Estado olvida la ética, se convierte en una banda de ladrones, a las pruebas me remito».

Las palabras de Monseñor Argüello, en las que señalaba la necesidad imperativa de contar con un Estado libre de corrupción y unas instituciones transparentes, no solo son legítimas, sino que apelan a un principio ético universal que comparte la inmensa mayoría de la ciudadanía española, independientemente de sus creencias o adscripción ideológica.

Consideramos profundamente preocupante que la legítima exigencia de ejemplaridad pública sea recibida con hostilidad institucional o reproches políticos. En una democracia madura y plural, se debe recordar lo siguiente:

La libertad de expresión e institución: La Iglesia Católica, al igual que cualquier otra institución de la sociedad, tiene el pleno derecho y el deber moral de pronunciarse sobre los principios éticos que sostienen la convivencia pacífica y el Bien Común.

La corrupción como mal común: La lucha contra la corrupción y la defensa de la limpieza en la gestión pública no son patrimonio de ninguna sigla política, sino un mandato constitucional y un pilar democrático básico. Recordar este principio moral no constituye una injerencia, sino un servicio a la verdad y a la salud democrática del país.

El valor del diálogo constructivo: La descalificación sistemática de las voces discrepantes o críticas debilita el tejido democrático. Monseñor Argüello ha ejercido su labor pastoral y civil desde el respeto, invitando a una reflexión necesaria sobre la regeneración moral que nuestra sociedad demanda.

Por todo ello, solicitamos al Gobierno de España que cese en las dinámicas de confrontación hacia el Presidente de la Conferencia Episcopal, y que reciba sus palabras no como un ataque, sino como lo que son: una llamada sincera a la responsabilidad, la honestidad y el compromiso ineludible con el bien común de todos los españoles.

Movimiento Cultural Cristiano

En Madrid, a 11 de julio de 2026.


FORMULARIO DE APOYO

«Deseo expresar mi apoyo a Monseñor D. Luis Argüello a través de este comunicado al Gobierno de España»

 

Una teoría crítica de la inteligencia artificial

En una entrevista realizada por la UOC, el filósofo Daniel Innerarity reflexiona sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en la sociedad y la política a raíz de su libro Una teoría crítica de la inteligencia artificial.

A grandes rasgos, podemos extraer cinco ideas de sus reflexiones en esta entrevista:

El «sentido común» como la frontera insalvable de la IA

La gran diferencia entre la mente humana y la artificial radica en el sentido común. Innerarity lo define como la capacidad de interpretar el contexto, adaptarse a situaciones imprevistas y saber manejarse con información incompleta. Mientras que los humanos rellenamos esos huecos de forma natural, las máquinas son incapaces de entender el contexto si no se les introduce toda la información de manera explícita.

El peligro de la «democracia de las recomendaciones»

El filósofo nos alerta sobre la tentación de sustituir los procesos políticos tradicionales por lo que llama la «democracia de las recomendaciones». Este modelo pretende utilizar algoritmos (al estilo de Amazon o Netflix) para deducir qué quiere la ciudadanía a través de sus huellas digitales, bajo la premisa de que así se gobernaría mejor que con urnas o debates públicos. Innerarity rechaza esto tajantemente: la política no consiste en acumular los deseos implícitos de un consumidor, sino en escuchar la voluntad explícita de los ciudadanos.

Nota: La democracia de las recomendaciones es un modelo hipotético o «reco-cracia» donde las preferencias ciudadanas no se expresan mediante votaciones tradicionales, sino que son deducidas implícitamente por algoritmos e inteligencia artificial a partir de nuestra huella digital (historial de navegación, redes sociales y consumo)

Navegamos en medio de una «opacidad radical». No valen meros parches éticos.

La automatización actual de la política a través de la gobernanza algorítmica introduce un nivel de opacidad preocupante. A diferencia de un burócrata tradicional (a quien se le podían exigir explicaciones), los sistemas de IA toman decisiones basadas en lógicas tan complejas que ni las propias máquinas pueden explicar el porqué de su resultado. Por ello, defiende que no bastan simples «parches éticos», sino que es necesaria una fiscalización y regulación política activa sobre el ciclo de vida de estas tecnologías.

Un «ansiolítico» contra la histeria digital

Innerarity acuña el término «histeria digital» para describir el pánico generalizado y las expectativas desmesuradas que genera la tecnología actual. El autor llega a plantear su libro como un «tranquilizante o ansiolítico» conceptual: si nos paramos a definir y entender correctamente conceptos como inteligencia, control, transparencia o democracia, reduciremos esos temores infundados y calibraremos mejor lo que la IA de verdad puede (y no puede) hacer.

La crisis de resultados vs. procedimientos democráticos

Existe una fuerte presión social que valora la política únicamente por su eficacia y resultados (lo que lleva a algunos, advierte, a mirar con buenos ojos el «modelo autoritario chino»). Frente a esto, el filósofo recuerda que la democracia es una ventaja epistémica y un método para corregir la falibilidad humana. Sin embargo, deja un recado al sistema político: si las instituciones democráticas no son capaces de resolver problemas reales como la desigualdad, la ciudadanía terminará abrazando soluciones tecnocráticas o autoritarias a cambio de resultados inmediatos.

El capitalismo después de 2008

Carta a solidaridad.net. Por Jose Antonio Barra Martínez

Alguna vez hemos hablado aquí del neoliberalismo, que es la forma que ha adoptado el capitalismo desde la crisis del petróleo de los años setenta hasta la crisis del 2008. Una de sus principales características ha sido la liberalización de los mercados, tanto de mercancías como financieros, muy especialmente de los segundos, liberalización que constituye la base de la mal llamada “globalización”.

Lo de “mal llamada” lo digo plenamente consciente de su significado. En Nicaragua el arroz cuesta lo mismo que en España, mientras que el salario habitual de un peón es de unos 130 dólares. Sin muchas cavilaciones saco la conclusión de que el precio del arroz está globalizado, pero el jornal del pobre peón no. Permításeme aquí un pequeño paréntesis. Recuerdo a una mujer, en Nicaragua, que me explicaba que su salario le daba para arroz y frijoles, y que si quería comprar un cuaderno para sus hijos tenía que quitarse arroz de su plato. También en una biblioteca una profesora nos explicaba que no necesitaban muchos libros de consulta, sino los propios libros de texto de las escuelas repetidos muchas veces porque ningún niño podía comprarlos. ¡Y mesas!, mesas y sillas de las que ninguna casa disponía para que los niños pudieran sentarse a hacer los deberes. Y es que allí las casas son cuatro paredes de adobes amasados con agujas de pino a falta de paja, si hay suerte un techo de cinz, y suelo de tierra: ahora, chaval, tira y estudia. ¡Y sin embargo la gente luchaba por la vida!! Un día que celebrábamos algo, compramos unas piñas para comérnoslas con los chiquillos de un albergue que administraba la parroquia de Ocotal. Sí, si, la parroquia. Toñita, una niña de unos diez años digna de una fotografía de Hugo Brehme, llegó algo tarde; me dirigí a ella con un plato lleno de piña. Al verlo, sin atreverse a tocarlo, dijo: ¡ala, es usted rico!

Pero retomemos el hilo. ¿Qué ha sido del neoliberalismo después del 2008? Pues bien, según algunos economistas, como por ejemplo Arnaud Orain, el capitalismo se ha topado con la escasez de recursos del planeta y se ha revuelto sobre sí mismo como gato acorralado, dando lugar a lo que se suele llamar “capitalismo de la finitud”, que consiste básicamente en un retroceso de la gobernanza multilateral  del mundo emanada de organismos como la ONU, mientras que avanza elproteccionismo nacionalista defendiendo lo propio frente al resto del mundo: empresas propias, mercados propios donde abastacerse, mercados propios donde vender, aranceles en las fronteras, … Podríamos hablar de una suerte de liberalismo nacionalista que solo es liberal de fronteras para adentro. Esto ya ocurrió hace tiempo con el mercantilismo de los siglos XVI y XVII, o durante el periodo imperialista desarrollado entre 1880 y 1945. Un nacionalismo, además, apoyado por el poder militar. Ni más ni menos que lo que estamos viendo desde hace algunos años en las noticias de los telediarios. Trump y todos los que son como él no son los causantes de esto, son solo una consecuencia, ya que, en mi opinión, nadie medra en ningún contexto si no es de alguna manera emanación y fruto de ese contexto.

Hay otra palabra que se suele aplicar también al capitalismo actual, “tecnofeudalismo”, con la que se hace referencia a los nuevos ricos propietarios de las grandes industrias tecnológicas que, ahítos de todo, insaciables, ansían ahora acceder al poder político. Recuerdan de alguna manera a los señores feudales. Pienso que la comparación es incorrecta, ya que el feudalismo fue un sistema social forzado por la necesidad de supervivencia y, de alguna manera, fue un “camino de salida”. Lo de los tecnofeudales de hoy no es camino de nada ni necesidad surgida de nada.

Las alternativas no están nada claras. Una posibilidad es mantenerse al margen de los renovados imperialismos nacionalistas depredadores, pero eso exigiría una austeridad que poca gente va a aceptar. Recuerdo una conferencia de un economista en la sede de la UNED de Calatayud en la que no hubo manera de hacer preguntas. Y fíjate tú que al salir coincidimos el ponente y yo ¡en el cuarto de baño!!. Y voy y aprovecho, y le pregunto sobre las posibilidades de que el mundo asuma el crecimiento cero e incluso el decrecimiento; aquel hombre contestó sin rodeos: “eso no hay político que se atreva a proponerlo, ni sociedad que lo consienta”. Así que mal vamos.

La realidad, desde luego es muy compleja. Esto que cuento son solo vientos que soplan y que, junto a otros muchos vientos, irán dando forma a un futuro que desconocemos y que ojalá nos sorprenda para bien.

Me queda añadir algo que oí a una monja misionera en un encuentro en el Monasterio de la Resurrección, un enclave de paz abierto al mundo en el centro de Zaragoza, en la calle Don Teobaldo, cerquita del Puente de Hierro, con hospedería. Aquella monja dijo, más o menos, “a ver si se lo llevan ya todo y podemos empezar a vivir”.

Me quedo pensando que los que manejan los hilos hacen lo que les da la gana; que nosotros, tú y yo, somos la “sociedad” que, según aquel ponente de Calatayud, no va a consentir el decrecimiento; y que Toñita llevaba razón cuando me decía, con una clarividencia atroz, que soy rico.

Tortuera, 2 de julio de 2026

José Antonio Barra Martínez

jbarra22@yahoo.es

Operación Dudula en Sudáfrica: Crece la dinámica de pobres contra pobres

imagen-redes sociales

La llaman Operación Dudula. Los inicios de «Dudula» se remontan al periodo poco después de que terminara el gobierno de la minoría blanca en 1994. Se autodenominan un «movimiento cívico» basado en una plataforma antiinmigrantes, con la palabra «dudula» que significa «forzar a salir» en zulú. Soweto, localidad donde nació este movimiento, estuvo a la vanguardia de la resistencia contra el apartheid y fue el hogar de Nelson Mandela, el primer presidente elegido democráticamente de Sudáfrica. Ahora, el municipio se ha convertido en el hogar del grupo antiinmigrantes más destacado del país. Dado que uno de cada tres sudafricanos está desempleado en una de las sociedades más desiguales del mundo, los extranjeros en general se han convertido en un blanco fácil.

El grupo antiinmigrantes sudafricano Operación Dudula se ha hecho famoso por asaltar negocios pertenecientes a ciudadanos extranjeros y obligar a cerrar tiendas.

Las manifestaciones, que han tenido lugar a finales de junio en Johannesburgo, Pretoria, Durban, Ciudad del Cabo y otros centros urbanos piden la expulsión inmediata de los inmigrantes. Aunque las manifestaciones sean pacíficas, grupos de inmigrantes han buscado refugio incluso en comisarías de policía para protegerse de posibles agresiones. Aunque la víspera (día 29 de junio) de las protestas la policía había anunciado que detendría a cualquier manifestante que portara armas, en los vídeos difundidos en las redes sociales pueden verse personas marchando con palos y armas blancas.

 

Sudáfrica es un receptor tradicional de migrantes empobrecidos de media África. Es una potencia continental favorecida por un capitalismo anglo que se ha aprovechado de la mano de obra barata para impulsar su economía.  En Sudáfrica se sitúa gran parte de la industria transformadora de los recursos minerales africanos.

La procedencia de los migrantes son países expoliados internacionalmente, a los que se les ha privado de todo, e incluso, se les ha impuesto una guerra.

La Iglesia Católica se posiciona

En los días previos, mons. Sithembele Anton Sipuka, arzobispo de Ciudad del Cabo y presidente del South African Council of Churches (SACC), había lanzado un llamamiento al diálogo para afrontar la ola de xenofobia que desde hace semanas tiene como objetivo a las comunidades extranjeras presentes en el país. El 24 de junio, también el presidente de la Comisión Episcopal de «Justicia y Paz», mons. Thulani Victor Mbuyisa, obispo de Kokstad, había invitado a la calma ante la jornada de hoy.

«Ante la proximidad del plazo del 30 de junio para la expulsión de todos los extranjeros indocumentados de Sudáfrica, hacemos un llamamiento a la calma y exhortamos a todos los participantes en las protestas contra la inmigración a abstenerse de cualquier forma de violencia contra los ciudadanos extranjeros y a respetar y defender el Estado de derecho», ha declarado mons. Mbuyisa.

El movimiento contrario a la inmigración se ha fortalecido a medida que aumentaban las tensiones en el mercado laboral, en un contexto marcado por un elevado desempleo y altos índices de criminalidad. Los inmigrantes son señalados cada vez con mayor frecuencia como responsables de las dificultades que afectan a la población sudafricana, especialmente a los sectores más pobres y marginados de la sociedad.

Desde hace semanas, miles de migrantes han abandonado el país o han sido repatriados por temor a actos de violencia y disturbios. Según estimaciones de los servicios de inteligencia sudafricanos, en las últimas semanas se han registrado más de 25.000 repatriaciones. Precisamente hoy está previsto el paso, a través del puesto fronterizo de Beitbridge, en Musina, provincia de Limpopo, de más de 150 autobuses con migrantes procedentes de Malaui, Zimbabue y Zambia.

Through music… towards the common good.

In this issue of “Autogestión”, we explore music and song—not merely as forms of artistic expression, but as a Good, and above all, as a Common Good. The contributors to this edition approach music as an end in itself, with no ambition other than to lend the greatest possible intensity to a moment of silence. Yet the music that is truly destined to become a common good does conceal a purpose: it compels us to listen to that silence. A silence that rises above the clamour of commerce, power, violence and war. We speak of music at a time when the whole world seems to be turning into a noisy marketplace, where everything is treated as a commodity.

The power of the mighty is loud and deafening, demanding our attention at every turn. Capitalism has little regard for silence. The more fervently it worships productivity, the more it gives rise to the noise of weapons. Noise appears to multiply capital—or perhaps capital makes noise in order to multiply itself. Silence produces nothing. The music we wish to honour becomes goodness and beauty precisely because it emerges from silence and ultimately returns to it. Let us not misunderstand the silence we speak of. It is not the silence that comes from suppressing reality, nor from indifference, cowardice or an elitist withdrawal from the world. It is the silence that descends when exhaustion from work overcomes us; when anguish leaves us speechless; when suffering, wounds and pain can no longer be expressed, not even in cries; when joy, hope and deep emotion overflow every word. If music does not lift us beyond ourselves—if it does not spring from the silence of human brokenness—it cannot descend again transformed into fire. The descent of silence through great music becomes love. As the violinist Daniel Lozakovich tells us in this issue: “Music is not simply entertainment, something we attend and then move on from. It is a mystery—a mystery of our existence, but also a gateway to another world and a form of healing.” We shall also reflect, albeit with due humility, on song and on those songs that are born when silence is no longer possible and we are compelled to ‘sing reality’. For indeed, as the old song reminds us: “If the singer falls silent… life itself falls silent.” We shall speak of lyrics that call upon music—and upon our whole being—to carry the human voice beyond itself, until our shared humanity overflows.

There is no culture in which music is not one of its most distinctive expressions. Few things explain our lives as profoundly as music and song; above all, they reveal the collective experience of a people. If we wish to understand the true history of nations, there is no more eloquent source than their folk songs. Many of these compositions cannot be attributed to a single author, because they are often born collectively and continually reshaped by the lived experience of those who sing them together. At other times, the songbook of a people is enriched by individuals whose extraordinary creative gifts emerge from within the community itself. Nor has there ever been a social or political movement that has dispensed with music and song as a means of forging emotional bonds, strengthening collective identity, and expressing a shared vision or ideology. Music has undeniably been used for propaganda, and political power has repeatedly appropriated it for its own ends. This dimension of music also offers a lens through which to examine the changing dynamics of power throughout history. Yet the defining feature of our own age, as we noted at the outset, is the immense effort and investment devoted to transforming music and song—not into a Good, and certainly not into a Common Good—but into market products, commodities to be consumed and fetishised.

Commercial music then becomes little more than noise: a profitable industry that distracts us from the beauty that transcends us, redeems us, and helps us become better human beings. The beauty of music as a Common Good can never be separated from truth or justice. For this reason, this issue of *Autogestión* offers an initial reflection on how music and song can also help us build solidarity and strengthen political community. 1. From a song sung among poor communities in Central America, whose chorus reads: “I cannot remain silent; I cannot pass by indifferent to the suffering of so many people. I cannot remain silent—I have to sing the truth of reality.”

La música clásica también es para ti

Siempre me ha producido una tremenda alegría invitar a alguien a un concierto de música clásica al que nunca antes había tenido la oportunidad de ir. Su sensación suele ser una mezcla de incertidumbre, de no saber a lo que van, e incluso de prejuicio por pensar que no les va a gustar o que no es para ellos, porque creen que no lo van a entender… pero la sorpresa llega al recogerles a la salida del concierto. Y ahí es cuando la alegría es máxima, al ver sus caras sonrientes y comentarios de asombro por todo lo que han visto y oído durante su experiencia en la sala del Auditorio o el Teatro, de esa música que intuían que no les iba a gustar, que les iría a aburrir y que, de repente, ha sido una experiencia totalmente nueva, un descubrimiento en todos los sentidos. Y en ese momento es cuando se abre una puerta hacia un mundo inmenso, rico y maravilloso, el de lo que hemos quedado en llamar «música clásica».

Por Sara Galán, músico. Escrito para la Revista Autogestión

¿Y a qué nos referimos con ese término? ¿Qué tipo de música es esa?

Para empezar, la música es un arte efímero, se crea y se desenvuelve en el tiempo, y el tiempo conforma la historia, nuestra historia. La música clásica (aunque algunos la llaman «culta», ya que es más elaborada y requiere de más atención en contraposición a la «popular», más sencilla) por tanto es aquella que ha sido creada, compuesta, escrita, interpretada y, añadiría, escuchada durante muchos siglos.

Los historiadores de la música han puesto una fecha de inicio de lo que conocemos con este término: la considerada primera ópera, L’Orfeo, de Claudio Monteverdi, compuesta en el año 1607. Lo anterior a esta fecha se le suele llamar «música antigua», aunque esta época requeriría de otro extenso artículo, ya que es una música también muy rica y abundante.

Pues bien, estamos hablando de que desde ese año 1607, siglo XVII, hasta hoy mismo hablamos de música clásica, es decir, cuatro siglos más un cuarto de lo que llevamos vivido en el siglo XXI actual. Imagínense la cantidad de música que se ha escrito desde aquel entonces…

Para poder distinguir la música creada durante ese largo tiempo histórico, se ha dividido por épocas, como en las otras artes (aun con algunas diferencias), según los cambios en la forma de componer, el uso de los diversos (y cambiantes) instrumentos y la voz.

Es importante saber que dentro de la enorme cantidad de obras que existen, cada una tiene su peculiaridad en cuanto al uso que cada compositor le da a los instrumentistas y cantantes que vaya a necesitar para transmitir lo que desea. Esto se podría dividir más o menos en las siguientes categorías o géneros: la música sacra o religiosa (iglesias), la ópera o zarzuela (teatros), sinfónica orquestal con instrumentos (auditorios), a solo o música de cámara (grupos reducidos en salas más pequeñas) y música coral (cantantes).

Volviendo a la división por épocas que hemos comentado antes, grosso modo cada una de estas épocas tiene una duración entre un siglo y un siglo y medio. Para no extenderme demasiado, tan solo quisiera nombrarlas: la primera de ellas es el Barroco, seguido del Clasicismo (que podría confundirse con la palabra «clásica» de la que venimos hablando), después vendría el Romanticismo, y ya cuando llegamos al convulso y moderno siglo XX hay muchas más subdivisiones, aunque el término genérico que se empezó a utilizar, y comúnmente se sigue utilizando, es el de música Contemporánea, cada vez más compleja, así como lo fueron y siguen siendo nuestros tiempos, sobre todo en cuanto al uso del lenguaje musical e instrumental a nivel sonoro.

Pero lo bonito también es darse cuenta de dónde y cómo se ha compuesto y se sigue componiendo esa música. Fíjense, Claudio Monteverdi era italiano, así como Antonio Vivaldi, Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini o Gioachino Rossini. Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven y Richard Wagner eran alemanes; Wolfgang Amadeus Mozart, Anton Bruckner y Gustav Mahler eran austríacos; Claude Debussy y Maurice Ravel eran franceses; Sergei Rachmaninov, Piotr Ilich Tchaikovsky y Dimitri Shostakovich eran rusos; Manuel de Falla, Isaac Albéniz y Enrique Granados eran españoles… y podríamos continuar enumerando una lista enorme de compositores y lugares, ya no solo europeos, además de tantísimos que actualmente siguen escribiendo música alrededor de todo el mundo.

¡Qué legado tan inmenso nos han dejado y nos siguen dejando! Y nosotros, los músicos intérpretes, tenemos el maravilloso trabajo de revivir cada vez sus obras para que puedan volver a ser escuchadas por el nuevo público de cada momento histórico.

¿No es maravilloso?

 

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